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Opinión

En un santiamén

Sin duda la riqueza de una lengua se sustenta en su vitalidad, en su naturaleza dinámica y en constante transformación. El uso de los hablantes, la producción literaria y el contacto con otras lenguas facilitan esa renovación permanente. La lengua española, gracias al enorme mosaico de pueblos y culturas que la comparten, goza de buena salud, pese a la amenaza del inglés. Pero no todo el monte es orégano.

No deseo, en este caso, navegar en aguas tan profundas. Voy a referirme a cuestiones que, bien por ignorancia, por pretenciosidad o por una extraña mezcla de ambas cualidades, debilitan o anulan la claridad del mensaje y, por ende, empobrecen la lengua. Aunque el abanico es amplísimo, me centraré en errores que protagonizan los medios de comunicación, televisión y radio sobe todo. Y para muestra, no uno, sino tres botones.

El puesto de honor es para la etiqueta que algún ignorante de la gramática, imitando el inglés, decidió colocar en el receso que los espacios televisivos reservan para la publicidad. Se le ocurrió que era buena idea informar al espectador de la duración de la pausa con la expresión “volvemos en 7 minutos” (destaco la preposición). Y al resto de cadenas les faltó tiempo para imitar una fórmula que les pareció absolutamente innovadora y actual. Una rápida consulta al diccionario les habría evitado el ridículo de difundir el error, porque lo que realmente indica la etiqueta es que la acción de volver durará todo ese tiempo, y no el término del período de tiempo visto desde la perspectiva del presente. Para tal finalidad lo correcto es la locución “dentro de”. Pero es que, además, que te digan que los anuncios van a estar durante siete minutos ya es desalentador. ¿No sería más eficaz, por ejemplo, volvemos enseguida o en un santiamén?, me pregunto ingenuamente. Y otro interrogante que me desvela: ¿no hay ningún redactor o corrector en las cadenas de televisión que evite o corrija semejantes desatinos?

Los otros dos botones corresponden a los comentaristas deportivos de radio. El primero, protagonizado por algún pretencioso con ínfulas de innovador, que utilizó el verbo “dolerse” como sinónimo de quejarse. Desconozco quién fue el iluminado que dio el primer paso. Pero en cuestión de días el yerro fue imitado por cientos de colegas. Y actualmente, cada vez que un jugador recibe un golpe más bien intenso, el comentarista de turno nos narra cómo “se duele del golpe”. ¡Válgame Dios! El verbo “dolerse” no existe; sí el verbo “doler”, que es intransitivo o pronominal. Puedes “quejarte” de un golpe o “retorcerte” de dolor, pero nunca “dolerte”.

Y, para concluir (aunque puede que haya más entregas), otro dislate que un adelantado comentarista radiofónico, al finalizar la narración de un partido de baloncesto, decidió cerrar con el broche de que el equipo local había ganado “de seis puntos” (de nuevo destaco la preposición). Y así, en cuestión de días, toda una legión de comentaristas radiofónicos, al referirse al resultado del partido de baloncesto en cuestión, precisaban que un equipo había ganado o perdido “de”, en vez de “por” tantos puntos. Amigos, las preposiciones no siempre son intercambiables. Con lo fácil que hubiera sido utilizar esa prótesis tecnológica que todos llevamos adosada (aquí lo llamamos móvil; en otros países hispanohablantes, celular) y preguntarle al diccionario o al mismísimo Google. Pero no, el gazapo se ha fijado y, lejos de corregirse, se expande imparable. Al menos intentaremos dejar constancia.

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