Desde Salamanca se busca un algoritmo para anticiparse al deterioro cognitivo

Un proyecto liderado por el IBSAL integra biomarcadores, datos clínicos e inteligencia artificial para predecir el riesgo en fases preclínicas y abrir la puerta a la prevención desde Atención Primaria
David Arranz. / ICAL. Un proyecto liderado por el IBSAL integra biomarcadores, datos clínicos e inteligencia artificial para predecir el riesgo en fases preclínicas y abrir la puerta a la prevención desde Atención Primaria. En la imagen la Dra Ángeles Almeida.

El deterioro cognitivo y las demencias constituyen uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. Su prevalencia crece al ritmo del envejecimiento de la población y, sin embargo, la mayoría de los casos siguen diagnosticándose cuando el daño cerebral ya es irreversible. En este contexto, un proyecto nacional liderado desde el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) aspira a cambiar el paradigma: pasar del diagnóstico tardío a la detección precoz, incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas, y hacerlo, además, desde la puerta de entrada al sistema sanitario, la Atención Primaria, con un cribado tan sencillo como el que se utiliza para la prevención del cáncer de colon o mama dirigido a la población de unos 60 años.

S. Calleja / ICAL. La iniciativa está coordinada por la investigadora Ángeles Almeida, dentro del consorcio MedPer_DC, formado por once grupos de investigación de referencia de seis comunidades autónomas y de carácter multidisciplinar, y financiada con 1,7 millones de euros por el Instituto de Salud Carlos III. Se trata de un ambicioso proyecto de medicina personalizada de precisión que busca desarrollar y validar un modelo predictivo de riesgo de deterioro cognitivo preclínico que ayude a prevenir o retrasar la enfermedad, y con vocación clara de aplicación en el Sistema Nacional de Salud.

“Cuando hoy diagnosticamos, en muchos casos llegamos tarde. El cerebro ya está muy dañado”, explica Almeida a Ical, que precisa que, más allá del alzheimer, hay otras enfermedades neurodegenerativas que producen deterioro cognitivo, como la demencia vascular, cuando se produce un ictus, un infarto cerebral o una hemorragia, que también puede producir un deterioro. “Nuestro objetivo es adelantarnos a la enfermedad, identificar a las personas con mayor riesgo cuando aún no presentan síntomas y poder actuar para prevenir o retrasar su aparición», añade.

David Arranz. / ICAL. Un proyecto liderado por el IBSAL integra biomarcadores, datos clínicos e inteligencia artificial para predecir el riesgo en fases preclínicas y abrir la puerta a la prevención desde Atención Primaria. En la imagen la Dra Ángeles Almeida.

Las cifras avalan la urgencia del reto. El Plan Integral de Alzheimer y otras Demencias estima que más del 50 por ciento de los casos de deterioro cognitivo no está diagnosticado, una proporción que alcanza hasta el 90 por ciento en las fases leves, cuya prevalencia sigue en aumento en España y se estima que afectará a 700.000 personas mayores de 40 años en 2050. La principal causa es que el diagnóstico sigue basándose en la aparición de síntomas clínicos evidentes, como olvidos persistentes, cambios de conducta o alteraciones del comportamiento. Es decir, cuando el proceso neurodegenerativo lleva años en marcha.

En el caso del alzheimer, la enfermedad más frecuente, cuando aparecen los primeros síntomas ya existe una acumulación significativa de proteínas patológicas como el beta-amiloide o la tau fosforilada, lo que limita enormemente la eficacia de cualquier intervención terapéutica. “En ese momento, el daño es en gran medida irreversible”, subraya la investigadora.

Frente a este escenario, el proyecto MedPer_DC propone un enfoque radicalmente distinto, alineado con los principios de la medicina personalizada. El estudio trabaja con un panel de marcadores multinivel que integra información sociodemográfica, clínica, molecular, multiómica, neurocognitiva y funcional, combinada con variables del estilo de vida.

Para ello, los investigadores están recopilando datos a través de cuestionarios y encuestas, biopsia líquida, sensores, análisis de la voz y de la marcha, así como aplicaciones informáticas y tecnologías basadas en inteligencia artificial. Toda esta información se integra en un protocolo estandarizado, con el objetivo de construir un algoritmo capaz de predecir el riesgo individual de desarrollar deterioro cognitivo en un estadio preclínico.

David Arranz. / ICAL. Un proyecto liderado por el IBSAL integra biomarcadores, datos clínicos e inteligencia artificial para predecir el riesgo en fases preclínicas y abrir la puerta a la prevención desde Atención Primaria. En la imagen la Dra Ángeles Almeida.

El deterioro cognitivo no se manifiesta igual en todas las personas”, explica Almeida. “En algunos casos aparecen cambios sutiles en la voz, en otros en la forma de caminar o en determinados comportamientos. La clave está en integrar todos esos datos y analizarlos de forma conjunta”, señala.

Uno de los elementos diferenciales del proyecto es su estrecha colaboración con la Atención Primaria, considerada clave para la futura implantación del modelo. El estudio observacional, multicéntrico y longitudinal ha reclutado una cohorte de 1.050 personas de entre 55 y 70 años, sin deterioro cognitivo, en centros de salud rurales y urbanos de Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid y País Vasco. Además, el proyecto cuenta con una cohorte adicional de 250 pacientes con deterioro cognitivo leve, que permitirá calibrar y validar el modelo predictivo, en el que trabajan 101 investigadores, entre ellos once epidemiólogos y bioestadísticos, nueve matemáticos, 56 investigadores clínicos y 24 básicos.

La Atención Primaria es el primer nivel asistencial y el lugar idóneo para implementar estrategias de cribado”, declara Almeida. “Si queremos que la medicina personalizada llegue realmente a la población, tiene que empezar también ahí”. Pese a la presión asistencial existente, la implicación de los profesionales ha permitido completar con éxito la fase de captación y recogida de muestras, un hito clave para la solidez del estudio, añade.

El objetivo último del proyecto no es solo predecir, sino prevenir. Identificar a las personas con mayor riesgo permitiría establecer un seguimiento específico y aplicar intervenciones personalizadas, muchas de ellas no farmacológicas, orientadas a modificar factores de riesgo, por ejemplo. “El ejercicio físico, los hábitos de vida saludables o la estimulación cognitiva pueden tener un impacto muy relevante si se aplican a tiempo”, apunta la investigadora. “Pero para eso necesitamos saber a quién dirigir esas estrategias”, reconoce.

Desde el punto de vista del sistema sanitario, el impacto potencial es enorme. Las demencias suponen un elevado coste económico y social, no solo para el sistema de salud, sino también para las familias y los cuidadores. “Retrasar la aparición del deterioro cognitivo aunque sea unos años puede suponer un ahorro muy significativo y, sobre todo, una mejora incalculable en la calidad de vida”, destaca Almeida.

David Arranz. / ICAL. Un proyecto liderado por el IBSAL integra biomarcadores, datos clínicos e inteligencia artificial para predecir el riesgo en fases preclínicas y abrir la puerta a la prevención desde Atención Primaria. En la imagen la Dra Ángeles Almeida.

El proyecto se encuentra actualmente en una fase intermedia: los datos ya han sido recogidos y están siendo procesados para desarrollar los modelos predictivos mediante técnicas de inteligencia artificial. El siguiente paso será su validación y explorar la implantación de programas piloto de en Castilla y León, para que el Ministerio de Sanidad cierre una estrategia para el conjunto del Sistema Nacional de Salud.

Almeida subraya la importancia de que sea un proyecto financiado con fondos públicos, lo que facilitará su incorporación al sistema. Además, los datos generados se integrarán en la plataforma IMPaCT (Infraestructura de Medicina de Precisión asociada a la Ciencia y la Tecnología) y parte de las muestras se conservarán en el biobanco del Carlos III para futuras investigaciones.

Con este proyecto, el IBSAL refuerza su papel como referente en investigación en medicina personalizada y de precisión aplicada a enfermedades neurodegenerativas, y se suma a una corriente que, como ya ocurre en oncología o en el paciente crítico, aspira a transformar la práctica clínica: anticiparse a la enfermedad para poder cambiar su curso.

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