Enfrascados en contienda electoral casi ningún político se corta un pelo, ni siquiera los que lucen reluciente calva, tal que el alcalde de Valladolid, al que en la sede regional del PP alguien bautizó como Kojak, el teniente de policía interpretado por Telly Savalas, quien de masa capilar visible andaba a la par con Yul Brynner.
Pero no me refiero al alcalde-senador de Pucela sino a su jefe orgánico en el partido, el mandamás del PP de Castilla y León y en este momento presidente en funciones de la Junta, el amigo Alfonso “Fonsi” Fernández Mañueco. El pasado martes,“Fonsi” protagonizó uno de esos “desayunos informativos” que organiza el diario “La Razón”, siempre a mayor gloria del invitado de turno, quien no en vano suele contribuir de forma generosa a favorecer la cuenta de resultados del periódico del grupo Planeta.
Llama la atención que Mañueco repetía en el mismo foro que ya ocupó el pasado 2 de diciembre, o sea, hace poco más de dos meses. Ya digo que los hay que no se cortan un pelo. Al punto que, revisando los testimonios gráficos, puede comprobarse que Mañueco acudió al desayuno de este martes luciendo la misma corbata que eligió hace dos meses. Y del auditorio puede decirse que fue prácticamente el mismo, nutrido en ambas citas por la vicepresidenta y varios consejeros de la Junta, ninguno de los cuales reseñó este desplazamiento en la agenda oficial de los altos cargos del gobierno de la comunidad. Me he tomado la molestia de echar un vistazo a la “inversión” publicitaria de la Junta en el diario que dirige el inefable Paco Marhuenda, cuya difusión en Castilla y León no es precisamente deslumbrante. Y sumadas las once inyecciones publicitarias realizadas con cargo a la “chequera mediática” durante 2024, último ejercicio publicado en la web oficial, el gobierno Mañueco ha aflojado al rotativo de Planeta un total de 568.223 euros. Respetable cifra que, en efecto, bien vale más de un desayuno.
«Demagogia barata».- Por lo demás, “Fonsi” eligió ese foro para anunciar urbi et orbi la buena nueva de que, si sigue gobernando, a partir del próximo curso los alumnos empadronados en esta comunidad estarán exentos de pagar la matrícula de su primer año de carrera en las universidades públicas de Castilla y León. Nada que objetar si no fuera porque esta misma propuesta, planteada el pasado año en las Cortes por el grupo socialista, fue rechazada al votar en contra el PP y Vox. En el debate parlamentario, la portavoz del grupo popular en materia de Educación, Carmen Sánchez Bellota, no dudó en calificar la iniciativa socialista de “maniobra electoralista y populista”. “Demagogia barata”, dijo literalmente la fornida procuradora salmantina.
Tras el resultado de las elecciones aragonesas, el pánico cunde entre los prebostes del Partido Popular. Si Azcón, que acudía a las urnas con una gestión más o menos aseada, se ha pegado un batacazo de consideración, las perspectivas de Mañueco, que arrastra, entre otros, el gravoso lastre de la calamitosa gestión de los incendios forestales, no son lo que se dice halagüeñas. Si a ello se añade su precario tirón electoral -en 2019 perdió las elecciones y en el 22, aunque ganara dos escaños, sacó menos votos aún- el panorama que tiene ante sí el PP es ciertamente preocupante.
Bordeando el precipicio.– A fecha de hoy, persiste el sospechoso apagón demoscópico respecto a las expectativas de voto en las elecciones del 15 de marzo. Y como ya he señalado en anteriores ocasiones, ello no constituye un buen indicio para el presidente en funciones.
Tal como han ido yendo las cosas, no sería de extrañar que, al igual que ha ocurrido en Aragón, en Castilla y León el PP salga del trance con algún escaño menos de los que ha tenido en la legislatura recién concluida. Y pese a todo lo que les ha caído y les sigue cayendo al PSOE y a Pedro Sánchez, tampoco descartaría yo que los socialistas acaben siendo la fuerza más votada (con toda seguridad recuperarán un escaño en Soria y son los mejor colocados para hacerse con el nuevo que se elige en Segovia, donde la reaparición electoral de Silvia Clemente va a penalizar claramente a su antiguo partido).
Si tal cosa ocurriese -que Mañueco pierda por segunda vez las elecciones- el descalabro pondría al hasta ahora presidente al borde del precipicio. Y en el mejor de los casos para él, será una victoria pírrica que seguirá comprometiendo seriamente su reelección como presidente. En cualquier momento de la triple negociación entre PP y Vox para despejar el futuro de los gobiernos de Extremadura, Aragón y Castilla y León, Abascal puede condicionar el acuerdo al cambio de alguno de los candidatos del PP. Y Mañueco -ay el burruño- ha ido comprando muchas papeletas.
Bulo desmentido.- Por su parte, el socialista Carlos Martínez desmintió el miércoles en la cadena SER el bulo, repetidamente aireado por otro de los diarios más engrasados por la “chequera mediática” de la Junta (1.193.286 euros en 2024), según el cual, pasado el 15-M, se aferrará a la alcaldía de Soria y en consecuencia renunciará al acta de procurador que obtenga en estos comicios.
Vaya por delante, y así lo he mantenido desde que asumió el reto de optar a la presidencia de la Junta, que no entiendo por qué no renunció hace meses a la alcaldía para dedicarse plenamente a su doble compromiso (orgánico y electoral) autonómico, tal como hizo en su día Mañueco cuando era alcalde de Salamanca. Dicho lo cual, si ha habido un caso en el que el candidato a presidir la Junta se ha guardado las espaldas por si fracasara en el empeño, ese fue el del actual presidente de honor del PP de Castilla y León, el ínclito Juan José Lucas, «el tahúr de El Burgo», quien concurrió a los comicios autonómicos de 1991 sin renunciar a su acta de diputado del Congreso hasta que, tras el recuento electoral, comprobó que iba a suceder a su paisano Jesús Posada en el Colegio de la Asunción.
Me he quedado sin espacio -me ocuparé en otro momento-para comentar el fracaso de la negociación mantenida entre Izquierda Unida y Podemos para concurrir juntos a estas elecciones. Un desacuerdo del que ha sido máximo responsable el hasta ahora procurador y dirigente estatal de Podemos, Pablo Fernández, con diferencia el político más sectario y nefasto que ha conocido la izquierda desde que se constituyó esta desdichada comunidad autónoma. Pura casta política, y de la peor.



















