La tensión entre Washington y Moscú ha alcanzado un nuevo máximo tras una serie de operaciones navales de alta intensidad en el Atlántico y el Caribe. Bajo la denominada «Operación Lanza del Sur», fuerzas estadounidenses han logrado golpear la infraestructura logística que permitía a Rusia sortear las sanciones energéticas, culminando con la captura de dos buques estratégicos y un acuerdo masivo para redirigir el crudo venezolano hacia puertos de Estados Unidos.
La captura del ‘Marinera’ y la denuncia del Kremlin
El punto de mayor fricción se produjo este miércoles con la interceptación del petrolero ‘Marinera’ (anteriormente conocido como Bella-1). Tras una persecución de más de dos semanas, la Guardia Costera y el Ejército de EE. UU. abordaron el buque en mar abierto, a pesar de que la tripulación intentó camuflar el navío pintando una bandera rusa en el casco y alterando su matrícula.
La respuesta de Moscú no se ha hecho esperar. El Ministerio de Transportes de Rusia ha denunciado la «intercepción ilegal» del buque ante la comunidad internacional, alegando una violación flagrante de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Según el Kremlin, el abordaje se produjo en aguas internacionales, donde rige la libertad de navegación, y ha confirmado que se ha perdido toda comunicación con el navío y su tripulación desde el momento del asalto.
Ofensiva en el Caribe y detenciones
Casi de forma simultánea, el Comando Sur informó de la captura de un segundo buque, el M/T Sophia. Aunque operaba bajo bandera de Camerún, Washington lo ha identificado como parte de la «flota oscura» que transporta petróleo de países sancionados como Venezuela o Irán.
Con estas operaciones, ya son cuatro los petroleros incautados por la Administración Trump desde el inicio de la campaña contra el entorno de Nicolás Maduro, quien permanece detenido en Nueva York bajo cargos de narcoterrorismo.
El petróleo de Venezuela cambia de rumbo
Más allá del conflicto marítimo, el presidente Donald Trump ha anunciado un giro drástico en el mercado energético: el gobierno interino de Venezuela entregará a EE. UU. entre 30 y 50 millones de barriles de crudo de alta calidad.
- Adiós a China: Este suministro, valorado en unos 2.000 millones de dólares, será desviado de sus destinos originales en Asia para abastecer directamente a las refinerías estadounidenses.
- Control total: Trump ha subrayado que él mismo controlará los fondos generados para «beneficio de ambos pueblos» y ha exigido a la administración de Delcy Rodríguez «acceso total» para que empresas como Chevron y ExxonMobil reactiven la industria venezolana bajo supervisión de Washington.
Este escenario deja a Rusia en una posición defensiva en el tablero internacional, mientras Estados Unidos aprovecha la coyuntura para asegurar el suministro energético y consolidar su influencia política sobre las mayores reservas de crudo del mundo.
El petróleo venezolano, bajo control directo de Washington
En el plano económico, el presidente Donald Trump ha anunciado un movimiento que redefine el mercado energético regional: el gobierno interino de Venezuela entregará a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de crudo de alta calidad.
Los puntos clave del acuerdo incluyen:
- Desvío de suministros: El crudo, que anteriormente se destinaba a China, se enviará ahora directamente a muelles estadounidenses.
- Control financiero: Trump ha asegurado que el dinero de estas ventas (estimado en unos 2.000 millones de dólares) será controlado directamente por él para «garantizar su uso en beneficio de los pueblos de EE. UU. y Venezuela».
- Acceso total: El pacto implica que la administración interina de Delcy Rodríguez concederá a empresas privadas y al gobierno estadounidense acceso total a la industria petrolera local, la mayor reserva del mundo.
Gigantes energéticos como Chevron y ExxonMobil ya han mostrado interés en participar en esta nueva etapa de la industria venezolana, que Washington busca reactivar bajo su supervisión directa para asegurar el suministro y consolidar lo que el presidente Trump ya califica como una «gran victoria».















