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Opinión

Profetas estrellados

Los vocales del CGPJ durante el pleno celebrado el 7 de noviembre. (Foto: CGPJ)

Las relaciones de la profecía con la posverdad no pueden ser sino conflictivas y polémicas. Ya es raro y sorprende que quien ha establecido una relación firme y doméstica con la mentira, luego pretenda meterse a profeta y que se le tome en serio.

Pues aunque sorprendente este fenómeno en todos sus términos, es lo que estamos viendo desde hace tiempo en el sector ultra de nuestra derecha. Aunque han sido pillados in fraganti una y otra vez como insinceros y operarios aplicados en la fábrica de las trolas, no por ello dejan de aspirar al titulo de profetas.

En esta deriva de la profecía fracasada podemos remontarnos casi tanto como queramos, pero por plantar un hito en en algún punto, recordemos la profecía de Fukuyama, que tras asistir a la caída del muro de Berlín profetizó que lo que vendría a partir de ese evento sería el paraíso capitalista y neoliberal, «sin alternativa», con la Historia detenida en perpetua alabanza de los dioses del mercado.

Como muchas suposiciones de naturaleza religiosa, resultó falsa. Es más, aquella epifanía acabó en la estafa financiera de 2008, cuya factura pagamos y seguimos pagando todos menos sus autores, y la Historia, lejos de detenerse, se ha acelerado y se ha llenado desde entonces de guerras y todo tipo de crisis: financieras, económicas, ecológicas, y bélicas.

Pues si esta es la alternativa única, el pensamiento único para el que no hay alternativa, apaga y vámonos.
La profecía de Fukuyama ha resultado tan falsa e infundada como la suposición de Oppenheimer de que la bomba atómica acabaría con todas las guerras.

Otra profeta posverdadera y estrellada, merced a su fanatismo, fue Margaret Thatcher, que además de respaldar con su autoridad «libertaria» que no había alternativa, o sea, que no había «libertad» de elección (he ahí una contradicción), puso la guinda a su pastel extremista afirmando también que la sociedad no existe, que solo existe el individuo.

Cuando llegó la pandemia se vio que ese individuo selvático y libertario, supuestamente autosuficiente, es un pelele a merced de los vientos, un ser indefenso y con múltiples dependencias que lo mantienen con vida, y que lo que funciona realmente es la sociedad en su compleja dependencia orgánica.

Y es que aquel artículo de fe de los «libertarios» es tan disparatado como augurar un futuro brillante a los ribosomas fuera del líquido amniótico de su célula.

Por supuesto este sector del extremismo político aprovechó la pandemia (no desaprovechan nada) para lanzar otra profecía basada en sus posverdades.

Lo que profetizaron entonces fue que las prácticas usuales y eficaces en todas las pandemias habidas y por haber: mascarillas, aislamiento, vacunas, nos conducirían a la dictadura, que en su imaginación delirante era una dictadura entre izquierdosa y sanitaria.

Su delirio acabó como era de esperar en profecía estrellada, y mal que bien, y gracias a aquellas medidas epidemiológicas, salimos de aquel mal trago, sin más dictadura que la que ya hubiera antes de esa crisis sanitaria. Quiere decirse que antes y después de la pandemia, nuestro jefe de Estado siguió siendo impune, aunque eso es algo que a ellos no les inquieta.

Tampoco acertaron en aquello otro de que las vacunas contra la COVID nos transmutarían en dinosaurios antediluvianos gracias al arte maléfico de Fu Manchú. Se comprueba que se mantienen fieles a ese nivel rudimentario y maniqueo de los cómic de Roberto Alcázar y Pedrín.

Del cambio climático y el calentamiento global han asegurado y profetizado que es una conspiración verdirroja, así como de los grandes incendios aseguran que están provocados por rayos láser que los judíos lanzan desde el espacio.

No satisfechos con tanto disparate profético, un poco después profetizaron que barrían en las últimas elecciones. Lo daban por hecho. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Es lo que tiene vivir en una burbuja y creerse las propias mentiras.

Como a pesar de los múltiples fracasos adivinatorios (no dan una) insisten en su vocación de arúspices, ahora les ha dado por profetizar que España se rompe, justamente por lo que a todas luces es un proyecto de reconducción y reconciliación para evitar esa ruptura precisamente. No auguramos un mayor acierto a esta profecía que a las anteriores.

Contagiados por la deriva profética, algunos jueces de este sector político se han manifestado en contra de una Ley (la que servirá de base para ese proyecto de reconciliación) que aún no existe. Suena extraño y preocupante, porque esa actitud «a priori» y visionaria deja en muy mal lugar la imparcialidad que es obligada en su trabajo y sin la cual no pueden realizarlo correctamente.

¿Qué podemos decir de todo este cúmulo de profecías estrelladas inspiradas por el fanatismo y el extremismo político?

Pues que se sigan equivocando. Algún día serán conscientes de que la mentira no les cunde.

3 comentarios en «Profetas estrellados»

  1. Por fin se puede leer algo sensato y objetivo. Gracias por escribir para gente inteligente y poder dejar de escuchar y ver a tanto tarugo televisivo y radiofónico. Lo de la prensa escrita, ni comentario merece.

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