Castilla y León experimentó el mayor crecimiento del envejecimiento de toda la serie histórica en 2025, con un avance de 6,8 puntos porcentuales en relación a 2024, para alcanzar su máximo, del 230,7 por ciento, es decir, casi 231 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16.
ICAL. “Detrás de esta realidad se combinan diferentes factores, especialmente, una natalidad persistentemente baja y una esperanza de vida en aumento, que configuran un escenario demográfico cada vez más desequilibrado”, como se destaca en un informe difundido este jueves por The Adecco Group.
El análisis precisa que en el conjunto nacional, el índice de envejecimiento aumentó un 5,7 puntos, hasta situarse también en un máximo histórico del 148 por ciento, informa Ical. El Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco indica que en Castilla y León, por tanto, “el envejecimiento es considerablemente superior al nacional, superando la cifra en 82,7 puntos porcentuales”.
Una autonomía envejecida desde el 92
Castilla y León es una Comunidad envejecida desde el año 1992 (ejercicio en el que su índice de envejecimiento superó por primera vez el 100 por ciento). En la década de los años 90, el envejecimiento de la población en la autonomía aumentó de forma notable, debido, según el estudio, “a la salida de personas -principalmente jóvenes- que emigraron a otros territorios en busca de oportunidades laborales”. Posteriormente, entre 2002 y 2013 se produjo cierta contención a partir del efecto de la inmigración, que “contribuyó a rejuvenecer la estructura demográfica de la Comunidad”.
La investigación asegura que desde 2013, el envejecimiento de la población en Castilla y León “no ha dejado de crecer, como consecuencia de la baja natalidad, el aumento de la esperanza de vida y la salida de población joven hacia otras regiones en busca de oportunidades laborales, factores que han acentuado progresivamente el desequilibrio demográfico”.
En este sentido, incide en que en 2020, el número de personas mayores de 64 años duplicó al de menores de 16 en Castilla y León, una tendencia que “sigue acelerándose”, y desde entonces, y durante el último lustro, el envejecimiento se ha disparado un 14 por ciento en la Comunidad.
“Este fenómeno no solo redefine la pirámide poblacional, sino que plantea implicaciones para el mercado laboral, que deberá afrontar una reducción de la población activa (faltará relevo generacional) y una presión creciente sobre la disponibilidad de talento”, constata.
Zamora, a la cabeza de España
Por comunidades autónomas, vuelve a liderar el ranking de envejecimiento Asturias, con un índice de envejecimiento del 265,3 por ciento (265 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16), seguida de Galicia (231,6 por ciento) y Castilla y León (230,7 por ciento). Estas tres comunidades ya presentan más del doble de población mayor 64 años que menor de 16 años.
En el otro extremo, las ciudades autónomas de Ceuta (74,5 por ciento) y Melilla (60,4 por ciento) son las únicas que resisten con índices aún por debajo de 100 por ciento, registrando -todavía- una mayor proporción de jóvenes.
El observatorio expone que Castilla y León, por tanto, ocupa el tercer lugar en el ranking de envejecimiento en España. De hecho, agrega, la Comunidad alberga la provincia más envejecida de España: Zamora, con un índice de envejecimiento del 340,9 por ciento, es decir, hay más del triple de personas mayores de 64 años que de menores de 16.
Así, por provincias a Zamora le sigue León (277,9 por ciento); Salamanca (252,4 por ciento), Palencia (243,8 por ciento); Ávila (221,7 por ciento); Soria (207,4 por ciento); Burgos (202,5 por ciento), Valladolid (196,7 por ciento) y Segovia (182,9 por ciento).
Edadismo laboral
El documento presenta el análisis Envejecimiento y edadismo laboral, bajo la convicción de que el “envejecimiento demográfico se ha convertido en un factor determinante para el futuro del mercado de trabajo”. En este sentido, defiende que “resulta esencial impulsar la incorporación y permanencia del talento sénior, una condición indispensable para asegurar la capacidad y resiliencia del tejido productivo a medio y largo plazo”.
En este sentido, expone que actualmente, en Castilla y León hay 200.499 personas entre 6 y 15 años que, en la próxima década, alcanzarán la edad legal para incorporarse al mercado laboral. Si se aplica la tasa de actividad del 34,3 por ciento registrada en la última Encuesta de Población Activa (EPA) para los menores de 25 años en Castilla y León se puede estimar que solo 68.771 de estos jóvenes pasarán a formar parte de la población activa en los próximos diez años.
Esta cifra contrasta de forma significativa con las 301.600 personas de 55 años o más que abandonarán la actividad laboral en ese mismo periodo, según los datos actuales de población activa. En otras palabras, por cada cuatro personas que se jubilan, solo una se incorpora al mercado laboral, lo que evidencia un llamativo desequilibrio en el relevo generacional.

En suma, la diferencia entre las 301.600 personas de 55 años o más que dejarán de trabajar y los 68.771 jóvenes que previsiblemente se incorporarán a la población activa en la próxima década, se traduce en una brecha de relevo generacional de aproximadamente 232.829 personas.
En este contexto, el director general de la Fundación Adecco y director de sostenibilidad de The Adecco Group, Francisco Mesonero, indicó que “Castilla y León se adentra en una nueva realidad demográfica que desafía la competitividad empresarial y la sostenibilidad del Estado del Bienestar. El índice de envejecimiento no deja de crecer y esta realidad demográfica coloca a la región ante un desafío estructural que no admite más demoras; en este contexto, el edadismo se revela como un fenómeno obsoleto y como un profundo contrasentido. No podemos permitirnos prescindir de la experiencia y la capacidad productiva de los profesionales mayores de 45 años. De hecho, si todas las personas mayores de 45 años que actualmente se encuentran en situación de desempleo en Castilla y León (40.700) empezaran a trabajar, la brecha de talento derivada de la falta de relevo generacional podría reducirse en un 17,5 por ciento”.
Asimismo, comentó que “esta situación -el pleno empleo de los mayores de 45 años- es evidentemente utópica en términos absolutos, pero pone de manifiesto el potencial desaprovechado y sugiere que la activación del talento sénior constituye una de las palancas más inmediatas y efectivas para sostener nuestra estructura productiva”.
En la misma línea añade que que “la modernización de nuestro país pasa, sin duda, por integrar plenamente a las personas sénior en el mercado laboral, a través de políticas activas que favorezcan su empleabilidad, y de estrategias de Diversidad, Equidad e Inclusión orientadas a erradicar el edadismo y a combatir de manera definitiva los sesgos de edad”.
“Las organizaciones que sepan aprovechar la experiencia, el conocimiento y la capacidad de adaptación de los profesionales sénior estarán mejor preparadas para afrontar los retos de competitividad, productividad y transformación que exige el contexto actual. Apostar por el talento sénior no es solo una cuestión de responsabilidad social, sino una decisión estratégica para garantizar la sostenibilidad del tejido empresarial y del propio mercado laboral en el largo plazo”, sentenció.
Además, para mitigar las consecuencias de la falta de relevo generacional, la apuesta por el talento sénior, dijo, “deberá ir acompañada de un enfoque integral que combine la activación de personas con capacidad para trabajar que actualmente permanecen inactivas -como, por ejemplo, las personas con discapacidad-, el desarrollo de políticas migratorias claramente orientadas al empleo, capaces de atraer y retener aquellos perfiles que el mercado interno no logra cubrir, así como el aprovechamiento de la Inteligencia Artificial como una palanca clave para automatizar tareas repetitivas, reducir errores y liberar tiempo y recursos que puedan destinarse a actividades de mayor valor añadido”.












