Empieza otro año y con ello la esperanza de cambios y los buenos deseos que no faltan todos los principios de año.
Nos persigue la actualidad y la incertidumbre ante lo desconocido y lo que este año puede suceder. Sin embargo, estoy segura de que poco cambiará en muchos aspectos.
Volver al colegio después de Navidades puede ser alegría para unos y dolor para otros. Las mochilas se cargan de sueños, alegría, pero también decepciones y en muchas ocasiones de sufrimiento.
Quien vive de esperanza, se muere de hambre, y esto me lo repitió siempre una persona que me hizo espabilar bastante, pero hay que seguir pidiendo que no se vuelvan a cometer los mismos errores que ya hemos cometido anteriormente y esto vale a todos los niveles
Entramos en dinámicas peligrosas cuando no queremos admitir lo que tenemos delante de las narices y volvemos la cabeza hacia lo que conviene o interesa.
Miramos hacia los lados y vemos como la vida sigue con silencios que matan y ruidos que ensordecen, pero que siguen callando la realidad de una deriva que no queremos ver.
Mirarse el ombligo se ha convertido en el deporte favorito de demasiada gente, que se mantiene con la prepotencia de no querer escuchar a quienes realmente necesitan ser escuchados.
Se aprueban leyes por parte del Consejo de Ministros que contemplan el derecho al honor, la intimidad y la propia imagen y deberían preguntarse porque hasta ahora todo eso en los casos de acoso escolar y ciberbullying, no lo han tenido mucho en cuenta ¿Qué piensan hacer si quien vulnera esa Ley es un menor de 14 años? ¿La ley será igual para todos?
La respuesta se la doy cuando quieran, porque para aprobar leyes, necesarias sin duda, deberían de actualizar otras que como la Ley del Menor está obsoleta en muchas cosas y acabar de implantar la Ley de Protección a la Infancia y Adolescencia que dependiendo donde hayas nacido, tendrás más suerte o menos.
La evolución es buena, la actualización a la sociedad en la que vivimos es necesaria, no existen las mismas cosas, ni los mismos delitos que hace años y así lamentablemente lo vivimos todos los días. No podemos vivir anclados en un pasado que no existe ya y eso implica la reforma, el nacimiento y las actualizaciones de realidades que no se pueden seguir negando.
Los buenos deseos de enero, en febrero se han disipado, esperemos que en algunas cosas sea así y en otras no se disipen durante el año y nos sorprendan con lo dicho anteriormente y el nacimiento de la ley estatal de acoso escolar que desde hace varias legislaturas venimos demandando. Ya va siendo hora ¿no creen?

















