Más tarde o más temprano, el olvido recuerda. Frase que se escuchó este jueves en el Centro Documental de la Memoria Histórica –CDMH- y que pronunció Sol Gómez, autora de Memoria de las mujeres. No es suya, es de Octavio Paz, pero es un resumen perfecto del libro, cuya presentación llamó la atención, tanto que se quedó pequeña la sala de actos del CDMH.
Arrancó fuerte la presentación, con una íntima y sentida interpretación de Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández, a cargo de la cantautora Isamil9.
Eso solo fue el aperitivo. La presentación fue in crescendo. Javier Calvo, vicepresidente de la asociación Memoria y Justicia de Salamanca se estrenaba en el cargo y agradeció que quedara conciencia y memoria desde la perspectiva de la violencia de género, que es de lo que va el libro; de la que sufrieron nuestras abuelas y bisabuelas durante la Guerra Civil, el Franquismo y después.
El libro de Sol Gómez Arteaga pone voz a las mujeres que mantuvieron silencio durante años y han sido sus nietas y otras profesionales las que sacan a la luz esos testimonios a través de 25 entrevistas.
Quizá si hubiera más libros que cuenten historias, se lograría no caer en el olvido, porque repetiremos lo que ya han vivido otras mujeres. Hay que saber qué ocurrió y lo que sufrieron las mujeres durante el Franquismo por el hecho de ser esposa, madre o hija de republicano. Algunos de sus hombres murieron fusilados, otros durante la contienda y muchos fueron prisioneros. Ellos no sabían lo que tenían que hacer sus mujeres, hijas o madres para que les llegara la comida. Sin olvidar, que ellas creían -si tener certeza- que les daban esos bocados, que en muchos casos les había costado ser violadas, vejadas y humilladas. A partes iguales.

Sin olvidar que sus cuerpos sirvieron como ‘cubeta’ de ensayo para buscar el gen rojo. “El terror que ellas vivieron, no lo contaron”, puntualiza Javier Calvo, que narró el caso de la señora Cele, que le dijo bajito y casi de manera clandestina que había votado al Partido Socialista. “Era 2004. Hasta entonces duró ese pánico”.
Muchas de esas mujeres tuvieron que casarse, porque eran de segunda clase, y tuvieron que ser sumisas, mártires, católicas o ultracatólicas, si querían seguir viviendo.
El Franquismo está viviendo un repunte entre los jóvenes de 20 o 30 años. Se habla de sus bondades. “Que le pregunten a los muertos cuyos huesos siguen en las cunetas, si con Franco se vivía mejor”, concluyó Javier Calvo.
Una historia real
Luisa Vicente, una de las 25 contadoras del libro Memoria de las mujeres, de Sol Gómez Arteaga, compartió emocionada la historia de su familia. Su abuela y su tío fusilados un 23 de octubre. Fecha que marcó a la familia, pero nadie hablaba de ella.
«Yo soy memoria de mi abuela, silenciada y obligada a guardar sus lágrimas. No oí hablar de lo que le había pasado a mi abuelo o a mi tío. Solo sabía de mi abuelo que era un apersona culta, que le gustaba la geografía y que por Navidad montaba un gran Nacimiento. También de su generosidad con los que menos tenían”, explicó Luisa Vicente.
A su abuelo le gustaba hablar de libertad. La que no tuvieron sus descendientes, porque se notaba su ausencia. “No sabía nada de lo que había sucedido. Nos educamos en un colegio de monjas, para que no tuviéramos que cantar el Cara al sol. Escuchábamos Radio Pirenaica y al llegar la tele, mi padre blasfemaba si salía Franco. Pero, no sabíamos nada de lo que le había sucedido al abuelo y al tío”, relata Luisa Vicente.
Pasan los años y Luisa Vicente comienza a hacer preguntas. Su padre empieza a darle algunas pinceladas de lo que sucedió el día que se llevaron a su padre. Le tendieron una emboscada ideológica y cayó. Lo encarcelaron y su abuela fue a Burgos a pedirle clemencia y la libertad a Franco. Se lo prometen, pero mientras esto estaba pasando, su marido y su hijo eran fusilados en el paredón del cementerio San Carlos Borromeo.
Un día, el padre de Luisa, siendo muy niño está jugando en la plaza de Colón. Se acerca Unamuno y le pregunta qué le pasa. Le cuenta que su padre no está y su hermano, tampoco, y don Miguel, lo consuela. Le faltaba poco a él para morir.

La casualidad quiso que en el fondo de una maleta aparecieran las dos últimas cartas que escribieron el abuelo y el tío de Luisa. Ambas remitidas a la esposa y a la madre. Ambas llenas de amor y sentimientos. El abuelo le pide a su mujer que eduque a sus hijos como buenos y honrados que Dios los va a premiar. Su tío escribe que lo van a matar, pero no sabe por qué.
El padre de Luisa le encomendó que ayudara a la asociación Memoria y Justicia y pusiera voz a los miles de hombres y mujeres a los que se la callaron o no la tuvieron durante la represión y el Franquismo.
La gestación
Memoria de las mujeres se gestó a fuego lento. Primero en forma de artículos que fueron apareciendo en el digital Nueva Revolución y después gracias a la Fundación Jesús Pereda en libro. Sol Gómez es una de las nietas de esas mujeres silenciadas. “Las mujeres que nos precedieron han sido las olvidadas de los olvidados. Por sororidad y solidaridad hay que sacar a la luz estas historias para que emerjan la Historia, porque más tarde o más temprano, el olvido recuerda”, señaló la autora.
Son muchos los muertos que todavía están en las cunetas y dejarlo ahí es como matarlos de nuevo. Hay que sacarlos para sanar heridas. “Les pido a los jóvenes que vayan a los archivos y a una exhumación”, aconseja la autora.
Este libro que se ha presentado en el Centro Documental de la Memoria Histórica narra las historias de las mujeres de la tercera generación –arqueólogas, periodistas, historiadoras, nietas… – que aportan frescura a la memoria histórica y son conscientes de los logros alcanzados. “Se pueden ir de un plumazo si no se lucha por ello, dado el auge del fascismo que estamos viviendo. Este libro saca la memoria al aire para que sus muertes no sean olvidadas”, concluye Sol Gómez Arteaga, autora de Memoria de las mujeres.













