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«Le podíamos meter mano al reguetón con lo que tenemos en Salamanca»

Agustín García Hernández, tamborilero de El Cabaco

Se dice que a alguien le van a sacar cantares, cuando se aparta de la norma. También se utiliza en el sentido literal para comentar un suceso en tono de burla y en verso ***. Con estas dos variantes, La Crónica de Salamanca, inicia una serie donde se pondrá en valor las canciones populares y el significado de las mismas. Va por delante: Las mujeres salimos muy mal paradas en sus letras.

Preguntamos a Agustín García Hernández, que nos ayudará a deshilvanar el significado de esos cantares, cómo quiere que lo identifiquemos y contesta: “Tamborilero del Cabaco, charro-serrano y amante de la tradición”.

Y, fueron judíos.
Solo nos ha quedado el bollo maimón. ¿Sabías que es de origen judío?

No.
Pues sí. La palabra maimón, no te suena a maimónides, como un antecedente. Dentro de lo que le permitían hacer y guisar a los judíos, era el bollo maimón, a base da harina, huevos y azúcar. No había nada de cerdo.

¿Hay alguna canción sobre el bollo maimón?
No. No la hay, pero hay una música que está muy relacionada, La Rosca. En algunos sitios lo llaman La Pica. La Rosca es un baile ceremonial, creo que es el único donde siempre manda el bailador y la bailadora. Es un baile donde tienen igual protagonismo el hombre y la mujer, porque es un baile ritual, con connotaciones especial, hay que tener un bollo maimón sobre un paño bordado o de acristianar y una mesa cuadrada. El ritual del baile es muy largo, prolongado y el tamborilero tiene que estar a expensas y a la expectativa para ver cuándo el bailador llega a las esquinas para dar la vuelta y situarse en los laterales de la mesa, donde hace otra serie de movimientos, toques o ritmo. Es una coreografía que está unida a lo que es la figura geométrica de la mesa cuadrada, con un centro, tipo cúpula, que es el bollo maimón y todo aderezado con un trago de vino y con una música muy particular a ritmo de charro.

¿Cuántos ritmos tenemos en Salamanca?
Tres. El charro, la charrada y la jota. A partir de estos hay docenas de variantes, quizá me quede corto. Por cada tamborilero se puede decir que hay una variante. Es lo que tiene la música oral, no está reglada, ni académica,… Es decir, tú has aprendido a tocar de lo que has escuchado, lo cual no significa que lo que tú toques sea exactamente lo mismo que lo que hace el otro. En consecuencia, esto varía en cada generación. Por tanto, la música tradicional, el folclore se renueva y revaloriza en este modus operante de supervivencia. Así ha existido.

Renovarse o morir.
Constantemente. Nos adaptamos. También copiamos un poquito de la copla, o tocamos un vals de Strauss, que no viene a cuento, pero podemos hacerlo; o un tango, o un pasodoble,…

Agustín García Hernández, tamborilero de El Cabaco.

¿Cuándo fue importante esta música?
A principios del siglo XX era muy común que un tamborilero supiera tres o cuatro jotas y veintiocho pasodobles, porque era lo que había y lo que le daba de comer. Tocar el pandero no da de comer, pero por si se ofrece, bueno es saber. (Risas)

Esto ya es una coplilla…
Si. Creo que lo cantan en Peñaparda con el pandero. Creo que lleva este ritmo (Y de los dedos de Agustín García sale música) (Aplausos)

Este es nuestro folclore…
Mirado someramente, de soslayo, atairado, como dicen en la Sierra de Francia,… Hay que tener en cuenta que la tradición es cambiante, muy variada, adaptativa. Estás un poco obligado a seguir una serie de preceptos, salvando distancias, lo que ha ocurrido ahora con los fuegos…

¿A qué se refiere?
El fuego de la Sierra de Francia ha sido natural, porque lo provocó un rayo. ¿Qué pasa? Que antes los vecinos iban a buscar una carga de leña para calentarse, cocer el caldero, que a su vez hervía las patatas que les dabas a los animales; quitaban los cardos, los yerbajos,… era una manera natural de limpiar el monte. Había menos materia combustible y en caso de venir una tormenta seca que incendiara el bosque, se tocaban las campanas a arrebato.

¿Había toques para todos?
Para fuegos, bodas, muertos, bautizos, dependía si eras hombre, mujer, niño, o si pertenecías a una cofradía,… es una cantidad de ritos…

Con música.
Sí y las campanas no tenían por qué estar afinadas. Además llevaban un ritmo enrevesado que podía imitar ritmos bailables, como pueden ser las charradas o ritmos cernarios, como puede ser la jota o pasacalle. Era la vida en sí. Todo lo que tengas y hagas estaba regido por una serie de pautas a las que estabas unido intrínsecamente, porque si te separabas, estabas abocado a la ostración. Los vecinos de los pueblos echaban peonadas para arreglar caminos, puentes, regaderas,… Todo ello estaba relacionado con la religión e incluso había días que estaban bajo la protección de algún santo determinado.

Por ejemplo.
San Antón, con los animales. Ellos necesitaban vivir de y con los animales, por lo que algún santo tenía que protegerlos. Santa Bárbara, por eso de las tormentas. Había determinados días del año que estaban relacionados con la naturaleza o el entorno.

¿De estos días especiales tenemos cantares?
Sí, de la mayoría. Incluso oraciones, dichos,…

Hablamos de una época en la que el analfabetismo era altísimo. ¿Cree que con esas canciones, dichos, coplillas instruía a las personas?
Por supuesto. ¿Cómo aprendían antes los niños la tabla de multiplicar? Cantando. De alguna forma ejercitabas la memoria. Había personas que se sabían los nombres, apellidos de todo el pueblo y tenían más de 500 habitantes…

¡Qué tiempos!
Sí. Además sabían quiénes eran y de qué familia venían…

Y el mote.
Sí. (Risas) No sabían leer, ni escribir, pero sabían otra cosa.

¿El qué?
La necesidad de saber quién era el que te había ayudado, cuándo tú lo habías necesitado. Era una especie de principio de solidaridad, de hoy por ti, mañana por mí. Ahora ya tenemos los servicios sociales, seguridad social,… Todo esto antes estaba suplido. No hemos inventado nada. La cuestión está en que si lo que hemos inventado o creemos haber inventado es mejor o peor…

Son compatibles.
Sí, pero somos unos gandules, unos lagumanes,… (Risas) Se ha roto ese vínculo. Vamos contra la naturaleza y eso es imposible. De alguna manera todo estaba relacionado y tenía una lógica. Estaba de acuerdo a un sentido común, que era una ley de vida para poder prosperar y salir adelante, necesitabas estar de acuerdo con esas leyes ‘naturales’ que se habían creado a lo largo de la historia y el tiempo.

Había que estar de acuerdo con la naturaleza y el vecino…
Exactamente. Todo esto es folclore, tradición y todo esto es lo que estamos perdiendo.

Agustín García Hernández, tamborilero de El Cabaco.

¿En el folclore salmantino prima más la parte instrumental o la letra?
Está intrínsecamente unido. Igual que hay fiestas que prima la canción, hay otras donde es importante la música instrumental. Había menos instrumentistas que personas que cantaran, porque el propio músico podía cantar también. Era más popular que saliera una persona a tocar. En Salamanca era un tamborilero, panderetera, panderera o que tocara la badila, la sartén, el badil, las cucharas, castañuelas, botella,… o mil cosas más con las que se puede hacer música. La música instrumental estaba más valorada porque te servía como acicate para divertirte, bailar, ligar,… (Risas) Mientras que lo cantado tenía otras motivaciones

¿Cuáles?
Unos podían ser por el placer de cantar, otras para rondar a una moza, cantar la novena de tal virgen, fiesta de mozos, de quintos, de carnavales,… donde ibas de bodega en bodega o porque ibas contento arreando las ovejas.

Esas canciones también pueden ser malévolas…
Sí. Las hay de piques, de puyas,… incluso las hay muy agresivas…

Así que el reguetón no ha inventado nada…
No. Lo he dicho antes, no hemos inventado nada, está ya todo hecho. (Carcajada) Otra cosa es el tipo de ritmo. Te aseguro que con lo poco que tenemos en Salamanca, le podíamos meter mano. (Risas) Tienes canciones de rondas por las noches…

Alguna en particular…
La de mi pueblo. La de Mozos del Cabaco, que no es la de San Esteban, aunque se celebre el 26 de diciembre.

¿Es parecida a la de los Quintos?
No. Aquí los mozos van desde los 14 años hasta los 99. Son los hombres que no se habían casado, que eran mozos. (Risas) Hay una serie de canciones que atribuyen las excelencias del agricultor, del ama de casa, de la chica guapa,… Era una fiesta exclusiva de hombres. Actualmente, entran chicos y chicas, por la igualdad y porque no hay mozos, se está acabando la materia prima. Es una adaptación de la tradición a la actualidad. Una más.

(Carcajada)

El reguetón es un poco machista.
Ya cambiará, no te apures, a todo cerdo le llega su… (Risas)

Volvamos a las canciones de los mozos…
Sí. Había canciones para rondar toda la noche en un Corral de Comedias, o en el del Concejo –el multiusos de ahora- había dos alcaldes y ellos determinaban quiénes iban por una parte del pueblo y quiénes por la otra. Tenían que cantar en todas y cada una de las casas. En aquella época todas las casas estaban habitadas y había canciones para todos.

Díganos alguna…
(Tararea) Quien vive en esta casa, de tan altos resplandores // Vive un labrador honrado, la flor de los ‘alredores’.
Y otra: No se cómo no florece la escoba con la que tú barres, siendo tú tan buena moza, hija de tan buenos padres.
Eran cantares de alabanzas y darle coba, porque por la mañana venía el aguinaldo. Iban con música, casa por casa y la gente te daba viandas, desde un chorizo, huevos,…

¿Hacían comidas?
Sí. Comida y cena que guisaban las madres de los ‘alcaldes’. Primero sacaban dinero de cortar la robla, los robles del monte. Siempre se ha entendido que la naturaleza es femenina, hasta que es más grande, con más edad, cuando tiene un envergadura de dar más fruto, más sombra, algo que te cobija, cambia de género y pasa al masculino. Era la fiesta de la robla, luego ya es el roble. Lo mismo ocurre con la nogala y el nogal.

A por otra canción.
Qué bonita está la Peña de Francia toda cubierta de nieve y yo te digo contento dime niña si me quieres. Dime niña si me quieres, no me tengas enfadado que el tiempo que estoy contigo, hago falta en otro lado.

Ese ‘otro lado’ ¿puede ser con doble sentido?
Sí, puede ser que si tú no me quieres, puedo intentar conquistar a otra mujer. O, que hago falta en casa para trabajar en las faenas del campo o con el ganado. Mira que sutileza.

Agustín García Hernández, tamborilero de El Cabaco.

Desde la inocencia. ¿Los cantares siempre eran tan bonitos?
No. Había personas muy maledicentes, maliciosas,…

La expresión ‘¡Qué nos saquen cantares!
Venía desde este lado. Parafraseando al Quijote: En un lugar de la canción, de cuyo nombre no quiero acordarme…

(Carcajada)

Había canciones crueles. No me extraña que se hayan olvidado, perdió o modificado un poco por higiene estética.

Eran muy crueles con las mujeres…
Sí. Sobre todo con las mujeres que habían osado quedarse embarazadas. Ya me dirás, el hombre no tenía culpa…

¡Claro! por fecundación in vitro
Eso es. El hombre era el guapo, ella era maltratada. Me acuerdo de La Perigalla o la Viuda de Miranda, la misma Clara o Montaraza, la Ramoni de Tardáguila. Las ponían desde asesinas, malas mujeres,… Las llamaban tunas, para no decir putas, pero en algunas canciones sí que empleaban la palabra. (Tararea) La Clara cuando va al baile, lleva terrones de azúcar, para dársela a los mozos y que no la llamen tuna.

En el cancionero de Dámaso Ledesma y Haníbal Sánchez Fraile le cambiaron la letra por: La Clara cuando va a misa, se pone en el altar mayor, con el librito en la mano, pidiendo a Dios, perdón.

Esto no lo inventaron los mozos, ni el mismo que sacó las coplas primeras. Otra de Clara. Esa que llaman la Clara, la flor de Villar Mayor, se marcho para Ledesma a servir a un gran señor. La Clara, la Clara, la Clara… que antes era moza y ahora está casada.

¿Qué era ser moza?
Pura, casta y entregada a tus padres y al santo del lugar. En cuanto te abrías un botón de la camisa…

Pasaban de mozas castas y puras a solteronas si no se casaban…
Dependía de las circunstancias. Era un deshonor. Había dos circunstancias, por un lado las mujeres que estaban ‘manchadas’, quizá porque habían rechazado a fulanito o citanito, y estos decían que habían estado con ellas, los hombres seguían siendo muy guapos y buenos y ellas, unas cualquiera. Esta chica, como cayera en desgracia… al final, fuera verdad o mentira, era una rumorología que se acentuaba, exageraba, exacerbaba y era vilipendiada, quizá llegaba al punto del suicidio. Le destrozaban la vida. Solo tenían la opción de irse del pueblo porque todos la miraban de soslayo.

¿Qué tablas de salvación tenían?
El convento o casarse con el más desgraciado, al que nadie quería, que era el que estaba destinado para ella. En el momento en el que se convertía en la señora de, ya tenía cierto reconocimiento, empezando por la Iglesia y siguiendo por el pueblo. Siempre iba a ver lenguas viperinas que se acordarían del pasado. Era así la vida. Era una forma de mantener el orgullo, el honor.

Mal entendido…
Recuerda que esto ha pasado hasta hace bien poco.

Sigue pasando. En las redes sociales hay personas que son absolutamente machacadas…
Efectivamente. Todo está inventado. Lo malo es que solemos mirar con nuestro prisma actual, con nuestros ojos, lo que ocurría hace cien años. Añádele, que esas mujeres eran analfabetas, sus padres eran humildes y no sabían ni cómo defender a su hija. Solo se necesitaba que una persona hablara mal y a otro le interesara acrecentar el bulo. No digo nada si eras descendiente de judíos, de gitanos o de brujas. Incluso si hubiera sido violada, la culpa era de ella, porque no se había resistido. Tremendo.

¿Quién se encargaba de pensar estas letras?
Normalmente hombres. Pero, no me sorprendería que hubiera alguna mala pécora por ahí y hombre pécoro. No les importaban nada. Eran malos…

Y quizá con alguna disfunción…
Seguramente y la culpa era de ella. Hay veces que tenemos asimilados una serie de conductas o comportamientos en los que hemos estado inmersos. Todavía nos cuesta un poco el asumir que somos iguales, que tenemos los mismos defectos y cualidades.

En algunas canciones de reguetón, las mujeres casi solo somos recipientes para el placer de los hombres.
¡Cuánto lo siento!

Agustín, ¿es rica la tradición charra por la variedad de comarcas que tiene?
Sí. Pero, no solo por las comarcas, también por los pueblos. Con la canción podemos hacer una especie de reparto geográfico por comarcas. No es la misma Clara y Montazara que se cantan en la Armuña o en la Sierra. No.

¿A qué se refiere?
Sí. Por ejemplo: en la Armuña en una zona del pueblo, el señor Pedro venía del pueblo de al lado y la escuchó de tal manera y ha hecho un mestizaje, una mistura,… hay fusiones y confusiones. (Risas) En resumidas cuentas, el señor Pedro no tiene que cantar la misma canción que el señor Juan que está en otro pueblo. Esto da una riqueza impresionante a las canciones. La letra está expuesta a mil variantes. La instrumental es más sujeta, más constreñida, está más apoyada por una serie de elementos como puede ser el del baile.

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Un comentario

  1. Me ha encantado la entrevista, rara vez intentamos aprender de la tradición y Agustín me parece un libro del que se puede entender mucho de nuestro pasado.

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