Fely Campo es una marca reconocida y reconocible. Eso es un logro solo al alcance de los grandes. Además, Fely Campo es una trabajadora que lleva más de medio siglo tejiendo su buen hacer. Hablar con ella y de ella es alta costura. Una lección para los que empiezan.
La primera pregunta es obligada. ¿Con qué sueña Fely Campo? –La última colección que presentó en la pasarela madrileña se llama Dreming-
Desde que comencé hace 53 años en este oficio, mi sueño ha sido conseguir un patrón lo más perfecto posible para las mujeres a las que yo visto. Es muy fácil vestir tallas pequeñas, pero cuando son grandes o mujeres con una edad… conseguir ese patrón, esa moda atemporal… Quizá me he dado cuenta, que a pesar de los altibajos de este medio siglo, que ha sido un camino duro, largo… la mayor satisfacción es que queda mucho por aprender y me moriré sin haber aprendido todo. Eso es evidente.
Esos años dan experiencia.
Cierto y esa experiencia la puedo poner ahora. He vestido a muchísimas mujeres y cumplo sus sueños. Me escriben muchísimo diciéndome: ‘Es mi vestido soñado’… Eso es una satisfacción enorme.
Según entramos en su atelier está el vestido con el que rindió homenaje a Unamuno. Un hombre que hizo un gran recorrido a lo largo de vida. ¿Cómo ha sido el suyo en estas cinco décadas?
He ido muy despacio. Desde joven me he ido poniendo metas alcanzables y retadoras. Este oficio no me ha decepcionado.
Si lo hubiera hecho, ¿se habría ido?
Evidentemente. Sigo teniendo mucha ilusión y buscando esos patrones cada vez más atemporales y eso me mantiene vida.
Siguiendo con Unamuno. A él no le gustaban las etiquetas. ¿A usted la han etiquetado?
Sí. En cierto modo, me las han puesto. Hace mucho decían que era una fanática del patronaje y que olvidaba el diseño, cuando yo diseñaba y toda mi vida he diseñado tanto. Era una etiqueta fea.
Entonces, ¡qué decimos del más grande Balenciaga, que era todo patrón!
Sí. El diseño tiene que tener un buen patrón. Pero, estamos hablando de finales de los años ochenta, principio de los noventa, que había una frase: ‘Estudias o diseñas’. Había un concepto del diseño que era hacer dibujos. En esos años, tenía una escuela de diseño y luchaba contra esa mentalidad. Unos años antes, estuve al frente de una academia de corte y confección, de la cual salieron muchas modistas y diseñadores. Salían preparados, cuando monté la escuela de diseño fue un fracaso.
¿Por qué?
Porque querían dibujar y pensaban que eso era diseñar. ¡Es mucho más! Puedes hacer un dibujo muy bonito, pero luego hay que transformarlo en el tejido, porque la mujer o el hombre se lo van a poner, van a caminar, sentarse… No es una pintura, ni una escultura, es algo que se usa. De nada sirve hacer un boceto precioso, pero no tienes ni idea de en qué tejido lo harías. Una cosa es ser figurinista y otra diseñador.
¿Dónde hay más reveses en el papel y el lápiz o en la tela y el hilo?
En la tela y el hilo. Eso es lo complicado de aprender. Saber el comportamiento de los tejidos. Ahora, después de 50 años, puedo cerrar los ojos, tocar el tejido y saber la composición que tiene. Eso me garantiza hasta dónde llevarlo. De hecho, en la pasarela lo que hago es investigar con el tejido. Ahí tengo la ocasión de experimentar. En cada propuesta que presento en el desfile hay tejidos que son difíciles de manejar. Luego está la colección más comercial, que es de lo que vive mi empresa y yo.

Me interesa conocer qué tejido llevó a Madrid.
Uno dificilísimo de manejar, porque está absolutamente vivo.
¿Qué le dijeron sus compañeros de taller sobre esa elección?
Como solo fue uno para la pasarela. (Risas) No se puede comercializar.
¿Por qué es carísimo o difícil de trabajar?
Se puede comercializar por otra vía, no por la que tengo abierta yo, que es Millán, Londres, España y mi tienda… que voy más por trajes de novia y ceremonia, esto quiere decir que son mujeres madrina, madre de novia, hermanas… son mujeres que no pueden llevar esos trajes de pasarela, porque hay una etiqueta.
Y una edad.
Y hay que sentarse, abrazar, besar… No pueden ser trajes de exhibición. Lo que sí hacemos en el atelier es vestidos por encargos para fiestas. Mi mercado está establecido en otro sector desde hace muchos años. He ido a la Madrid Fashion Week cuando ya tenía los cimientos de mi casa. No empecé por el tejado. Decidí dar el paso cuando lo tenía todo hecho. ¿Me ha costado mucho? Sí, porque las cosas cuando empiezas de cero, en una ciudad pequeña como Salamanca, es muy lento. Ha sido mi vida. Nunca he querido ir más deprisa. ¿Para qué?
Su empresa tiene su idiosincrasia y su filosofía.
Por supuesto. Me gusta asegurarlo todo. Además, hay muchas personas trabajando en Fely Campo, porque lo que hay que asegurar sus nóminas y pagarle a los proveedores. Tengo que tener la cabeza en su sitio y no puedo desviarme. De hecho, no lo hago.
¿Qué le ha enseñado la pasarela de Madrid?
Me ha enseñado que hay una crisis en la moda.
¿En serio?
Ahora más.
Pero, ¡si no se puede comprar más ropa!
No, no, no… La ropa de autor, que es lo que se presenta en las pasarelas, es más complicada. Tienes mercado, después de tanta saturación de cadenas, hay mujeres que les gusta que las atiendan en un atelier y les confeccionen un traje. Pero, sí que es cierto que después de la pandemia, hay una apuesta por otras experiencias. Le gusta viajar, ir a restaurante, fiestas con amigos… y la ropa está un peldaño más abajo.
La pasarela sigue teniendo ese halo mágico…
Sí y la experiencia es increíble. Monté el atelier en Madrid por algo personal.
¿A qué se refiere?
Llevaba muchos años sin hacer ‘medida’. Ahora voy a Madrid un día y medio a la semana, para sentarme con una mujer y que me cuente que se quiere vestir para una ocasión especial. Me encanta que me pregunten: ‘¿Qué me harías?’. Diseñar en vivo es una pasión. Empecé así y moriré así. La empresa seguirá, pero me encanta diseñar a medida.

¿Qué más lecciones está aprendiendo?
Que esto tiene muchos caminos diferentes, es inagotable la creatividad. Al revés, se potencia con el conocimiento. Cuanto más conoces, más creativo eres. Más, más… porque se abre ante ti tantas puertas. Para mí Madrid ha sido un buen escaparate. Estoy muy considerada, en nada que llevo…
50 años…
(Carcajada) Allí menos. Ha sido una sorpresa.
Es que usted sabe coger las medidas.
(Risas) Exactamente. El atelier cada vez funciona mejor, pero seguiré yendo un día y medio. Quizá si fuera más joven…
Eso nunca se sabe.
No, porque he ido al ritmo que tenía que ir. Mis objetivos no eran ni ser reconocida, ni tener mucho dinero.
¿Cuáles eran o son?
Por ejemplo. Me encanta que entre una mujer en mi atelier, que tiene una talla súper grande y en su boda quiere ir de princesa o una mujer extremadamente delgada que quiere ser exuberante. ¿Cómo lo hago? Ese era mi objetivo, conseguirlo. He sido muy auto exigente. He conseguido mantenerme. De hecho, creo que en la pasarela de Madrid soy la única que lleva cincuenta años trabajando en moda. Me he caído muchas veces, he aprendido de cada caída, porque me he levantado. Mi vida es emocionante.
Dicen los americanos que nadie triunfa, si no ha fracasado tres o cuatro veces.
Por lo menos. ¡Cómo vas a aprender cuando te dicen qué bonito, qué bien! Te elevas un poco, pero cuando realmente metes la pata una vez y te levantas… lo haces siendo más sabio. ¿De lo otro? Nada. Por mi carácter serrano…
Emprendedora.
Sí. Soy muy serrana y he tenido los pies en el suelo. Veo estos diseñadores que no tienen nada, salvo el ego y… no podré tener nunca ese ego, porque me comparo con diseñadores demasiado altos y no tengo lo suficiente para llegar a ellos. Eso es así.

Le quiero preguntar por Armani, uno de los grandes que murió hace unos meses. ¿Qué legado cree que les ha dejado a los colegas?
Mira, cuando me preguntan: ‘Fely, ¿no te retiras ya?’. No, porque estoy en plenas facultades. Mejor que hace 10 y que hace cinco años. No quiero retirarme, la vida me va a retirar. Armani estuvo ahí hasta el final. Para mí ha sido un ejemplo brutal, con una línea muy clara y estable de mujer.
Usted también tiene esa línea clara.
Sí. Por eso, me ha enseñado que puedes vivir hasta los 90 y ser muy activo. Aparte de que su costura era impecable y su estilo muy definido. Tener un estilo definido en la vida es lo mejor.
Tiene en común con el diseñador italiano el disfrute de estar en el atelier. ¿Háganos partícipes de las sensaciones que tiene en ese lugar?
Cuando entra una clienta, me fijo mucho en cómo entra, habla, se sienta… para saber cómo la vestiría. Después viene la parte de cómo es la ceremonia. Si es sencilla, complicada… me pongo en situación y te puedo asegurar que en diez minutos está vestida. No me pongo nerviosa por los cincuenta años y, precisamente por ello, no tengo exceso de confianza. Soy muy precavida y respetuosa. No soy auto suficiente. Escucho mucho. Mi objetivo no es solo vender. Es que la clienta se vaya convencida de aquí. Siento respeto y agradecimiento, porque me han elegido para un día importante de su vida.
















