En un contexto global donde la vivienda asequible es una quimera —con una demanda disparada y unos costes de construcción prohibitivos—, la respuesta podría no estar en los rascacielos de acero, sino en el barro. O mejor dicho, en la fusión del material más ancestral con la tecnología más puntera. Ciudad de México se ha convertido en el laboratorio de SEED, un colectivo de arquitectos e ingenieros que promete «imprimir» casas sostenibles por un coste estimado equivalente a unos 30.000 euros.
La premisa de este grupo, formado por apenas una docena de profesionales, es tan ambiciosa como disruptiva: democratizar el techo. Su planteamiento cuestiona la industria tradicional: si hoy en día podemos imprimir piezas complejas de metal o plástico, ¿por qué no hacer lo mismo a escala arquitectónica usando lo que tenemos bajo los pies?
Tecnología punta y materiales «km 0»
El sistema desarrollado por SEED prescinde del omnipresente hormigón, cuyo impacto ambiental y económico es elevado. En su lugar, la «tinta» de sus impresoras es una mezcla de tierra, arena y fibras vegetales. Esta receta permite aprovechar los recursos locales, abaratando drásticamente los costes y reduciendo la huella de carbono.
El funcionamiento es hipnótico: una impresora gigante, con un brazo de tres metros de radio, bombea 300 litros de mezcla por hora. Siguiendo las instrucciones de un ordenador, la máquina deposita el material capa a capa, levantando muros curvos de forma autónoma.
Un búnker de barro en Azcapotzalco
La teoría ya se ha convertido en realidad en el barrio de Azcapotzalco. Allí se levanta el primer prototipo funcional de esta tecnología. Aunque el objetivo final es la vivienda, esta primera estructura es una cafetería circular de seis metros de diámetro.
Lo más sorprendente no es su estética orgánica, sino su robustez. Los muros, que alcanzan medio metro de espesor en la base, son autoportantes y han sido diseñados para resistir una de las grandes amenazas de la capital mexicana: los terremotos. Según sus desarrolladores, la estructura puede soportar seísmos de magnitud 7, demostrando que la construcción con tierra no es sinónimo de fragilidad, sino de resiliencia.
Con este proyecto, SEED busca demostrar que la solución a la crisis habitacional no pasa necesariamente por construir más rápido con los métodos de siempre, sino por reinventar cómo construimos desde los cimientos.


















