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A la tercera va la vencida

Fueron  el Gobierno de España de José María Aznar y el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, quienes vieron una oportunidad política en la nominación de Salamanca Capital Cultural Europea
La placa conmemorativa del 2002 en la Plaza Mayor.

Recuerdo que estaba en el plenario de las Cortes de Castilla y León. La prensa se arremolinó ante mí para pedir mi opinión, Salamanca había sido elegida Capital Europea de la Cultura 2002. Mi alegría fue inmensa.

Dos personas competentes fueron las que llevaron a cabo los programas de infraestructuras y actividades, una de ellas, Juan Antonio Pérez Millán, lo dio todo por el proyecto, hasta el punto que tuvo que abandonarlo por motivos de salud, problemas surgidos por su entrega a la causa. El otro, Enrique Cabero, cogió el relevo y dejó una estela de sensatez y buen hacer en cuantas iniciativas emprendió.

No quiero dejar de señalar que fueron  el Gobierno de España de José María Aznar y el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, quienes vieron una oportunidad política en la nominación de Salamanca Capital Cultural Europea y apoyaron la idea sin fisuras, consiguiendo lo que con tanto ahínco habíamos perseguido y preparado los socialistas salmantinos.

Así como la edición de Santiago de Compostela pasó sin pena ni gloria, la de Salamanca fue un éxito sin paliativos. Una gestión difícil, con dos fracasos anteriores, se saldó con un éxito en el 2002. A la tercera fue la vencida.

1 comentario en «A la tercera va la vencida»

  1. Mala memoria tiene «el mejor alcalde de Salamanca». Lo sé me consta; dejé mi trabajo en 1987 para formar parte de la (primera «Fundación Salamanca Ciudad de cultura»). Con tan .ala suerte que el PSOE perdió el ayuntamiento y poco después mediante una mocion de censura de «Charo Diego» la diputación. Y, los trabajadores que, dejaron sus trabajos para firmar parte de «proyecto ilusionante» tuvimos que luchar: para que nos dieran de alta en la S.Social y un año más tarde para que respetarán nuestros derechos. ¡lo sé! estaba allí. Y podría contar más cosas qué si, que vienen a cuento en esta «ciudad pacata y enmierdada». En fin …

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