Ordenando papeles, Julián Lanzarote se encontró con documento extraído y recreado a partir del pliego del condel de Finardo Valerio, sobre la crecida de San Policarpo (impreso por la viuda de Córdoba en 1626) y que Europa Artes Gráficas regaló en 1997 por Navidad.
“Los salmantinos tenemos una historia tan inmensa en todos los aspectos. Es una ciudad tan distinta a todas… La riada de San Policarpo del año 1626 se conoce, pero poco. Lo terrible es que fue una desgracia y Salamanca estuvo a punto de desaparecer”, explica Julián Lanzaron, quien fuera alcalde de Salamanca entre 1995 y 2011.
El puente Romano de la época de Trajano quedó parcialmente destruido, se salvaron 14 arcos, los más próximos a la ciudad. “Debió de ser tremendo. La riada se llevó por delante vidas humanas, que no se sabe cuántas, porque no había estadísticas, y las ‘fábricas’ curtidoras de piel, en las que Salamanca comenzaba a tener cierto prestigio. Esa historia me impactó a mí cuando la conocí”, puntualiza Lanzarote.

El puente romano que cruza el río sufrió graves desperfectos teniendo que ser restaurado en gran parte. Cuatro arcos de la parte más alejada de la ciudad se hundieron completamente, dejando la ciudad incomunicada por este lado; en días sucesivos se fueron hundiendo más arcos hasta parar en el castillete central. El puente volvió a ser reconstruido a partir de 1627, durante el reinado de Felipe IV.
Las lluvias volvieron a causar una riada en febrero de ese mismo año pero con menores consecuencias.
Así contaron lo que ocurrió este lunes hace 400 años en Salamanca, el día de San Policarpo, también fue lunes, pero las lluvias comenzaron dos antes.
Tres días de miedo y luto
Lunes en la tarde que se contaron 26 de enero, habiendo precedido sábado y domingo grandes aguas y furiosos vientos, tendió la noche su manto negro, como se requería para las exequias de la futura tormenta.
La cual se comenzó a continuar desde las 4 de la tarde con aires y obscuridad espantosa, hasta que a las 9 de la noche llegó la inhumana crecida, con tan gran ímpetu y tan furiosa corriente, ocupando todos los ojos de la puente con ser muchos y muy capaces, que volvió inundando hacia atrás y anegando todas las casas y conventos que tenían asiento en toda la Vega y arrabal de Santa María la Blanca.
Fue cosa de notable compasión y lástima por coger a la desgraciada gente descuidada y casi toda durmiendo, sin esperanzas de que hubiese el Tormes de crecer, lo que después tan a su costa se vio, por no haberse nunca visto semejante daño y suceso.
Éste fue efecto causado de la inundación de la agua detenida con la puente, más dióle la corriente tan fiera batería con las vigas, materiales y haciendas que de las casas arrebataba, que la rompió por tres partes. Y, creciendo el río con notable exceso, se anegó toda el arrabal de la Santísima Trinidad sin dejar casa alguna que no arruinase, excepto el cuerpo de la iglesia de San Lázaro, que es de frailes Agustinos descalzos, y la de la Santísima Trinidad.
Y así mismo anegó todas las casas que estaban fuera de la ciudad, que serán más de quinientas, sin perdonar casa de campo ni recreación alguna, ni huerta. Mostraron bien en esta ocasión los caballeros su mucho valor y nobleza, no faltando en tan grande conflicto con su ayuda y amparo, remediando muchas vidas. Don José de Anaya (que en infinitos peligros a que acudió, dando socorro y nadando para sacar mucha gente en sus hombros y niños), estuvo tantas veces con peligro conocidísimo de su vida, y más sacando una mujer de casi medio del río, entrando en un caballo nadando, que estaba agonizando, la asió por los cabellos y últimamente quiso Dios que viviese.
Recogiéndose aquella noche toda la gente muy tarde, absortos y confusos de caso tan inopinado y repentino como lastimoso, quedando el arrabal de la Santísima Trinidad, que es el que está de la otra parte del río, combatido de todos los cuatro elementos que contra él se revelaron.
El martes
Martes muy de mañana salió el Corregidor y todos los caballeros y estudiantes y ciudadanos a poner remedio en lo posible, pero el estrago era tal que sólo Dios bastara a remediarlo.
Y en tan lastimosa tragedia sucedió un milagro extraño que movió a compasión y alegría a toda esta ciudad y fue que por las furiosas olas y rápido corriente se vio venir un bulto en pie que, acercándose, conocieron que era una imagen de la sacratísima Virgen del Rosario, sin faltarle cosa por donde se pudiese colegir, no solamente que había recibido golpes y encuentros de tanta madera como venía por el río, pero ni aunque había venido menos que en algunas andas, por traer el niño Jesús en sus divinas manos un clavel de seda y un vidrio sin quebrarse, lo cual se tomó por fe y testimonio, y autorizado del señor Obispo la llevaron a la santa Iglesia Mayor, donde se hizo una muy solemne procesión, yendo en ella el señor Obispo con toda la nobleza de esta ciudad, y la colocaron encima del sagrario donde queda con la veneración que a Madre de Dios se debe.
El jueves
Olvidáronse de la falta de sustento, hasta que el jueves hizo su efecto la necesidad, de suerte que no se oía otra cosa que pedir pan unos a otros, sin haber quien lo pudiera dar, por haberse llevado la creciente todas las aceñas, y molinos sin perdonar uno.
Lo que esta crecida ha causado de pérdida a esta ciudad sin otros lugares que se ha llevado de su jurisdicción, con la puente de Alba de Tormes, dicen son más de ochocientos mil ducados.
Advierto a Vuestra Señoría cómo la Universidad se ha mostrado piadosa madre con sus hijos, pues en tan grande necesidad y apretura, acude todos los días con noventa fanegas de pan amasado, y puesto en casa de Antonio Ruano, su Secretario, para que desde allí se dé el socorro necesario a los proveedores de las casas de los estudiantes.
En este estado se hallan las cosas de esta ciudad al presente, si se ofrecieren otras cosas de que dar aviso a Vuestra Señoría lo haré con el mismo gusto, a quien guarde Dios nuestro señor. Enero, 29 ut supra de 1626. LAVS ? DEO














