“El poder corresponde a la capacidad humana no solo de actuar, sino de actuar en común.” (La condición humana, 1958)
Hannah Arendt
Los partidos políticos nacieron para canalizar la acción colectiva. El vaciamiento de la democracia interna en muchos partidos políticos se ha visto acelerado por la consolidación del hiperliderazgo, una dinámica en la que la figura del dirigente concentra no solo la representación pública sino también la definición ideológica y programática de la organización, sustituyendo la acción común por la voluntad de un solo individuo. La política se personaliza hasta el punto de identificarse más con rostros que con proyectos, más con carisma que con propuestas estructuradas.
Max Weber en 1919 describió los cimientos de lo que hoy llamamos hiperliderazgo que el denominó como «Democracia de caudillaje», refiriendo que el partido deja de ser una organización de ideas para ser una maquinaria al servicio del líder con el objetivo de ganar elecciones. Weber predijo que, en las democracias modernas, los partidos se convertirían en organizaciones profesionales dedicadas a ganar elecciones.
En la actualidad el hiperliderazgo ha reducido drásticamente los espacios de deliberación colectiva, sustituyendo el debate de ideas en los partidos por decisiones verticales tomadas en círculos cada vez más reducidos. Paralelamente, la discusión programática, cuando existe, se ha desplazado hacia fundaciones, think tanks y plataformas próximas, pero formalmente externas al partido, lo que permite mantener una apariencia de reflexión plural mientras se debilita la participación real de la base: los militantes ven empobrecida su formación política y su capacidad crítica y los propios partidos terminan ofreciendo propuestas más homogéneas, menos innovadoras y desconectadas de la diversidad social que dicen representar. El empobrecimiento del debate interno resta atractivo a los partidos, fomenta el clientelismo y les convierte, en gran medida, en agencias de colocación, más que en agrupaciones de personas comprometidas con ideas y proyectos de mejora social.
Como consecuencia de ello -en línea con las tesis de Edward Bernays sobre la gestión estratégica de la opinión pública- la lógica del marketing ha colonizado la comunicación pública: importa más impactar que explicar, emocionar que argumentar. Este proceso favorece dinámicas de hiperliderazgo en los partidos, donde la personalización del poder simplifica el mensaje y maximiza su rendimiento mediático. El ciudadano deja de ser interlocutor para convertirse en consumidor de una marca política cuidadosamente diseñada. La visibilidad aumenta, pero la profundidad del diálogo se reduce y la política se asemeja cada vez más a una campaña publicitaria permanente.
El hiperliderazgo actual es el triunfo del marketing sobre la militancia. Mientras las técnicas de comunicación profesional -lo que Weber llamó la “dictadura del campo de batalla electoral”-se esfuerzan en vender la imagen de un líder carismático, destruyen lo más valioso de la democracia, porque, como advirtió Hannah Arendt, el verdadero poder no reside en la seducción de una masa de espectadores, sino en la capacidad humana de actuar en común. Un partido que solo sabe obedecer a un logo o a un rostro en una pantalla es una maquinaria eficaz, pero es una institución políticamente irrelevante.
Por otra parte, el hiperliderazgo y la ausencia de debates internos suelen ir acompañados, además, de un debilitamiento del trabajo sostenido en las estructuras sociales intermedias: asociaciones vecinales, sindicatos, colectivos profesionales, movimientos sociales o espacios comunitarios donde, históricamente, se articulaban demandas y se forjaban liderazgos de base con raíces en la sociedad civil. Cuando la política se convierte en un espectáculo centrado en individuos y campañas, se pierde la conexión cotidiana con ese tejido social que actúa como puente entre la ciudadanía y las instituciones. El resultado es una democracia menos participativa y más espectatorial, donde la acción colectiva se sustituye por la adhesión puntual a una personalidad y la construcción paciente de consensos queda relegada frente a la inmediatez de la imagen y del mensaje. Los cuadros del partido dejan de «patear la calle» para dedicarse a «gestionar la pantalla».
El resultado de todos estos procesos no es necesariamente la desaparición de la democracia, sino su mutación en un sistema donde la participación se vuelve más superficial y la representación se percibe distante y cuestionada: una forma de perversión de su sentido original como ejercicio del poder al servicio de los ciudadanos, una democracia que conserva sus rituales, pero que pierde su significado profundo. Sin embargo, este diagnóstico no implica fatalismo. La historia demuestra que las democracias son sistemas dinámicos capaces de reformarse, o al menos lo han sido hasta ahora. La alfabetización política y mediática, la transparencia institucional, la regulación de la financiación y de la propia práctica política, el fortalecimiento del periodismo independiente y la participación activa de la ciudadanía deberían ser herramientas capaces de revitalizar el contenido democrático y devolver autenticidad a la vida pública.
En definitiva, la democracia no se agota en votar cada cierto número de años. Su vitalidad depende de la calidad de la información, de la autonomía real de las decisiones políticas, de la honestidad del debate público, de la fortaleza de sus estructuras colectivas y de la implicación crítica de la ciudadanía. ¿Una utopía? Cuando estos pilares se debilitan, la democracia corre el riesgo de convertirse en un ritual vacío; cuando se fortalecen, recupera su sentido original como espacio de construcción colectiva del destino común.
La pregunta que queda flotando no es si la democracia existe, sino qué tipo de democracia estamos dispuestos a sostener. La respuesta, en última instancia, pertenece al lector.
Por. Miguel Barrueco Ferrero, médico y profesor universitario jubilado
La democracia vaciada. https://t.co/56UDcuI2iP
— Miguel Barrueco Ferrero (@BarruecoMiguel) February 14, 2026




















