Olivier Herrera le debe muchas horas a la cama

El poeta presentó en la librería Víctor Jara 'Amar es libertad' de la mano de Mónica Velasco
Mónica Velasco y Olivier Herrera, en la presentación de 'Amar es libertad', en Víctor Jara.

Decía Virgilio que la buena fortuna siempre favorece a los valientes. A Olivier Herrera le ha sonreído la fortuna porque es valiente. Y no solo por ser poeta, que eso ya es una valentía de por sí, también por ser empresario o activista cultural.

Pasó por Salamanca, por Víctor Jara y acompañado de Mónica Velasco, para hablar de Amar es libertad. Un libro dónde, como buen poeta, se desnuda sin importarle que la piel no esté tan tersa como la de un adolescente, quizá porque a los sentimientos –de los que saben mucho los poetas- no le salen arrugas.

Herrera reconoció que había vendido de todo para vivir. Quizá habría que especificar que de todo lo que se puede comprar con dinero, porque la lealtad a la cultura, a sus orígenes y a sus seres queridos que lo acompañan en el devenir del destino desde hace muchos años no les han podido poner precio. Seguro que algún mal fenicio lo ha tentado.

Olivier Herrera habla con la misma naturalidad de Santiago Carrillo, siempre especifica: “hijo”, que de Esther Koplowitz. Y, en lo que dura la presentación de un libro en la librería Víctor Jara los menciona a ambos. Olivier Herrera, al igual que todos, solo una vida, pero o sus días son más largos o le debe muchos horas a la cama.

Recordó que mataron a su padre al terminar la Guerra Civil y creció en ese pueblo. Ya de mozo, lo buscaba la Guardia Civil y el luchaba por la paz, desde una vertiente cultural. Quizá ese sea el hilo conductor que ha guiado a Olivier Herrera durante toda su vida, el amor por la cultura hace libres y da de comer a los más desfavorecidos. Porque si tienes herramientas –de las que sean, físicas o mentales- logras salir adelante.

Lo sabe muy bien este castellonense afincado en París y con alma errante. Es miembro del comité de administración de Colead, una institución que vela por el desarrollo y el comercio agrícola de los países más vulnerables de África, Caribe y Pacífico, ayudando a su capacitación a fin de reducir su dependencia y pobreza.

“Colead nace para hacer negocio, pero para cuidar a los niños, a las mujeres empresarias… Un peón agrícola, que es lo que fui, hablando con las latifundistas y grandes empresarios agrícolas. Tendríamos que aprender todos nosotros de los pueblos originarios. Nosotros llevamos un discurso humanista, reformistas… y nos abrimos a la cultura organizando concursos mundiales de poesía, dibujo, fotografía… Esa es mi función en Colead y me siento feliz”, reconoce Herrera.

Toca hablar de Esther Koplowitz. “No sé si he hablado mucho”, reconoce al final de la presentación. No. Compartió con los presentes el amor que siente por la mujer, no por el personaje que se ha desdibujado sobre ella en los medios de comunicación.

Herrera contó que el responsable de que conociera a Esther –Koplowitz- fue un paraguas. “Se le cayó y yo lo recogí. Me quedé flotando porque es bellísima. Tiene una mirada, una sonrisa… me descolocó”, admite sin pudor.

La empresaria y el poeta compartieron vuelo y él le regaló un libro. Lo leyó y le dijo que era fascinante. Se lo dedicó y ella le dio su dirección y teléfono. Empezó una relación por la poesía y en la poesía que dura más de tres décadas y en medio él le escribió un libro de poemas: Esther… nombre de mujer.

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