He visto a Julio Iglesias varias veces en mi vida. La primera de ellas en un concierto en La Glorieta, donde vino a cantar a comienzos de la década de los noventa. Me impactó ver cómo atendía a una joven que le entregó una carta. Me gustó tanto su manera de recoger este presente tan significativo, que hice lo mismo cuando tuve la oportunidad de ver a Serrat, también en Salamanca, pero esta vez en la Sindical -hoy Rosa Colorado-.
Pasaron los años y debido a mi trabajo en Madrid, acudí a diferentes eventos sociales en los que también estaba Julio Iglesias. Él como invitado, yo como periodista. Siempre cercano, atento y educado. Simpático, no campechano, ni almibarado.
La última vez que estuve en el mismo salón que él creo recordar que fue durante la presentación de ‘Noche de cuatro lunas’, allá por el 2000. Pudieron ser los salones del Palace, Ritz o Villamagna, no lo sitúo con exactitud. Lo que sí tengo grabada es la expectación que causó, lo bien que nos trató y el buen rollo que estableció con los periodistas y con los fotógrafos, sobre todo con esos últimos.
Tardó un buen rato en colocar el asiento. Lo hizo al milímetro y fue mirando dónde se iban situando los compañeros gráficos, como si de una valla invisible se tratara, con una sutileza quirúrgica los ubicó allí donde el objetivo de la cámara solo captara su lado bueno. Cuenta la leyenda, que sobre Julio Iglesias hay muchas, que una mano inexperta le jugó una mala pasada en su lado izquierdo de la cara y solo deja que se le vea el derecho.
Todo un señor, porque a nadie hizo sentir incómodo por reubicarlos, ya que miró con detenimiento y dándoles su tiempo a cada uno de las cámaras allí congregadas. Todos los fotógrafos que acudieron tuvieron a Julio Iglesias mirándolos detenidamente, sin parpadear y luciendo su mejor sonrisa.
Luego llegó el turno de preguntas. La gran mayoría jugando con la otra leyenda de Julio Iglesias y con el título del disco. Tales como: Cuántas lunas de miel ha vivido Julio Iglesias; cuántas de hiel; Los besos y labios que ha rozado… Al final el mito de un conquistador lo ha aupado la prensa y él se ha prestado al juego, porque era un truhan, pero también un señor y casi fiel en el amor. Eso lo ha cantado y recantado por todo el mundo.
Lo que vi en las ocasiones en las que compartí espacio de trabajo con Julio Iglesias es que es un profesional. De puertas para dentro de nuestras casas… ¿De qué te vale ahora presumir?
















10 comentarios en «Julio Iglesias en Salamanca»
Ni ton ni son .
» Hermana yo si te creo», con las mujeres víctimas
una canción de Julio Iglesias:
Las mujeres agredidas y denunciantes, son valientes. Sus declaraciones tienen mucha más consistencia que este artículo.
Yo sí las creo!!
Julio Iglesias no es un señor, es un señoro, machirulo que ha aprovechado siempre su posición de fama y poder para cometer agresiones sexuales.
Vergüenza dan quienes defiendes a tipos como este.
Qué poca vergüenza ,violador y se le da pábulo, me importa un bledo ,si ha venido o no a Salamanca
Estoy hasta los ovarios de aguantar a tanto machista y encima violador
Estoy hasta los ovarios de aguantar a tanto machista y encima violador
canción de Julio Iglesias:
Fuiste mía
solo mía
Mía mía
Cuando tu piel era fresca,
como la hierba mojada
Fuiste mía,
solo mía
Mía mía
Cuando tu boca y tus ojos
de juventud rebosaban
Fuiste mía,
solo mía
Mía mía
Cuando tus labios de niña
mis labios estrenaban
Fuiste mía,
solo mía
Mía mía
Cuando tu vientre era aún
una colina cerrada
Lo mejor de tu vida
me lo he llevado yo
Lo mejor de tu vida
lo he disfrutado yo
Tu experiencia primera
El despertar de tu carne
Tu inocencia salvaje
Me la he bebido yo
Lo mejor de tu vida.
Y si no me dejas «lo mejor» de tí, te lo compro o te lo quito. ¿Será posible que alguien se atreva a defender a este canalla?
Asunto complejo, donde los haya! El tiempo dirá porque, al final, la verdad siempre sale a luz!