Opinión

Unamuno ante el Día del Juicio (I)

Miguel de Unamuno. Fotografía. Casa Museo Miguel de Unamuno.

Estamos en el Día del Juicio Final. Sobre el fondo níveo de las auras celestes destaca el majestuoso trono de Dios con la corte de todos los santos alrededor. Frente a Él bulle anhelante la turbamulta inmensa de la humanidad revivida. Diríamos que la vista ha consumido ya muy largas horas si no fuera porque en el otro mundo ya no existe el tiempo.

Ahora comparece Miguel de Unamuno y Jugo. El Ángel del Señor rasga el sello del Libro. Reina un silencio expectante, solo roto por el fragor de truenos lejanos. Gabriel procede a la lectura. En un momento dado dice:

-… y así llegamos al acto del 12 de octubre de 1936. Contra lo que indica algún autor, no fue un acto banal, sino determinante de su destino posterior, por lo que conviene saber el tono de su discurso y …

-Un momento, amado Gabriel, – le interrumpirá Yavéh- dejemos que sea el propio interesado quien lo aclare. Miguel, tienes la palabra.

Unamuno, expectante hasta entonces, mesándose la barba y mirando a un lado y a otro del infinito, como hacían los intelectuales y políticos de su época, hablará pausada y solemnemente con el siguiente tenor:

-Padre Eterno, Hijo y Espíritu Santo, así como Santísima Madre y venerables santos de esta beatífica corte (pausa). Estoy muy feliz (Pausa). Y estoy muy feliz porque al fin voy a obtener en esta otra vida, que es la vida verdadera, la justicia y el reconocimiento que el mundo me escatimó (Pausa). Ya sé que estoy muy lejos de ser perfecto y, sin embargo…

Se oyen murmullos entre el auditorio. Se ve que hay algunos unamunistas por allí en desacuerdo con esa opinión. Los de la Asociación de amigos mueven la cabeza ¿Quién vale más que Unamuno?… Yavéh pondrá orden haciendo sonar su gran mazo. Sigue don Miguel:

-No, no soy perfecto y sería reo de impúdica soberbia si pensara o dijera otra cosa (Pausa más larga). Los mortales, hunos y hotros (aspiró la hache para que se viera su intención expresiva), desconocemos qué cosa sea la Verdad verdadera, y no la conocemos porque anidan en nuestros corazones las pasiones y la pereza espiritual, que nublan nuestro entendimiento. (Nueva pausa). Pero, como dijo Schopenhauer…

-Protesto, Señor, -dirá el Ángel, que actúa como acusación? el reo no se atiene a la cuestión formulada.

Yavéh interviene:

-Tiene razón el fiscal. Vamos al grano, Miguel. Aún quedan varios cargos por examinar en tu caso. No es el menor tu falta de fe auténtica, que obligó a la Iglesia a poner algunas de tus obras en el Índice. ¿Pues no llegaste a hacer santo a un cura sin fe, que no creía en mi Reino y que decía que todas las religiones son verdaderas?… Pero estábamos hablando del 12 de octubre. Aquí en el cielo sabemos bien lo que dijiste ese día, pero toda la humanidad está en ascuas por saberlo de tu propia boca. Han corrido demasiadas versiones, demasiados libros, no muy concordantes, cientos de artículos y varias películas; y, aun así, es un episodio mal conocido, casi tanto como el de tu muerte.

(Seguirá)

Deja un comentario

No dejes ni tu nombre ni el correo. Deja tu comentario como 'Anónimo' o un alias.

Te recomendamos

Buscar
Servicios