Microorganismos, cerebro y control mental es el título del nuevo libro de Raúl Rivas. Se trata de un sorprendente trabajo del microbiólogo salmantino, en el que comunica cómo algunas bacterias, virus, hongos y parásitos que infectan el cuerpo de los seres humanos y de los animales, pueden alterar la conducta, las emociones y hasta los instintos más básicos de sus hospedadores.
Una circunstancia que llega hasta el extremo, según explica este investigador, de que existen unos microorganismos que pueden conseguir que el portador crea que las decisiones que toma son propias, y no fruto de una manipulación llevada cabo por el parásito, quien, mediante una estrategia sofisticada, específica y adaptativa, obliga al huésped a tomar decisiones que favorecen la supervivencia del patógeno.
La enfermedad de Lyme y sus vínculos con comportamientos violentos, el toxoplasma y su capacidad para modificar la personalidad, o el virus de la rabia y las alucinaciones que provoca, serán, entre otros muchos, ejemplos que explican qué ocurre cuando organismos invisibles toman el mando del cerebro humano, un hecho que provoca que en muchas ocasiones no se controlen las decisiones.
Por otra parte, cigarras hipersexuales drogadas con psilocibina, cucarachas zombificadas que obedecen a avispas, o gamáridos suicidas que nadan hacia la luz, serán, igualmente, otras muestras, en esta ocasión ocurridas en el cuerpo de un animal, que ratifican cómo los microorganismos manipulan el comportamiento.
Y es que la naturaleza está repleta de casos asombrosos y extraordinarios -algunos hermosos, otros terroríficos- que emergen de un mundo oculto, donde minúsculos organismos ejercen un poder descomunal sobre cerebros infinitamente más grandes que ellos.
Hongos que convierten insectos en difusores de esporas alucinógenas, parásitos que hacen que los ratones busquen activamente a sus depredadores, o bacterias capaces de alterar nuestra personalidad, forman parte de este increíble universo, que se extiende al género humano. Por si fuera poco, la microbiota intestinal puede influir en la aparición de enfermedades neurodegenerativas y en la alteración de la psique humana.

















