Los embalses gestionados por la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) en Salamanca se han convertido estos días en la principal barrera de defensa de la provincia. Con los sistemas del Tormes y el Águeda al límite de su capacidad desde finales de diciembre, la prioridad de los técnicos ha pasado de almacenar agua a gestionar su salida de forma segura para evitar inundaciones.
El «colchón» de seguridad: ¿Cómo funciona?
Al estar prácticamente llenos, los embalses operan ahora bajo el principio de resguardo. Esto significa que mantienen un margen de espacio vacío estratégicamente calculado para absorber («laminar») los picos de agua que llegan tras las lluvias intensas.
Debido al aumento del caudal en los últimos días, la CHD ha iniciado desembalses controlados que, aunque llamativos, se mantienen dentro de la normalidad:
- Santa Teresa (Tormes): Libera actualmente unos 200 metros cúbicos por segundo (200.000 litros por segundo).
- Águeda: Desagua cerca de 70 metros cúbicos por segundo
Protección vital para núcleos urbanos
La importancia de estas infraestructuras va más allá del riego o el consumo; son, ante todo, un escudo para la población. Los embalses de Irueña y Águeda son los encargados de proteger a Ciudad Rodrigo, mientras que el de Santa Teresa cumple la misma función para la capital salmantina.
La eficacia de este sistema quedó demostrada a finales de 2025, cuando el Tormes llegó a recibir entradas masivas de hasta 2.000 metros cúbicos por segundo.
Gracias a la capacidad de retención de la presa, ese enorme volumen de agua no llegó a las calles de Salamanca. Por ahora, la CHD califica el comportamiento de los embalses como «muy satisfactorio» y mantiene la vigilancia ante la previsión de que las lluvias continúen.
Puedes consultar la situación de los embalses de Salamanca, en este enlace
Datos del agua embalsada en Salamanca, este miércoles, a las 8 a.m. (Fuente: CHD)

















