Roberto García Palmero está emocionado con Vidas curvas, su primera novela que verá la luz en abril, y que lleva rumiándose en su cabeza unos 15 años. Durante la conversación hablará de cómo es escribir y contará las aventuras de cómo es publicar. Todo un logro. Su sueño es estar el año que viene en la Feria del Libro de Guadalajara, en México.
Como decía Martín Lutter King: ‘Tengo un sueño’. Roberto, ¿también tienes un sueño?
Sí y se ha cumplido. Ahora lo que hay que hacer es seguir soñando, volando con él a través de la promoción a la que espero dedicarle un año de trabajo para darle visibilidad.
¿Cuánto tiempo llevaba soñando con ver su libro publicado?
Desde el 2018 me generaba cierta ansiedad.
¿En qué sentido?
Tenía la energía adecuada para afrontar el sueño…
Usted es joven.
(Risas) Sí, pero me he tenido que obligar un poquito a salir de esa zona de control o confort del escritorio. Intentar mercantilizar esta idea a través de la publicación de la novela.
Habla de Vidas curvas.
Sí. Una novela que es ficción contemporánea, que se desarrolla en nuestra querida Salamanca en la primera década del siglo XXI. Vidas curvas lo extraje de un fragmento de una frase y es perfecto el título. Sobre todo cuando has acabado de leer la novela. No es una opinión solo mía, me lo ha dicho más gente, y me rodeo de personas que no son muy condescendientes conmigo. Me apellido García Palmero y no soporto los palmeros.
(Carcajada)
Prefiero una crítica constructiva que un pelota al lado.
¿Es autobiográfica?
No. Trabajo de cara al público, conozco a mucha gente… Es ficción contemporánea. Si que es cierto que en la trazabilidad de la trama es posible que haya alguna experiencia propia, es inevitable, somos humanos,… Pero, sobre todo son ajenas y pensadas a lo largo de los 15 años en los que he estado conviviendo con esta novela en mi cabeza. Aunque de estos años, le he dedicado tres años y medio.
Es mucho tiempo.
Sí. Un libro hasta que no acabas de corregir la última frase, está permanentemente aleteando dentro de tu cabeza. Para mí, siempre será un manuscrito.
¿Lo va a releer o le da miedo por si acaso encuentra algo que ahora cambiaría?
Belén, la primera correctora que tuvo lo novela, me enseñó a escribir mejor de lo que escribía, lógicamente. Me dio un consejo: ‘Intenta corregir en papel y la última corrección que hagas, hazla en voz alta, porque el oído también corrige’.
¿Lo hizo?
Sí. La he leído en voz alta y suena bien.

De aquella novela que comenzó a escribir hace tres lustros a la que vamos a tener ahora en abril, ¿hay mucha diferencia?
No. La historia es la misma, lo que ocurre es que en la última corrección, que pasó por manos de Laura, me hizo incorporarle un capítulo más, porque a un personaje le faltaba algo. Acabé agotado y robándole muchas horas al sueño. La verdad es que cuando me lo dijo, me cabreó muchísimo, porque tenía razón.
¿Mereció la pena?
Desde luego. Le faltaba un pasaje a uno de los personajes, que además es la protagonista. Tuve que escribir unas páginas más. Ahora, estoy muy satisfecho, aunque me hiciera sufrir mucho.
¿Cómo ha convivido su pasión, que es la escritura, con su trabajo de día a día que es más pragmático y con el que paga las facturas?
La escritura, más que una escapada, una huida… se trata de una necesitad. Para mí, la escritura es terapéutica y lo necesitaba. En la vida real, cuando vas madurando y entrando en la adultez, se va haciendo más pequeña, porque el trabajo, los horarios, las obligaciones… A mí, a medida que la rutuna me iba estrechando mi ámbito vital, gracias a la lectura y después a la escritura he podido vivir como realmente quería vivir. Soy extremadamente feliz escribiendo, aunque también se sufre mucho.
¿En qué sentido?
Generar una historia de la nada, conlleva muchas horas de reflexión. Escribir es pensar. Eso, muchas veces, exige cavilar hasta la extenuación. Hay ideas que son muy obsesivas.
Por ejemplo.
Todos mis personajes literarios existen físicamente.
Curioso.
En mi cabeza necesito despertar físicamente a mis personajes. Algunos los conozco de ‘hola y adiós’. Otros son del trabajo, del vecindario…
O sea, se pueden buscar.
Sí, que se busquen. Lo que ocurre es que la personalidad se la incorporo yo. Necesito una estructura morfológica en la que basarme y que me estimule. Puede ser un actor de teatro, una actriz de cine, un deportista… cuando estás viajando y ves una persona que te encaja con un personaje. Eso me ayuda muchísimo a visualizar cada personaje y convivir con ellos.

Es su primera novela publicada, pero usted siempre ha escrito.
Sí. En 1º de BUP -3º de la ESO- mi profesora de Lengua nos obligaba a hacer redacciones y me felicitaba. Eso me sorprendía. Escuchaba lo que leían los demás y lo que escribía yo y era diferente. Siempre he tenido una personalidad introspectiva, a la vez soy muy empático, porque mis abuelos tenían una tienda, de la que vendían desde zapatillas hasta bacalao, y mi padre tenía una empresa. Soy una persona que empatizo mucho con la gente, porque lo he mamado desde pequeño y me ha ayudado en mi trabajo en el banco.
¿Escribir bien le ha ayudado a ligar?
Puede ser. Me di cuenta en la adolescencia, cuando escribía a mis novietas. Solía escribirle ocho o diez folios por ambas caras…
Con letra pequeña o grande.
Normal. (Risas) De hecho, tenía que duplicar los sellos porque la carta pesaba más de lo establecido con uno solo.
Con esas cartas tan extensas, ya no tenían que comprar libro de verano.
(Risas) Desde luego. En muchos casos eran varias cartas.
¿Tenía más de un ligue de verano?
No. Siempre era la misma. Ella me devolvía una carta de un folio o dos. En función de la extensión de la carta, intentaba extrapolar el interés que sentía por mí.
Amor al peso.
(Risas) Eso es. Claro, discutía mucho.
¿De verdad?
Sí, de manera constructiva.
¡En la adolescencia!
(Risas)

¿Cree que le ayudaron esas cartas de juventud?
Sí, me convenció de que tenía una capacidad innata para escribir. Ellas me reconocían que les encantaba leer mis cartas.
De enviar cartas a mandar su manuscrito. ¿A cuántas editoriales se lo ha hecho llegar?
Envíe 184 correos. Entré en todas las editoriales para ver qué géneros publicaban. Eso me llevó ocho meses. Hice una carta de presentación y un resumen de la novela –seis o siete páginas- en las que estuve trabajando cuatro meses. Para facilitarle a la editorial quién era, una breve sinopsis, una biografía, tu vida en las redes sociales y el público objetivo al que puede ir dirigida la novela, el estilo… Todo desde el punto de vista técnico.
Fue otro trabajo.
Sí.
¿Cuántas le contestaron?
Casi 20. Comencé en abril de 2024 y en octubre me estaba planteando volver a reenviar otra vez los correos, porque si en tres o cuatro meses no te han contestado, es mal asunto. Para que te hagas una idea, mi editorial Posidonia tiene nueve sellos. Hay editoriales, muy pocas, que te piden el manuscrito en papel. Posidonia recibe entre cinco y seis manuscrito a la semana. Imagínate, la avalancha que supone en correos. Se publican unos 80.000 libros al año en España.
Una gran cifra.
Sí, pero a mí lo que me preocupaba era el sistema de distribución. El 70% de la venta del libro se lo lleva la distribución y en mi caso soy afortunado porque Posidonia distribuye en España y en Latino América. Por lo que son más de 550 millones de posibles lectores.
Roberto, tengo un sueño…
Y espero ir a la Feria del Libro de Guadalajara en México, que es la más importante del mundo en lengua latina. Los que han ido, me han contado maravillas, porque es una feria que está muy comprometida con el escritor.
















