La última Sábana Santa se pinta en Salamanca

El artista y restaurador Miguel García pintó la última Síndone que será procesionada en Ciudad Rodrigo esta Semana Santa
Miguel García, el artista que han pintado la última Sábana Santa junto a la Purísima

Está feliz y se le nota al escucharlo hablar de su último proyecto. Miguel García es restaurador, pintor de Vítor en la Universidad de Salamanca y hace dos años recibió el encargo más especial de su carrera profesional: pintar una Sábana Santa. Durante la conversación desvelará cómo fue el proceso y cómo consiguió pintar el cuerpo inerte de Cristo que en la Semana Santa de Ciudad Rodrigo recorrerá las calles y plazas de Miróbriga escoltada por la Cofradía del Cristo de la Expiación.

Miguel, ¿cuánta importancia debemos de darle al saber, al conocer, a la herencia recibida…?
Venimos al mundo desnudos y al final no nos llevamos nada, pero sí hacemos un recorrido en ese camino. El valor que tiene en sí la persona, son las experiencias que ha absorbido durante su vida. Pueden ser prácticas, como en mi campo, más artesanales, pero detrás de eso hay un aprendizaje.

De años.
Eso es. Voy más atrás. En el Medievo, en el Renacimiento, ese aprendizaje era de maestros a aprendices. Lo importante no era absorber ese conocimiento que nos llega hoy a nosotros de aquellos aprendices, que muchos de ellos superaron a sus maestros. Más profundamente, la evolución es tratar de ser mejores generación tras generación, fruto de lo que absorbemos, del conocimiento. Yo lo llevo a la práctica, con las manos, pero es producto de lo que tu cabeza ha absorbido, desde lo que te aporta leerte un libro hasta el aprendizaje intelectual de una profesión.

Quiero que nos cuente un secreto, antes de desvelar en qué anda. ¿Cuánto de contento está con su última obra?
Una amiga me dijo que mi hijo sería mi máxima obra de arte…

Creo que en eso tuvo ayuda…
(Risas) Es verdad, es compartida. Volviendo a la creación, sí es la obra más importante, donde he tenido más presión y recogimiento hasta la fecha.

¿Cuándo empezaron a plantearle la posibilidad de hacer esta réplica?
Por estas fechas hará dos años, en la Semana Santa de 2023 el padre Miguel Ángel González, prior de los Carmelitas Descalzos y un cofrade de la Cofradía del Cristo de la Expiación de Ciudad Rodrigo, coincidieron en una procesión y el cofrade le plantea al prior si conocía a una persona que fuera capaz de hacer una réplica de la Sábana Santa.

¿Por qué pensaron en usted?
Trabajo para los Carmelitas Descalzos como restaurador. Ahora estoy con la apertura del Sepulcro de Santa Teresa, donde he hecho alguna intervención.

¿Sintió vértigo con el encargo de la Sábana Santa?
Por un lado, me entusiasmaba, porque soy una persona a la que le gustan más los retos que la rutina. Tenía que investigar, descubrir, conocer, hacer pruebas y estar seguro de lo que estaba haciendo en cada momento.

Vayamos por partes…
(Risas) Lo primero que pensé fue en el taller de Gregorio Fernández, que según cuentan se podía leer algo así como: ‘En este taller se hacen santos’.

Las imágenes del escultor del siglo XVII se veneran. Su responsabilidad cuando estaba pintando la Sábana Santa es otra.
Efectivamente. Hay que reflejar ese aspecto. No es que haga una réplica exacta, es que esa expectativa que tienen las personas que han delegado en mí esa confianza, también cumpla sus expectativas. Es un encargo.

¿Ha tenido libertad?
Absoluta.

Eso es bueno o malo.
Me ha relajado el proceso, porque no he necesitado de una supervisión constante por parte del cliente. Lo que he procurado es que vieran el resultado final. Solo me he puesto en contacto con ellos para los últimos detalles, cuando ya se percibía el trabajo que estaba realizado.

¡Qué presión!
¡Imagínate!

¿De dónde partió?
De una pieza de tela que era cuadrada.

¿Qué tipo de paño es?
El padre Miguel Ángel me facilitó una mortaja de un niño que se llamaba Pedro. Era tela de hilo y tiene 110 o 120 años de historia.

¿Historia?
Sí, porque para mí tenía mucha importancia que tuviera una impronta, no solo era hacer un trabajo fiel, si no que estuviera dotado de contenido todo lo que fuera haciendo durante el proceso.

¿En qué sentido?
Que esa pieza de hilo tuviera una historia, y hablamos de la devoción, tenía un valor extra. Imagínate: podía haber comprado en un almacén una buena tela, pasarla por una impresora de alta resolución y reproducir esa Sábana Santa que existe en Turín en una tela actual, con tecnología moderna.

Suena un poco frío…
Eso es. Ellos buscaban una imagen devocional, había que irse un poco al arte, por lo que tengo que reproducir esa imagen, pero el concepto que quiero transmitir es el de alguien que no haya hecho una reproducción exacta, si no que detrás esté mi sello, lo que yo puedo aportar a todo ese proceso artístico.

Tela de hilo empleada por Miguel García para realizar el encargo.

¿De verdad que no tuvo ninguna indicación?
Bueno, sí se me trasladó desde el inicio una particularidad, que el rostro procurara que se pareciera más al Cristo de su cofradía, que al de la Sábana Santa de Turín. Al final ellos veneran ese Cristo, lo han restaurando recientemente y lo procesionan en Semana Santa. Querían mantener ese vínculo.

¿Miró otras Sábanas Santas?
Sí. Era importante saber qué reproducciones existían, cómo eran… si eran fieles reproducciones o eran versiones de algo que ya existe en Turín.

¿Cómo lo ha visto?
En muchos casos no era ni siquiera fiel a la imagen de la Sábana Santa, eran réplicas hechas por alguien que tenía un poquito de mano, pero algunas muy burdas, hechas con poco criterio. Es verdad que algunas tenían cierto valor, porque están hechas hace 200 o 300 años. Era importante conocer qué había y qué iba a aportar yo a esa nueva réplica de la Sábana Santa.

¿Qué aporta la suya a esas 24 Sábanas Santas que ya hay en España?
Por cierto, una de ellas está aquí, en el convento de las Agustina, anexas a la Purísima de Salamanca, la expusieron hace años, auspiciadas por el Ayuntamiento de Salamanca, en la época de Jesús Málaga. Pero, desgraciadamente, aunque la tenía tan cerca, no la pude ver. Contestando a la pregunta, diré que los cofrades quisieron ponerle un valor extra a esa tela y estuvo en contacto con una de esas Sábanas Santa. Se fueron a Alameda de las Torres, un pueblo de Madrid, donde hay una de las réplicas, simplemente para poner en contacto las telas, antes de que yo la pintara.

Una vez que tiene la tela en su taller, ¿cómo se pinta el cuerpo de Cristo?
Para eso, me interesaba conocer muy bien la Sábana Santa de Turín.

¿Fue?
No. Nació mi hijo. (Risas)

Retomemos. ¿Cómo se pinta el cuerpo de Jesús?
Durante un año y medio estuve documentándome. Nada ha sido banal en este proyecto. En cuanto a la tela, tuve suerte al ser cuadrada esa mortaja. No quería romperla, porque podía perder estabilidad. La tela tenía su patina del tiempo, sus propias manchas de óxido, el ajado y coloración que ha tomado en esos más de 100 años. El restaurador no tiene que recuperar una obra como si estuviera recién hecha, se tiene que percibir esa cierta patina del tiempo. Si tiene 100 o 500 años no es una madera recién salida del taller.

No se me escape…. Volvamos al cuerpo de Cristo.
No. (Risas) Una vez que tenía preparada la tela, me planteé como iba a pintarla. No quería que fuera una pintura, quería reflejar cómo había absorbido la Sábana Santa de Turín los fluidos corporales -grasa, sangre, sudor… – de una manera natural. En esa Sábana Santa original no se ven brochazos; no ves capas de pinturas… mi forma de pensar iba más a mi faceta de restaurador de documentos gráficos de cómo oscurecíamos los papeles para que parecieran antiguos.

Primer boceto del rostro de Cristo realizado por Miguel García.

¿Qué técnica utilizó para pintar el cuerpo inerte de Jesús?
Una técnica puede ser con infusiones naturales, con tila, te negro, manzanilla, incluso con café. Cuando me planteé que podía ser el café, cobró un sentido especial dentro del proceso, al ser mi esposa colombiana.

Seguro que tenía muchos tipos de café en casa…
(Risas) Sí. El café en España es muy denso, cargado, fuerte… en Colombia toman lo que ellos llaman el tinto, que es más aguado. Ese concepto me hacía pensar en una gama cromática. El más clarito me daba un tono más sepia y el café español era más oscuro.

Hubo un momento de decir qué estoy haciendo…
Sí. Cuando vi que no tenía vuelta atrás. Era un trabajo como si fuera una acuarela. Pongo el café en unos pinceles especiales, los cargo de líquidos y por la boquilla del propio pincel sale el producto.

¿Haría pruebas?
Sí, en una tela de hilo, donde trabajé el rostro, que era el gran reto. Tenía que trasladar ese rostro de forma muy sutil y disimulada en la Síndone. Mi teoría era ir por capas. Los maestros del arte siempre hablaban de dos formas de pintar: la prima, con un pincen dejas esa huella de lo que pretendes pintar o por veladuras, que es la técnica del Sfumato, que utilizó Leonardo Da Vinci en la Mona Lisa. Eso es por capas de veladuras. Es decir, de mucho aceite y poco pigmento, para que sea transparente, pero te permita una mayor profundidad en la obra que estás pintando.

¿Cómo jugó aquí con el café?
El café hacía de veladura. Empecé trabajando con un café muy diluido, con unas gotas iba manchando la propia tela. La dificultad que tenía era que no percibía el resultado final hasta un día después, cuando se secaba veía lo que había hecho.

Materiales utilizados por Miguel García para realizar el proyecto.

Por curiosidad, hubo algo positivo.
Sí, que me permitía pintar por capas. Allí donde ponía el pincel, no era la pincelada definitiva. Sí es cierto que trabajé de una forma muy sutil para hacer la mancha inicial, cuando secó, lo que hice fue incidir en cantidad de color en aquellas zonas que lo requerían.

Por ejemplo.
La simulación de los latigazos, las manchas de sangre, la herida del costado, la superficie de los pies donde también sangró a consecuencia del clavo, las manos cruzadas… Volviendo a la investigación hice una abstracción de qué gama cromática había en la Síndone original, cómo lo trasladaba por capas de café a la Sábana Santa que yo pretendía reproducir.

Tenía una sorpresa en cada jornada de trabajo.
Más o menos. Cuando veía como secaba era una mezcla entre nerviosismo de pensar cómo iba a secar, pero satisfacción porque mi interior decía que iba por el buen camino. No había vuelta atrás. No tenía corrección posible. Unas monjas carmelitas, con las que hablé durante el proceso, me dijeron que me pusiera en manos de Dios, que él iba a ser mi mano.

¿Ha sido así?
Ciertamente, me tranquilizó. Si ellas me han dado esta solución, es que eso funciona.

Si es creyente, sí.
De esta manera, recuperamos otra vez a Gregorio Fernández, ese maestro artesano o artistas imagineros, que rezaban durante su tiempo de trabajo. Luis de Horna, también lo hace.

Usted lo ha hecho.
En mi caso la oración, no era tanto el orar, pero sí era una elevación.

Ora et labora (Ora y trabaja) que dicen los benedictinos.
Efectivamente.

Detalle del trabajo realizado por Miguel García.

Su sábana tiene cuatro metros. ¿Eso no fue una dificultad?
Lo que hice fue un bastidor. Al ser tipo acuarela, no podía manchar la otra parte. Deposité el café de forma vertical, porque era más fácil que horizontal. Lo dividí en dos, me fabriqué un bastidor y la madera tenía un grosos que me permitía colocar el anverso por un lado y por el otro el reverso y doblaba en la parte superior. Trabaja dándole la vuelta. El pincel no podía tocar las dos telas. Intentaba mantener la separación entre las telas.

Sé que le dieron libertad, pero en algún momento le tuvo que ir dando información a los cofrades.
Sí. Lo que más le impactó fue el café. Se planteaban qué si el café es agua teñida, podía haber un peligro si un día llueve y se moje o deteriore.

¿Puede ocurrir?
Va a tener un marco. Realmente, quise que fuera así. Me podía haber planteado darle un barniz o un spray fijador, pero estaría alterando algo. Hasta ese momento, he trabajado como he querido y creído que debía hacerlo. La Sábana Santa no está protegida por ningún barniz.

¿La suya se puede deteriorar?
Claro. De hecho, la tela tenía manchas de humedad y siguen estando ahí. Si se moja, quizá se deteriore por una esquina, quería que fuera así, porque si no fuera así, iríamos a una impresión de una réplica en alta resolución, pero no sería un trabajo donde ha habido una interiorización tan grande para poder realizarla.

¿Cómo hizo la simulación de los rotos que tiene la Sábana Santa?
Tuve un especial cuidado en manchar con café esas zonas y el único retoque que tiene es con una greta, una barra con una gran cantidad de pigmentos, no es un material que deteriore la tela, pero sí da ese valor extra de sombra, donde no hay tela. A una cierta distancia simula esos rotos, pero cuando te acercas, se ve que es pintura.

¿Será bendecida?
El obispo José Luis está al tanto y ha estado a la expectativa de si era algo relevante o un trabajo burdo. Creo que el vicario y el obispo están satisfechos con el resultado.

¿Cuándo se va a poder ver?
Seguro, seguro, en la procesión de Semana Santa en Ciudad Rodrigo. Antes, el 12 de abril la presentaremos en una conferencia en Ciudad Rodrigo.

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