Opinión

Cañete y su caña

Cañete, con toda su caña, ya anda metiendo ruido en campaña. Pero, ¡qué tipo!, ni a tiros dimite como ministro.

Como ya luzco años, conocí a Miguel Arias Cañete en Bruselas y Estrasburgo. En ocasiones, los grupos parlamentarios invitaban a periodistas a viajar a las instituciones europeas en relación con algún motivo con sello local. Nos daban acogida, hotel y comida, aunque la verdad es que no acosaban demasiado sobre lo que deberíamos contar luego en los medios, por más que trataran de seducirte con su argumentación; pero nunca hubo reproches, incluso aunque en las informaciones no se respondiera a lo que deseaban. Es mi experiencia, que me permitió conocer a mucha gente “europea”, ninguna tan atractiva como Carmen Díez de Rivera, que esa mujer tan intensa sí que hubiera podido relatar mucho y hondo sobre el fallecido Suárez.

Pues, lo dicho: que en esas situaciones conocí a Arias Cañete en los pasillos y en las salas europeas. Tenía complicado destacar entre la personalidad de Manuel Fraga y las zigzagueos gozosos de Pío Cabanillas, que entonces gobernaban a los populares españoles, aunque yo creo que quien controlaba todo en aquel momento era precisamente Carmen Fraga, la hija del “jefe”, su asistenta entonces, y que he visto ahora que se jubila tras un largo recorrido como europarlamentaria. Era muy mandona…, pero sin el estilo de su padre, sino con la sutileza de una mujer inteligente, como pude deducir en un almuerzo a su lado, y Cañete casi enfrente, pues nos acogía el salmantino Manuel García Amigo. Alguna vez le preguntamos su opinión a la siempre discreta y eficaz Asunción Valdés –todavía Chonín para compañeros de Escuela de Periodismo, como era mi caso–, jefa de prensa española en el Parlamento Europeo –luego, en la Casa Real–, cuando la apurábamos en relación con Cañete y otros. Como era discreta, mantengo la discreción.

[pull_quote_left]Como este país se encuentra plagado de inmoralidades, que ya pasan por normalidades, ¿quién va a reprocharle a Cañete –y evidentemente, a Rajoy– la inmoralidad política de seguir al frente del ministerio?[/pull_quote_left]Pretendía apuntar que conocí a Cañete “en Europa”, a donde ahora va a volver. Y, entonces, Cañete, entre Fraga y Cabanillas, y otros “pepés” como el propio García Amigo por su consistencia jurídica, sobresalía por su chispa, por ser el tipo que contaba chistes de forma arrebatadora con ese vozarrón que aún lo acompaña. Lo reconozco, e incluso lo reconocía aquel gitano solvente del grupo socialista que fue Juan de Dios R. Heredia: “me pierde este tío cuando se pone con sus relatos”, aseguraba. Todos nos divertíamos mucho en los ratos de relax con Arias Cañete. En realidad, nos hemos seguido divirtiendo cuanto ha referido aquello del camarero de antaño, del consumo del danone caducado…, y esas cosas. Que les cuenten a los de Guijuelo y a la consejera de Agricultura lo que se han “divertido” con el pata negra del jamón…

Y así sigue Cañete, con sus diversiones. Ya se ve lo divertido que resulta que el ministro mantenga su cargo mientras se muestra arrasador en campaña para el Parlamento Europeo. Como este país se encuentra plagado de inmoralidades, que ya pasan por normalidades, ¿quién va a reprocharle a Cañete –y evidentemente, a Rajoy— la inmoralidad política de seguir al frente del ministerio? ¡Qué tipo más divertido el Arias Cañete! Se chotea de todos nosotros, y todos tan divertidos.

 


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