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«Me parece raro que defiendan valores contra el ser humano»

Durante toda la charla con Benito González García, finalista del premio Planeta con su libro ‘Barbarie’, que presenta este viernes 27 a las 20.00 horas en El Casino, vamos y venimos de Alemania a Salamanca y viceversa. Alemania, o más bien, esa zona del norte de Europa, de donde parten los protagonistas de ‘Barbarie’ para repoblar Europa allá por el 406 d. C. y de Salamanca a Alemania, porque fue su país de acogida siendo niño e hijo de emigrantes españoles en los años sesenta.
Por curiosidad, Benito. ¿Cómo es recibir una llamada en la que le dicen que es finalista del premio Planeta?
La primera noticia no me llegó de Planeta.

¿De verdad?
No. Me prejubilé en julio del año pasado y mis hijos me invitaron a ver a Genesis en Londres. El concierto iba a ser el 11 de octubre y el día 10 se suspende porque uno de los miembros dio positivo en Covid. La misma tarde del concierto, que no hubo, me llegó un mensaje de un amigo que decía: ¿Tu novela no se llamaba ‘Barbarie’?. Le contesto que sí y este amigo me dice que acaban de dar los 10 finalistas y tú estás ahí’. Dije, con perdón: ¡Hostias!

Sin perdón
(Risas)

Mis hijos me miraron como diciendo: ‘¡Qué le pasa a mi padre!’. Llamo a mi amigo y me dice que está firmada por un tal: El Arlequinado, que era mi seudónimo. Ese era el dato. Empezamos a dar saltos de alegría, abrazarnos,…

Como si estuvierais en el concierto de Genesis…
Mejor. (Carcajadas) A Genesis quizá lo vea en Barcelona este año, pero es muy difícil que se repita ser finalista del Planeta. Fue un momento maravilloso y el poder vivirlo con mis hijos fue… de los recuerdos más bonitos que tengo.

¿Cuándo lo llamaron de la editorial Planeta?
Al día siguiente. Me invitaron a la cena, a la gala,.. Cené cerca del rey.

No tuvo ni que pedir permiso en el trabajo para ir a la gala…
¡Estaba jubilado! (Risas) Me llegó todo junto con la jubilación. Estuvo muy bien. Quedé sexto. Según iba en el Ave, pensaba: ‘Y si…’ Luego no fue así, pero estás allí, sientes una satisfacción muy grande. Mi hijo estuvo conmigo y muy orgulloso. Eso valía más que cualquier otro premio. Lo que sí había pensando era el reparto del premio.(Risas)

¡Qué generoso!
Para los hijos.

Y Hacienda...
Sí. Me quedaría con lo que sobrara. (Carcajada)

Benito González García, autor de ‘Barbarie’, finalista del premio Planeta.

‘Barbarie’ quedó finalista en los premios Planeta y está escribiendo la tercera novela, después de ‘Tiempo de espinas’. ¿Responsabilidad o subidón?
Es una responsabilidad, pero el subidón lo tienes. Te agitan un poco el ego. Tenía la tercera empezada, ‘La sentencia’, ya iba por la página 300 y volví a repasarla, porque te entra una cierta responsabilidad. Disfruto escribiendo. Esa es mi pasión, luego lo que ocurra… Es como un hijo, lo lanzas a la vida y ellos tienen que buscarse el camino.

Usted comenzó escribiendo poesía, que es un cirujano de la palabra, y el novelista es casi todo lo contrario. ¿Cómo se da el salto?
Había escrito algunos relatos de unas 10 o 12 páginas y siempre pensaba que podían tener algo más de vida. Un día empecé a escribir sobre el año 1120, algo sobre doña Urraca,…

Con perdón: ¡Qué pereza!
Sí, exactamente (Risas). De hecho, cuando llevaba 50 o 60 páginas me dije: ‘Pero, Benito, si tu eres una persona de a píe, eres hijo de emigrantes… Tú no puedes contar historias de reinas, tienes que contar historias de gente pobre, humilde, personas que luchan por hacerse un hueco en la vida. Tiré todo aquello y empecé a escribir una novela cercana a mi entorno, a los que conozco.

Benito González García, autor de ‘Barbarie’, finalista del premio Planeta.

Hablemos de gente corriente. Hace 1616 años el Rin se heló y cambió la historia de Europa al entrar los ‘bárbaros’ en el imperio Romano, argumento de su ‘finalista’ . En la actualidad, ¿qué invasiones tenemos?
Estamos viviendo las invasiones que nos llegan, en el mejor de los sentidos, de África. Me parece terrible que las personas puedan morir en el Estrecho, en el Mediterráneo o en otras aguas. Que muera un ser humano así es una vergüenza en el siglo que estamos. Lo que está pasando en Ucrania va a generar un movimiento de personas que probablemente, muchos de ellos, cuando se acabe la guerra, no volverán a su casa.

Ya hay más de 100 millones de refugiados…
Va a costar recuperar estos países. No hemos avanzado nada. Lo que yo cuento en la historia de Barbarie, que ocurre hace 1616 años, a lo que está ocurriendo en estos años, nos tenía que hacer reflexionar que el ser humano no ha avanzado. No hemos sabido evolucionar hacia el prójimo. Miramos nuestro propio ombligo; trabajamos para nosotros o se cree trabajar para nosotros; cerramos fronteras y sin darnos cuenta que el ser humano es universal. Somos hijos de la Tierra. Tenemos que luchar por el que está al lado.

Se nos olvida…
Una de las cosas que intenté plasmar en ‘Tiempo de espinas’, mi primera novela, fue introducir tres religiones de aquel 1122: lo cátaros, los cristianos y los moros. En un momento determinado, los seguidores de las tres religiones se tienen que ayudar, independientemente de las creencias o forma de pensar sobre la vida, el ser humano está por encima de todo eso. Hoy en día, que hay medios, se tenía que trabajar, sobre todo por las personas pobres. Intentar solucionar sus problemas, no verlos morir o rescatarlos en el mar frío, desangelado,.. Muchas veces, Europa cierra los ojos y no quiere ver.

Benito. ¿Los bárbaros siempre vienen del norte?
No (rotundo) Los bárbaros, al menos lo que reflejo en el libro, eran pueblos campesinos, no eran bélicos, se hacen bélicos porque necesitan sobrevivir. Los bárbaros están en todos los lados. No hace falta ir a ningún sitio, los tenemos aquí, en España. Solo hay que ver, leer o escuchar las noticias que hablan de que una mujer ha muerto a manos de su pareja. Ese es un bárbaro. La palabra bárbaro está acuñada porque muestra el salvajísmo que se puede tener. En esta novela intento que la palabra bárbaro contenga un poco la necesidad de sobrevivir. Pensemos que cuando ellos cruzan el Rin, no se encuentran con el Mercadona, se encuentran con pueblos que los rechazan, que no les dejan tocar las cosechas,… Y ahí, la fuerza es la que gana, pero no por matar, sino por sobrevivir.

Benito González García, autor de ‘Barbarie’, finalista del premio Planeta.

¿Cómo ve Europa cuando están avanzando partidos que están en contra del ideal que se pensó después de una barbarie, la 2ª Guerra Mundial?
(Silencio) Las personas se están cerrando en sus núcleos, tierras,.. pensando que es solo de unos cuantos cuando se habla de patria, nación,… todos tenemos que sentirnos orgullosos de dónde venimos, pero eso no quiere decir que no tengamos que admitir o ayudar al prójimo. No sirve de nada que en la Iglesia te enseñen el amor al prójimo y resulta que hacemos todo lo posible por echarlos, por dejarlos morir, por abandonarlos. Hay que saber repartir la riqueza. Nos hemos vuelto una sociedad muy consumista y el poder económico es lo que impera e intenta mantener lejos de ti , lo que en un momento parece más pobre, más humillante. Intentas defenderte de ello. Este es un pensamiento que puede llevarnos a problemas. Estamos volviendo un poco al periodo de entreguerras.

¿Qué le aportó a usted Alemania cuando era niño?
Nosotros somos repobladores de Alemania en un momento determinado. Lo primero que me sorprendió fue la facilidad que tuve para ir al colegio, a los libros, que te los regalaban. Fui de aquí, que tenía la pizarra y el pizarrín, y llegué allí y lo primero que me dieron fue los libros. También el ir a clase con niñas. Sobre todo la fe en que los alemanes pueden parecer distantes o serios, pero son acogedores. Aprecian a la personas. No miran si eres español, portugués o venezolano, por decirte algo. Te enriquecen como persona y te hacen tener una visión de lo que es la vida y cómo te vas a hacer cuando seas adulto. Vas a entender que ser honesto, trabajador, honrado,… son valores importantes. Intentan que con tu trabajo seas buen profesional y que así aportes. Son conscientes de que el que está allí es una persona que va a ayudar.

Esa escala de valores que ha mencionado, ahora está muy devaluados…
No en todos los sectores, porque si fuera así, sería una ruina total. Lo que es más preocupante es que se abandonen por parte de los jóvenes. No han conocido nada del ayer. Nací en 1959, tampoco viví la postguerra, pero sí soy consciente de que las personas sufrieron y lo pasaron muy mal. Me parece extraño que defiendan valores que van en contra del ser humano.

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