La caída de parte de la noria del antiguo convento que hace de cerramiento del Cerro de San Vicente no es un hecho aislado ni una anécdota puntual, es una nueva señal de alarma que se suma a una larga lista de problemas que evidencian el deterioro progresivo del patrimonio histórico de Salamanca y la ausencia de una política clara, preventiva y continuada para su conservación.
Este derrumbe, ocurrido en una de las zonas con mayor valor arqueológico de la ciudad, vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda. «En Salamanca se actúa cuando el daño ya es visible, cuando una piedra cae o cuando el riesgo se convierte en noticia. Pero el patrimonio no se protege reaccionando tarde, se protege anticipándose», puntualiza Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca.
A este episodio hay que añadir el mal estado de numerosos escudos heráldicos repartidos por fachadas históricas de la ciudad, algunos de ellos claramente erosionados, sin limpieza, sin protección y sin planes de restauración conocidos. Elementos que forman parte de la historia urbana de Salamanca y que, poco a poco, se van borrando ante la mirada de todos.
Otro problema reiteradamente denunciado es el del cableado aéreo y los elementos impropios que invaden calles y edificios del casco histórico, afeando fachadas protegidas y rompiendo la estética de un conjunto monumental declarado Patrimonio de la Humanidad. No se trata solo de una cuestión visual, sino de respeto a un entorno histórico que debería cuidarse con criterios mucho más exigentes.
Incluso espacios tan emblemáticos como la Plaza Mayor de Salamanca, símbolo universal de la ciudad, no están exentos de problemas de conservación y mantenimiento que se arrastran en el tiempo. El uso intensivo, la falta de intervenciones preventivas y la priorización del impacto turístico frente al cuidado estructural generan un desgaste que no siempre se aborda con la profundidad necesaria.
A todo ello se suman otros edificios históricos y religiosos que presentan filtraciones, deterioro de fachadas, pérdida de elementos ornamentales o falta de mantenimiento continuo. Problemas conocidos, denunciados en distintos momentos, que reflejan una gestión fragmentada y sin una visión global del patrimonio.
En este contexto, Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca, insiste en que Salamanca no puede seguir funcionando a base de improvisaciones ni de respuestas de urgencia. Una ciudad con uno de los patrimonios más valiosos de España y de Europa no puede permitirse tratarlo como un asunto secundario o residual dentro de la gestión municipal.
Resulta especialmente preocupante que Salamanca no cuente con una Concejalía de Patrimonio que se dedique de manera específica, técnica y permanente a la conservación, protección y planificación del legado histórico de la ciudad. «La inexistencia de un órgano claro y especializado provoca que las responsabilidades se diluyan y que el patrimonio quede, en demasiadas ocasiones, al azar», advierte Chenche Martín Galeano.
El patrimonio no es cosa de risa. No es un decorado, ni un simple reclamo turístico, ni algo que se pueda sustituir una vez perdido. «Es la memoria colectiva de Salamanca, su identidad, su historia y su dignidad como ciudad. Cada desprendimiento, cada escudo que se erosiona, cada fachada invadida por cables es una pérdida que afecta a toda la ciudadanía», matiza el líder de Por Salamanca.
Salamanca necesita una gestión del patrimonio basada en la prevención, la planificación y el compromiso real, no en parches ni en reacciones tardías. «Proteger el patrimonio es proteger la ciudad que somos hoy y la que queremos dejar a quienes vengan detrás», añade Martín Galeano.
Ese es el mensaje que desde Por Salamanca, con Chenche Martín Galeano al frente, quiere trasladar con claridad a la ciudadanía. «O se cuida el patrimonio de forma seria y continuada, o Salamanca seguirá perdiendo, poco a poco, aquello que la hace única», concluye.
















