A Peridis le sienta muy bien el Paraninfo de la Universidad

José María Pérez -Peridis- presentó en el Edificio Histórico su último libro 'El tesoro del convento caído' con un gran éxito de público al que deleitó con sus ocurrencias y al final con una 'interpretación' teatral
José María Pérez 'Peridis' presentó el libro 'El tesoro del convento caído' , junto a Eduardo Favián, Ana Chaguaceda y Pablo Unamuno en el Paraninfo

Hubo cambio de planes de última hora y es que Peridis -José María Pérez- es mucho Peridis. El Aula de Unamuno del Edificio Histórico se quedó pequeña, debido a la gran afluencia de público que asistió a la presentación de su último libro, El tesoro del convento caído, y todo el mundo se trasladó al Paraninfo.

Le sienta muy bien el Paraninfo a Peridis. Tanto que en varias ocasiones bromeó con que el público lo estaba invistiendo Honoris Causa mientras presentaba el libro. Por aquello de que en ese significativo lugar se procede a las ceremonias de Honoris Causa. Aprovechamos la ocasión… ¿Para cuándo un Honoris Causa para José María Pérez -Peridis-?

Acompañaron al arquitecto, restaurador, humorista gráfico y escritor en la mesa Ana Chaguaceda, directora de la Casa Museo Unamuno; Eduardo Fabián, profesor de Derecho y uno de los responsables de que Peridis encontrara el final de esta novela y de que el autor estuviera en Salamanca. Y, Pablo de Unamuno, nieto de don Miguel.

“Si cuento en Madrid que he venido a Salamanca y he estado sentado a la izquierda de Unamuno, nadie me cree”, bromeó Peridis en varias ocasiones para regocijo del público asistente.

Ana Chaguaceda definió a sus compañeros de mesa como personas, las tres, que quieren remover y cambiar las cosas.

Resumió la intensa vida laboral de Peridis, arquitecto, 50 años ofreciendo una viñeta en El País, restaurador y ahora escritor. “Es un gran humanista, comprometido, erudito y de onda calidad humana, buena persona…”

Justo en este momento, Peridis interrumpió a Ana Chaguaceda. “¡Me has jodido con la expresión de buena persona! Cuando se dice de alguien que es buena persona es que ya está acabado”, bromeó y volvió a recibir las risas del Paraninfo como respuesta a su ocurrencia.

Chaguaceda retomó la palabra y dijo que una de las grandes pasiones de José María Pérez, Peridis, es el Románico.

Casi, casi que es lógico, porque tuvo la suerte, al trasladarse su padre, guarda forestal, a Aguilar de Campoo de tener como patio de juegos lo que quedaba del convento de Santa María del Real. Era su lugar de aventuras, con su amigo Jelín, y el sustento, porque allí estaba la huerta del convento que ellos cultivaban. “Mi madre plantaba habas y yo perras chicas (dinero), pero las mías nunca crecieron”, compartió el escritor de El tesoro del convento caído. Un libro por cuyas páginas transita la vida de Peridis.

Si tenemos en cuenta las anécdotas que contó en el Paraninfo de la Universidad ligadas a su vida, la casualidad jugó una baza importante en la vida de Peridis. El convento de Santa María del Real fue la primera restauración que realizó en un templo Románico. Esto le permitió montar las primeras escuelas taller para ayudar a jóvenes en riesgo de exclusión pero, además, un salmantino, Sebastián Battaner -al mencionar su nombre hubo aplausos en el Paraninfo-, le financió la Enciclopedia del Románico, una de las obras más importantes y completas que se han escrito y recopilado sobre este arte.

Otra de las casualidades es que cuando llegó a Madrid, a casa de su tío Laureano, cura para más señas, al ser preguntado qué quería ser, él le dijo mirando una grieta del techo que quería ser arquitecto. Lo consiguió. Compaginó trabajo y estudios y salió con los dos empleos.

Su primer trabajo en Madrid fue en una imprenta que estaba en la calle Cervantes, esquina con Quevedo y en frente de la casa de Lope de Vega. Con esos referentes solo podía ser escritor, aunque ésta es la última faceta profesional que ha desarrollado, hasta ahora.

Hubo un invitado especial a la presentación de El tesoro del convento caído. Fue Miguel de Unamuno, al que Peridis venera. De hecho, su libro se podía haber titulado con una frase que pronunció el rector de la Universidad de Salamanca en 1921 cuando visitó las ruinas del convento de Santa María del Real: “Hasta una ruina puede ser una esperanza”.

Hizo reír a los presentes cuando contó anécdotas de Di Stéfano y de las prendas íntimas de su mujer al salir del Seiscientos; de los recuerdos que tiene de su bautizo y que el cura don Victoriano quiso que fuera arzobispo de Toledo. “Me acuerdo que me echaron agua bendita, que hacía mucho frío y que me meé”, recordó y volvió a cosechar risas.

Tiene energía para comenzar nuevas aventuras, quizá la interpretación. Tablas de actor y de director teatral tiene. Lo dejó claro en el Paraninfo, donde realizó una actuación teatral, emulando La rendición de Breda, junto a Pablo de Unamuno.

Sonrisas, aplausos y una larga cola para que Peridis firmara su último libro, El tesoro del convento caído, justo en el Paraninfo, que aunque en la época de Unamuno la mesa estaba al contrario, “como muchas cosas en España”, dijo en un momento Peridis que el espíritu del filósofo estuvo sobrevolando todo el acto.

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