¿Se conoce cómo vivieron las mujeres de familias represaliadas durante Guerra Civil y el Franquismo? Sol Gómez Arteaga recopila en Memoria de las mujeres 25 entrevistas donde se homenajea a esas madres, abuelas, bisabuelas que no aparecen en los libros de Historia. ¿Qué pensarían estas mujeres si vieran hoy cómo se quita importancia a la pérdida de derechos en femenino?
Sol se ha marcado un Chales Dickens al publicar las entrevistas primero en un periódico y después hacerlo libro. Su editorial o usted son muy valientes en estos tiempos.
(Risas) Efectivamente, las entrevistas se publicaron en un digital, pero quedaba deslavazado, por lo que había que unificarlo y darle un mayor interés en una compilación colectiva. Hubo una propuesta del director de Nueva Revolución, Anxo Padín. Es un periódico que surge con el objetivo de ser un espacio de denuncia de terminadas injusticias. Ambos pensamos que podíamos poner el foco en la Memoria Histórica y en concreto en la mujer.
Memoria de las mujeres. ¿Qué deuda había en este recuerdo en femenino para que fuera el título de su libro?
Tengo una deuda con la memoria porque soy nieta y biznieta de represaliados de Valderas, un pueblo de León que fue duramente castigado. A mi abuelo lo fusilan en el cementerio de Astorga en octubre de 1936. Y, mis bisabuelos maternos, el matrimonio, fueron presos en distintos momentos. Hubo un día en el que hice una interiorización de todo esto que les pasó a ellos y me vinculé con la Memoria Democrática.
A lo largo de las 25 entrevista que componen el libro se intuye que las mujeres fueron las grandes derrotadas de la Guerra Civil. ¿Le hemos hecho justicia?
Creo que no. La mujer sigue siendo la invisibilizada de esta historia más reciente y traumática que tenemos. No se ha hecho justicia. Hay determinadas mujeres que se les ha podido ensalzar, pero lo que es en general, no. Son mujeres que lucharon de una manera más doméstica o en el frente, pero claramente no hay un reconocimiento. Este libro lo que trata es de hacer un homenaje, pero no a través de primeras generaciones, más bien con sus nietas o personas vinculadas con la Memoria Historia. Pretende ser un reconocimiento a ellas.
¿Cuánto silencio hubo en las casas?
Lo que escucho en historias ajenas es que hubo muchísimo silencio. Sin embargo, en la mía, mi padre siempre nos contó. Mi hermana y yo siempre supimos lo que pasó en la familia. Creo que cogió el testigo de su propia madre y nos lo trasmitió y desde ahí nace este empuje a contar estas historias.
Tuvo suerte.
Lo que escucho en otras historias es justo lo contrario, que no se hablaba, ni siquiera dentro de la casa, mucho menos fuera.
Quizá gracias a que usted tenía los cimientos de su propia historia ha podido sostener las de las otras mujeres, las de las otras familias que aparecen en el libro.
A mí me costó. Conocía la historia de la familia por mi padre, pero tomé conciencia con la muerte de mi abuela, con la carta de despedida de mi abuelo a mi abuela en capilla. Yo tenía 28 años, fue en el año 1995, e hice la primera interiorización del tema, de todo el trauma, de todo el dolor… Lloré la muerte de los dos. A partir de aquí hubo un antes y un después, pese a que mi padre siempre nos contó, pero no entendía. Me resultaba duro, incomprensible… no estaba capacitada para asimilar. Y, esa semilla que fue sembrando mi padre, creo que hizo fruto en ese momento.

Sol, ¿qué le dice a las personas que sueltan la frase: ‘dejen tranquilos a los muertos de las cunetas’?
También me lo han dicho a mí. A estas personas les diría que la memoria es algo personal, que no se expropia. Si tú quieres hacer un trabajo de búsqueda de tu historia familiar, estás en tu pleno derecho. Lo mismo que lo está la persona que lo quiere olvidar. No se puede cortar la libertad personal de buscar a los nuestros y de conocer tu historia, interiorizarla y reflexionar sobre ella.
Hay personas que no han podido elegir su historia.
Eso le ocurrió a mi padre. En cambio yo sí podía elegir la mía y lo hice. En el sentido de la búsqueda de la verdad. Esta deuda histórica que tenemos con todos ellos de que haya una justicia o una reparación al menos simbólica. Ellos ya no están, nuestros padres cada vez quedan menos. Por desgracia han ido falleciendo esa generación de la Guerra Civil.
¿Qué se nos ha escapado en la asignatura de Historia para que ahora se blanquee la Guerra Civil o el Franquismo?
Creo que ha habido un Franquismo sociológico que lo que ha tratado es de silenciar durante muchos años todo lo que ocurrió. Eso ha hecho mucho daño y se ha reflejado en la docencia, en la trasmisión de la historia. Al final de los textos se estudia la historia más reciente de nuestro país y se queda en el aire. Esto ha calado en generaciones de padres que ahora no se lo trasmiten a sus hijos. Hay un gran trabajo de silenciación y son las consecuencias que estamos pagando en estos momentos.
¿Por qué este auge de la extrema derecha en España y en el mundo?
No se explica. Además ha sido algo muy reciente. Parecía que los logros que se habían conseguido históricamente no se podían tocar y el ver todo esto… Creo que tiene que ver con una manipulación organizada de medios a nivel mundial en el que se nos están dando informaciones muy engañosas. Creo que la frustración de la gente les hace pensar que en el fascismo tienen una alternativa. Pero es algo horrible. Estamos en estado de shock. No sabemos el alcance de lo que está pasando.
Sigue creciendo.
Sí. Va exponencialmente. Cada día es más, más y más. El fascismo ya está aquí. Es una realidad.
¿Qué cree que le dirían estas mujeres a las que homenajea en el libro a las de hoy en día que dejan que su pareja les mire hasta el móvil y eso lo ven bien?
(Silencio) Estas mujeres lucharon por unas mejores condiciones en todos los niveles. También de igualdad. Creo que se verían muy sorprendidas con el vuelco que está dando la historia. ¿Qué les dirían? Lo que les diríamos cualquiera de nosotros, que reflexionen, que se den cuenta que ese no es el camino para su liberación. Es todo lo contrario. Se están metiendo en un pozo.
¿Hasta qué punto nos puede hacer reflexionar?
No lo sé, porque parece que la tendencia es ésta. Hay que seguir trabajando y haciendo pedagogía constantemente. Da mucha pena pensar que no lo ven, que tienen una venda en los ojos.
¿Cómo se puede quitar esa venda?
Es difícil.
*** Sol Gómez Arteaga presentó el libro ‘Memoria de las mujeres’ en el Centro Documental de la Memoria Histórica.
















