El cura de Valdepeñas afirma en sus redes sociales que él es padre de todos, aún de los feligreses que son mayores que él y que se siente muy identificado con esta “paternidad”. Es una idea muy católica, quizá no tan cristiana, de la que alardean él y otros muchos sacerdotes de esta nueva ola. Yo, respetando sus sentires, siento cierta pena por ellos, que van a morir en la ignorancia, sin descubrir algo fundamental para los discípulos de Jesús.
Es palabra evangélica clave para la mentalidad cristiana esta otra de la fraternidad o hermandad. El Cristo prohibió a sus secuaces que nos llamásemos padres, maestros o señores “porque uno solo es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” El es el Hermano mayor y universal que nunca se mostró como padre de nadie, sino como hermano en el camino. Es por eso que nuestra fraternidad define nuestra comprensión y acercamiento al Misterio de Dios. Todo lo demás es vanidad, literatura de la mala o autosuficiencia.
Quien aspire a que le reverencien con algún tratamiento de distancia o prestigio, quien aparezca superior a otros con títulos y dignidades no ha entendido nada del proyecto humanitario de Jesús. Quien se apoya para existir en honores y cargos sociales demuestra que tiene la autoestima muy baja y debería ir al psicólogo porque aún no sabe quién es ni se ama a sí mismo.
Tengo dicho y actuado que la palabra “Hermano” es una de las más bellas de nuestro diccionario. Que no quiero otro título ni nombre. Me evoca esencias muy humanas: igualdad, sencillez, cercanía. Está hecha de armonía y amistad. Equipara a los que así se designan, rompe barreras, invita a marchar juntos por el único sendero que hace felices a todas las personas.
En el otro mundo no habrá otra dignidad que la que nos aporta la fraternidad. Seremos hermanos y hermanas. El tratamiento será de tú. Costumbre ésta que no atenta al respeto entre las personas. Nadie es más que nadie en el terreno de la dignidad humana. Y ante la divinidad todos somos iguales. Él nos llamará a todos de tú.
Al dejarnos llamar hermanos estamos haciendo posible otro tipo de relación y de valores más profundos, no situamos en el mismo nivel de los derechos humanos, nos sentimos radicalmente iguales y vulnerables en el camino de la existencia. Y combatimos desde esta cercanía y compromiso la indiferencia, las distancias egoístas y los desequilibrios sociales.
Nos reconocemos débiles y necesitados de ternura y compañía. Aceptamos el no estar por encima de nadie como si solo nosotros estuviéramos en posesión de la verdad. La fraternidad rompe legalismos y estamentos tópicos. Empecemos poniendo la palabra hermano o hermana: lo que venga luego será siempre positivo y esperanzador.
La situación actual de nuestro mundo amenazado por tantos intereses egoístas y bélicos corrobora esta falta de fraternidad universal que hoy es más necesaria que nunca. Colaboremos en la medida de lo posible a que nuestra Tierra llegue a ser un espacio solidario y familiar. Que todo el género humano se sienta hermanado en la paz y el desarrollo humanitario.
Y que esta última moda-ola neocatolicista descubra que los seguidores del único Maestro estamos para servir, para ayudar, para colaborar a hacer un mundo mejor con tantas personas de buena voluntad -creyentes o no- que con tanto amor trabajan por la igualdad y cercanía universales.
Y ojalá que mi querido hermano de Valdepeñas -y otros muchos con él- se hagan mirar lo de su autoestima y fidelidad evangélicas .
Lograrían ser más felices.
















