Sara Carbonero ha tenido un «enero eterno», como ella misma escribió hace unos días. Ha pasado por el quirófano y cada vez está mejor, porque tiene energía para celebrar su 42 cumpleaños rodeada de los suyos. «Creo que nunca me había sentido tan feliz por cumplir un año más ni con tantos motivos para dar las gracias», se sincera la periodista.
Comparte que cerró el 2025 con una lista cortita de deseos pero la vida tenía otros planes. «Ha sido duro. Todavía lo es aunque ya veo los rayitos de sol entre tanto nubarrón».
Hace apenas un mes entró a un quirófano llena de incertidumbre. «Entonces, habría firmado poder estar como estoy hoy. Ya no duele. El miedo ha dado paso a la gratitud, a la serenidad y a la calma», puntualiza.
Como dijo en una ocasión, no le gusta romantizar los problemas de salud, «ojalá nadie tuviese que pasar por ellos, pero si hay algo positivo es darte cuenta de la cantidad de gente que te quiere y que se preocupa por ti», apunta.
Por ello, no sabe cómo devolver tanto amor. Así, agradece en primer lugar a su familia y amigos, «los que nunca me sueltan la mano, a mi hermana y a Jota, mi chico, que no se separaron de mí ni un minuto en los momentos más difíciles. A Íker y a mi madre por cuidar y proteger lo que más quiero cuando yo no podía. A todos los médicos, enfermeras y personal sanitario del hospital universitario Doctor José Molina Orosa de Lanzarote. A Nuria y a María por su vocación, su cariño y sus cuidados y mimos en las noches imposibles».
Cumple un año más sabiendo perfectamente qué es lo esencial en la vida. «Una vida tan frágil e imprevisible como bella. Cumplo un año más llena de amor y de gratitud, de esperanza, de sueños intactos, de fuerza y esperanza, porque al final, no podemos cambiar las cartas que nos tocan. Lo único que depende de nosotros es la actitud», reconoce.
Ha sido un día de celebrar lo sencillo, pero también lleno de sorpresas, de flores y tarta Sacher. «He comido sopa de cebolla en mi nuevo restaurante francés preferido y he paseado por el centro de Madrid. Para rematarlo unas risas con amigas y el ritual de soplar las velas con los niños. Hoy cumplo un año más lejos del ruido, sin tiempo para odiar, con el corazón lleno», matiza.
Por último, asegura que tiene una nueva cicatriz que le recuerda que he superado otra piedra en el camino. «Gracias por todas las felicitaciones , los buenos deseos y la energía que me llega y que lo cura todo. Muchas gracias de corazón».

















