En el arranque de su segundo año de mandato, Donald Trump ha vuelto a hacer gala de su estilo más irreverente. Durante un encuentro con senadores republicanos, el mandatario estadounidense utilizó a su homólogo francés, Emmanuel Macron, como blanco de sus burlas para escenificar su «victoria» en una supuesta negociación sobre el precio de los medicamentos.
Una imitación burlesca
Trump relató ante los legisladores cómo, tras varias negativas iniciales de París, logró que Macron cediera ante sus presiones. Para dar énfasis a su historia, el magnate recurrió a una imitación del acento francés, refiriéndose al mandatario galo simplemente como «Emmanuel».
Según el relato de Trump, tras amenazar con represalias comerciales, Macron habría capitulado con un tono sumiso: «Donald, hay trato. Subiré el precio de mis medicamentos lo que quieras, pero por favor, no se lo digas a la gente». Con esta anécdota, el presidente buscó proyectar una imagen de debilidad del líder francés frente a su propia capacidad negociadora.
Ataques a la disidencia interna
Las mofas de Trump no se limitaron al ámbito diplomático. El presidente también dedicó parte de su discurso a descalificar a los ciudadanos que se manifiestan en Nueva York en contra de la ofensiva militar que la Armada estadounidense está llevando a cabo sobre Caracas.
En lugar de rebatir los motivos de la protesta, Trump optó por el ataque personal y estético. «¿De dónde ha salido esta gente?», se preguntó el mandatario tras señalar que los manifestantes neoyorquinos eran «los más feos» que había visto en su vida.
Estas nuevas salidas de tono confirman que, lejos de moderar su discurso en este segundo mandato, Trump mantiene la confrontación directa y el sarcasmo como herramientas centrales de su comunicación política, tanto en la escena internacional como en la doméstica.















