En 2025 el mundo ha entrado en una fase de una “nueva normalidad” en relación a los conflictos armados, donde las guerras no solo permanecen, sino que se institucionalizan como una nueva herramienta para ejercer poder.
Según datos expuestos por Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 se reportaron 205 400 eventos violentos que cobraron la vida de más de 244.700 personas. La exposición global al conflicto afectó a más del 17% de la población, es decir, 1 de cada 6 personas inició el día con el eco de las guerras, determinado por el creciente rol de los Estados en su perpetuación. Los números revelan cómo ha evolucionado la guerra de una insurgencia tradicional a una violencia estatal sistemática, donde la humanidad se ve aplacada por el control y el poder.
Más del 40% de las víctimas fatales reportadas por ACLED corresponden a dos grandes conflictos, a la guerra entre Rusia y Ucrania, y al genocidio en Palestina. Para Gaza el acuerdo de paz alcanzado en octubre del 2025 no supondría un alivio a las vidas de los sobrevivientes palestinos, ni un compromiso genuino con la paz, solo un triste intento de Israel de lavar su imagen y mejorar su posición internacional. Desde 2023 la guerra en la franja de Gaza ha cobrado la vida de más de 68.470 personas. La violencia de Israel llegó a niveles no antes vistos, con ataques aéreos indiscriminados a la población civil y decenas de abusos por parte de los colonos en Cisjordania.
En Europa, la invasión de Rusia a Ucrania -el conflicto más grande desde la Segunda Guerra Mundial en suelo europeo- ha cobrado el mayor número de víctimas en 2025. La crisis de Ucrania ha dejado un saldo de 78.000 fallecidos. El uso indiscriminado de artillería militar y drones de asalto contra la población civil ha vulnerado todo lo propuesto por el derecho internacional humanitario y sus tres pilares: distinción, proporcionalidad y precaución, cuyo cumplimiento tiene como objetivo evitar que las personas que no participan de las hostilidades sean víctimas del conflicto.
¿Cuál es la participación del Estado? ¿Un Estado que garantiza los derechos de sus ciudadanos o que suprime a la sociedad? Estos números no solo ejemplifican el horror que viven las personas, muestra la evolución que ha venido experimentando la guerra, convirtiéndose en un tipo de violencia estatal institucionalizada, que busca ejercer el control sin contemplar el alcance de las armas, ni el uso indiscriminado de tecnología militar, ni mucho menos la vida de las personas.
La violencia estatal ha llegado a sus máximos históricos en 2025, con diferencias regionales marcadas. En el continente europeo, el 90% de los conflictos involucran al gobierno; en Asia Central, el 85%; en el Medio Oriente, el 74%; y, en África, el 58%. De hecho, la violencia es la principal arma que usa el Estado para suprimir una amenaza y lograr mantener su poder. El gasto que los países destinan a su defensa y las guerras es nueve veces mayor al destinado a la Ayuda Oficial al Desarrollo en países como España. El aumento de la participación del Estado en conflictos se debe a la necesidad geopolítica de mostrar su poder sobre aquellos insurgentes presentes en el interior de sus fronteras y sobre los demás países.
En América Latina esta realidad de manifiesta de manera más cruel. Ecuador, por ejemplo, registró el índice más alto de homicidios de toda Suramérica, con un aumento preocupante de asesinatos de jóvenes y niños. La crisis de inseguridad ejercida por bandas y grupos al margen de la ley, deja en evidencia el poco accionar estatal en zonas rurales, dando como resultado homicidios masivos, masacres y una población vulnerable, desprovista de seguridad y acceso a derechos básicos. La historia se repite en México, con administraciones incapaces de controlar cárteles que operan con libertad por todo el territorio, o en Brasil, donde la seguridad llega a unos pocos y la población más vulnerable siempre es la más pobre.
Frente a esta nueva realidad, la reacción social no se ha hecho esperar, las protestas y disturbios no responden a un hecho aislado sino a un descontento generalizado y generacional. Los jóvenes se sienten más silenciados. En 2025, se reportaron más de 155 mil manifestaciones y 18.378 disturbios, el 80% con algún tipo de violencia colectiva, muchas veces aplacada y reprimida por los Estados, que la traducen en una amenaza directa a su poder.
Con 906 grupos armados formados el año pasado, la paz es un objetivo difícil de lograr. Para Raleigh, la guerra encontró su punto de inflexión en 2025. Los conflictos no disminuyen, solo cambian de forma, acompañados de patrones de violencia estatal y represión social. El mundo se encuentra en una nueva lucha, esta vez, contra la normalización de la guerra y los conflictos.
En este punto, resulta necesario preguntarse si llegamos a normalizar las guerras en el mundo y no verlas como una anomalía, si las acciones de la comunidad internacional son insuficientes o ineficientes, si los derechos humanos solo nos recuerdan un ideal. El tiempo encontrará las respuestas, mientras tanto las vidas perdidas son incalculables.
Por. Juan David González, defensor de los derechos humano.
























2 comentarios en «244.700 Muertes: el coste de la vida a causa de las guerras en 2025»
Excelente reflexión, creo que estamos llegando al punto donde es normal darle paso a la imbecilidad de le guerra y el estado o mejor el mundo lo ve deshumanizado desde la trinchera.
No podemos aceptar esta normalidad de cientos de miles de muertes, la mayoría ASESINATOS, pues se producen incumpliendo los acuerdos internacionales sobre las guerras. Recordad que en Salamanca hay colectivos que trabajan contra las guerras, como el que se reúne todos los jueves a las 12 h en el Liceo, con la pancarta «no a las guerras». Además hay otras instituciones muy valiosas, como el Centre Delàs d’Estudis per la Pau de Barcelona. La Paz es posible y necesaria, lo que no es necesario es la carrera armamentística en la que nos han metido, una carrera que nos lleva al desastre, como nos demuestra la historia europea de los últimos 4 siglos.