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Opinión

Llamada comercial

Tres teléfonos. Imagen. Pixabay.
Tres teléfonos. Imagen. Pixabay.

¿Qué pasaría si un día por la mañana todos decidiéramos dejar de vender? ¿Caos global? ¿Catarsis financiera? ¿Fin del capitalismo consumista? ¿El omega de los tiempos tal y como los conocemos?

Pues a lo mejor, sí. Aunque a lo mejor, no. Lo que seguro sí sucedería es que nos veríamos abocados a una nueva realidad. Si se dejara de vender, para adquirir cualquier cosa, nos quedaría solamente la otra mitad de la ecuación. Comprar.

Mermarían también las necesidades. Mejor dicho, las necesidades no necesarias. Aparecerían a borbotones los lujos. Muchos de ellos se esconden a plena luz del día, aquellos que ahora consumimos disfrazados de eso, necesidades que no son tales.

Quizá desaparecerían muchas tiendas pero no la harina ni el pan. Quizá hicieran falta pies que nos llevaran hasta el campo donde lo que fue verde se hace dorado, quizá sería volver a épocas remotas y sí, más pobres que la que ahora toca. Quizá jugaríamos al intercambio, al aquí mi tiempo, aquí tus bienes, aquí esto que yo tengo, ayúdame y te doy… Ciao, trapos de nueva temporada.

Ciertamente pudiera parecer un planteamiento romántico, humano, cercano, consciente, saludable, interconectado, real, etc. ¿Pero a quien le apetece hacer kilómetros para tomar café con leche cada mañana? Personalmente, voto por la permanencia de los lujos cotidianos, incluido el supermercado y la compra de excesos desde el móvil (con cabeza, claro). ¿Hay algún lujo mayor que querer y poder tener? ¿O solo lo es si no podemos tenerlo? Palabras, tesoros…

Pero sí se me ocurre una versión de esa casi imposible circunstancia de solo compra y negada venta. Lejos de lo material, dentro del orden que nos sujeta, podemos decidir, una mañana cualquiera, dejar de vender(nos) y ocuparnos única y conscientemente de lo que compramos.

¿Cuánta verdad hay en quien hace todo lo posible por prestar atención al otro para saber qué es lo que compra y, así, asegurar su propia venta?

¿Cuánta verdad hay en quien oculta todo o parte de lo que es, siente, necesita y quiere para convertirse en algo comprable?

¿Qué pasaría si un día por la mañana todos decidiéramos dejar de vendernos para ser comprados y nos mostráramos tal y como somos? ¿Qué sucedería si sopesáramos conscientemente lo que para nosotros es comprable sin tener en cuenta modas, envoltorios y ornamentos? Si nos diera igual hacer o dejar de hacer para gustar y solo decidir cuando algo gusta.

A lo mejor, solo a lo mejor, optaríamos a ver que no hay mayor lujo que ser en todo momento y no comprar lo que se vende, sino solamente lo que se quiere. ¿Aparecería así el tiempo para pensarlo?

https://youtu.be/SptebIqO_R0

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