Necesitaba por unos días relajarme viendo el mar y, ahora que tenemos unos buenos autobuses, he optado por la salida más lógica desde Salamanca: la costa de Oporto y Aveiro en Portugal, el acceso más cercano y que en muchos momentos de la historia nos fue cerrado a los salmantinos.
Todos hemos oído hablar de esos años duros y oscuros en la frontera del estraperlo, cuando Franco instauró la autarquía -en la que solo se podía consumir y comercializar lo producido en España- y los que vivían cerca de la frontera se veían forzados a saltarla ilegalmente para poder subsistir con el comercio de contrabando de productos básicos y necesarios, jugándosela entre Franco y Salazar en la época más dura del fascismo, con Hitler mandando.
Me divierto mucho contestando a los personajes xenófobos que abundan por las redes sociales cuando defiendo a los emigrantes. Intentas recordarles que nuestros padres y abuelos también lo fueron, y te replican como un loro con la frase más que desgastada por el uso: «Los españoles emigraban con papeles y con contrato». Es para responderles: serán los de tu pueblo, porque los españoles de los pueblos de Salamanca y de todas las provincias limítrofes con Portugal cruzaban la frontera a ganarse el pan para sus hijos sin papeles, sin contrato, saltándose la ley y con más miedo a la Guardia Nacional Republicana portuguesa y a la Guardia Civil española que un MENA. Eso, claro está, si no tenías la complicidad de algún cargo uniformado puesto por el régimen en la frontera, que te dejaba cruzar con la mercancía muy tranquilo a cambio de que él también se llevara su parte del negocio -pues al fin y al cabo sus hijos también estaban pasando hambre-. Pero de eso, no daré nunca demasiados detalles ni nombres en la prensa ; la memoria de los difuntos hay que dejarla tranquila.
Fue tal el miedo que cogieron los salmantinos a cruzar la línea con Portugal -ante titulares de prensa con condenas tan brutales, desproporcionadas y absurdas por simplemente haber cruzado la frontera con un paquete de café- que, todavía años después de la caída de la dictadura en ambos países, en los veranos de los años 70 y 80 las familias salmantinas sudaban hasta la deshidratación en viajes de un día entero, apiñados en aquellos coches sin aire acondicionado y con las lunas haciendo efecto lupa, para llegar a Levante o Andalucía y que los niños disfrutaran del mar… cuando tenían la costa de Portugal a menos de la mitad de camino.
Las cosas cambian radicalmente con la entrada de ambos países en la Unión Europea.
Hoy en día, entre la Comunidad Europea y el lío autonómico, es más sencillo irse uno a bañar a la costa de Portugal que a la de Levante: no existe aduana, no tienes que cambiar la moneda, no hay que hacer ninguna operación en el móvil para tener perfecta cobertura e internet, y te atienden con total facilidad y gratuitamente en la sanidad portuguesa ante cualquier contingencia de salud, sin ponerte trabas y a veces con más facilidades que por los lares donde gobiernan los nacionalistas.
Solo falta -y es más que necesario- que se cree la tarjeta de discapacidad europea que reconozca los derechos de las personas con discapacidad en toda Europa (aparcamientos o asientos reservados, por ejemplo) algo que propuso la Comisión Europea en 2023 y aprobó a principios de 2024, pero que dice que se hará efectiva en 2028. Y uno se pregunta cómo se pueden tardar cinco años en hacer una simple acreditación. En Europa el bus y el tren van a alta velocidad, pero la burocracia va a paso de tortuga.
No obstante, en la misma legislación dejaron escrito que algún país podría adelantarse. Bien, amigos, pues ahí va el dato: sin tener ninguna obligación, la tarjeta de discapacidad de Castilla y León se admite para descuentos en los principales monumentos y museos de Oporto. Twelve points for Portugal… si no fuera porque la mayoría de españoles con Israel no quieren verse en eurovisión.
El miedo psicológico a cruzar la frontera se ha perdido totalmente cuando todos empezamos a experimentar que uno de Salamanca es más paisano quizás en Portugal que en Gerona; que a un salmantino, por el contacto histórico, se le hace más natural que el catalán o el valenciano el portugués: esa otra lengua romance ibérica que, como la nuestra, también se habla en África, América y Asia.
Ahora solo hace falta que se decidan las administraciones competentes a potenciarlo. Que teníamos tren a Coímbra, Oporto y Lisboa desde Salamanca, pero vinieron los recortes y nos dijeron que tenían baja demanda; pero donde la Administración Pública ve baja demanda, la empresa privada ve demanda y oportunidades. Entre cuatro y nueve autobuses de dos plantas hacen el recorrido de Salamanca a Oporto a diario pasando por Viseu, Coímbra y Aveiro, mientras que según las Administraciones no hay demanda.
Y uno piensa que, aparte de ser más ecológico, se viaja mejor y más cómodo en tren que en bus -eso, claro está, si las vías no están hechas unos zorros-, y cuantos más años pasan en desuso, más carraca que va a hacer el tren, hasta que luego nos digan que es ya irrecuperable.
Para recuperar nuestro tren al mar tenemos que salir -como ya hemos hecho, pero con más fuerza todavía- todos los salmantinos a la calle a que nos escuche Óscar Puente. Que mira que los de Pucela no suelen ver con buenos ojos que los del oeste vayamos a conquistar el lejano oeste, que los comercios de Portugal venden más barato que los suyos.
Y hablando de Puente, fantástico puente el Don Luis I de Oporto, diseñado por un ingeniero discípulo de Eiffel que, en este caso, superó a su maestro. Patrimonio de la Humanidad, solo verlo merece la visita a Oporto. Construido en dos niveles: por el inferior, a unos 10 metros del Duero, circulan coches y peatones; por el superior, a unos 50 metros de altura, pasa el tren. Allí se observa un hecho antropológico curioso: desde el nivel inferior se lanzan al Duero niños lusos para llamar la atención de los turistas, y también algún aspirante a suicida -pero de farol y buscando también atención-, porque quien va en serio se tira desde arriba. Que, vaya, fallar en matarte es difícil si la intención es clara. Así, según la plataforma desde donde se haya arrojado -la del tren o la de los coches-, el psiquiatra puede saber si iba decidido o era una llamada de auxilio que también requiere atención.
Bien, yo les digo que como algún salmantino escoja el puerto más cercano -el de Oporto- para hacer negocios de importación o exportación y necesite de las infraestructuras de las que es titular Óscar Puente, seguro se va a tirar del puente desde el nivel de arriba, aunque ojo que no es la única Administración responsable de esta desidia.
Les comentaba lo del puente para introducir el tema de los transportes públicos en Oporto: metro, tren, tranvía, autobús, e incluso un teleférico si eso no basta. Sin embargo, apenas se ven patinetes ni bicicletas, esos usuarios de la vía a los que algunos conductores de automóvil dedican improperios con frecuencia, como si les molestaran especialmente.
Y me pregunto si no habrá una relación entre ambas cosas, porque algo parecido ocurre en Lisboa: quizá cuando una ciudad cuenta con buenos tranvías, un metro eficiente y un transporte público de calidad, la gente simplemente no necesita recurrir al patinete.
Aquí en España teníamos tranvías y dijeron que había que quitarlos para abrirles el paso a los coches, y ahora en Portugal son reclamos turísticos. Y ahora aquí nos dicen que son muy caros; son muy caros por haberlos quitado en su día en vez de haberlos mantenido como hizo Portugal. Y veréis como con la vía férrea de Salamanca a Portugal por Fuentes de Oñoro al final acabamos escuchando el mismo argumento.
En fin, que ya me conocen ustedes, que como ecologista estoy siempre defendiendo el transporte público. Lo he hecho con el bus urbano de Salamanca y he aplaudido públicamente en la prensa al Ayuntamiento de Salamanca cuando ha ampliado paradas. Lo he hecho con la Junta de Castilla y León cuando ha instaurado el autobús gratis en la comunidad, y por supuesto aplaudo ahora al Gobierno de España por crear el abono único de transporte a 60 euros, 30 para los jóvenes. Que según algún vocero de la derecha es una ocurrencia electoralista de Pedro Sánchez, pero resulta que no se le ocurrió a Pedro Sánchez, sino a Greenpeace cuando presentó la iniciativa de la tarjeta T-lleva en 2023 como un abono único de transporte para todo el país a 30 euros al mes, y que tras conseguir reunir más de 180.000 firmas con la campaña, las entregó en el Ministerio de Transportes. Se ve que a algunos opinadores el algoritmo no les muestra las campañas de los ecologistas porque no les interesa el medioambiente y, por tanto, no conocen la sucesión de los hechos. Al final vino la tarjeta que Greenpeace reclamaba, y eso sí lo ha hecho bien Óscar Puente; es muy poco frecuente que un ministro de Transportes escuche a los ecologistas.
Pues una vez lo han hecho las administraciones municipales, autonómicas y estatales, ¿dónde está la Unión Europea? ¿No son ellos los que más reglas y leyes crean para reducir las emisiones de CO2? Si el Gobierno de España no arregla la línea férrea Salamanca-Portugal, ¿por qué no la arreglan ustedes, señores de Bruselas? ¿O no son ustedes los que trabajan para derribar las fronteras entre países y unir a los pueblos de Europa? O, por otro lado, si lo ha hecho la Junta de Castilla y León y el Gobierno de España, ¿por qué no subvencionan los autobuses transfronterizos? Que son ustedes -y yo también- los que plantean que, para los euros, es más importante que Zamora esté bien conectada con Miranda do Douro que con Soria. Y, todo sea dicho, lo del Interrail es un producto de lujo.
Y ya animándoos a ustedes a ir a Portugal, voy a animar especialmente a una persona en concreto, pues retumban en estos momentos los resultados electorales de esos otros vecinos nuestros, los extremeños, y parece que ha ganado una mujer del Partido Popular, pero sin mayoría absoluta. Y ahora tiene un problema: tiene que pactar. Y claro, si pacta con la extrema derecha la van a llamar facha y se erosiona; y si pacta con los socialistas, los otros la van a acusar de traidora a España y de pactar con el sanchismo y también se erosiona… y está la pobre mujer entre la espada y la pared.
Pues en esa situación, a tenor de todas las encuestas electorales, parece que va a quedar en unos meses el señor Mañueco. Que para nada digo yo que ese sea el resultado ideal tras la votación, pero si se ve así el señor Mañueco sin saber si juntarse con los unos o con los otros, que para orientarse mire a Portugal, que tiene un buen ejemplo. Pero no: ya verán como para orientarse mira a Génova.



















