Se está imponiendo, de forma interesada, un relato según el cual las personas pensionistas disfrutamos de una vida cañón.
La periodista Analia Plaza, así lo caricaturiza en su libro “La vida cañón: La historia de España a través de los boomers”. También múltiples artículos y tertulias alimentan obsesivamente un artificial enfrentamiento intergeneracional donde lo único que está detrás es la intención de cargarse el sistema público de pensiones para mayor gloria del negocio privado en forma de planes de ahorro individuales o colectivos ambos bajo el “protector” paraguas del poder financiero que por su cara bonita conseguiría pingües beneficios.
La estrategia es burda y mentirosa. Nos muestran a una pléyade de pensionistas disfrutando de viajes de ensueño del IMSERSO o de la agencia de viajes “Mayores sin fronteras” donde se pasa, sin solución de continuidad, de disfrutar en una paradisiaca playa del caribe, de mojitos servidos en copas de diámetro generoso y repletos de sombrillitas multicolores donde la boca apenas encuentra acomodo, a embelesarnos en la contemplación de increíbles auroras boreales en países que lindan con el ártico.
Una imagen parecida a esta aparecía en un anuncio de una multinacional del aseguramiento privado que finalizaba con la frase: “un puente seguro hacia su futuro”. La suelen difundir a final de año para añadir, en el próximo ejercicio fiscal, las desgravaciones que estos “atrayentes” productos disfrutan.
Caricaturizar, ridiculizar y deformar la realidad es gratis. Que cuatro millones de pensionistas no alcancen los mil euros de pensión, sobre todo en el caso de las mujeres, carece de importancia, no se dice, no toca. Que 33 milmillonarios patrios, según el último informe de Oxfam, disfruten de una fortuna que supera la del conjunto de todas las pensiones que alimentan directamente a prácticamente 10 millones de pensionistas más sus familias, es pura demagogia. Demagogia como cajón de sastre donde ocultar todo lo que a las élites económicas no les gusta que se difunda.
Nuestras vidas no están parcializadas. Nacemos, crecemos y envejecemos y en todas las etapas de la vida somos mayoritariamente personas de clase trabajadora. Nos necesitamos y nos apoyamos directamente o por medio de los servicios públicos. Y sí, ahora somos pensionistas porque antes fuimos trabajadoras y trabajadores, niñas y niños y toda la gente que ahora estudia o trabaja, aunque no repare en ello, aunque lo vea como algo muy lejano, aunque le digan que no le tocará, lleva un pensionista dentro, como así ocurrió con las generaciones que nos precedieron. No vivimos de las rentas, lo hicimos de nuestro trabajo y luego de su consecuencia, la pensión.
Por. Santiago Herranz Castro.
















