Un hombre con un historial delictivo asombroso —más de un centenar de arrestos a sus espaldas— ha vuelto a dormir en los calabozos tras protagonizar una huida digna de una película de acción (y un escondite algo menos brillante) en pleno centro de Salamanca.
Una huida desesperada
Todo comenzó a media tarde, cuando el sospechoso, al detectar la presencia de una patrulla de la Policía Nacional, intentó ocultarse tras un muro. Al verse descubierto y ser requerido para identificarse, el hombre decidió que no era buen día para dar explicaciones: arrojó su mochila al suelo y echó a correr.
La persecución no fue sencilla. El individuo ignoró los gritos de alto de los agentes, se coló por la ventana de un solar y terminó saltando al patio interior de una vivienda particular para intentar darles esquinita.
El «maestro» del camuflaje
Cuando los policías lograron acceder al patio, se encontraron con una escena casi surrealista. El prófugo, en un intento desesperado por no ser visto, se había tumbado en el suelo y se había tapado con unos plásticos negros que cubrían unos enseres. El truco no funcionó, y acabó detenido por resistencia y desobediencia.
Un botín bajo la lupa
Más allá de la persecución, el verdadero interés policial reside ahora en el contenido de la mochila abandonada. En su interior, los agentes hallaron:
- Varios mandos de garaje y un juego de llaves (una de ellas de un vehículo).
- Tarjetas de transporte a nombre de otras personas.
- Diversos objetos de dudosa procedencia.
La Policía Nacional ya trabaja para identificar a los legítimos propietarios de estos efectos y confirmar si, como todo apunta, se trata de objetos robados. Por ahora, el «hombre de los plásticos» suma una muesca más a su interminable lista de antecedentes.

















