Una gestión que recuerdo con orgullo y satisfacción es la de la ayuda al tercer mundo. Fuimos uno de los ayuntamientos adelantados en esta forma de socorrer a los que menos tienen fuera de nuestras fronteras.
Al principio eran pequeñas cantidades que canalizábamos a través de ONGs, también lo hicimos a través de intermediarios salmantinos. José María Yagüe, párroco de Tejares, se trasladó a Perú para ejercer su sacerdocio. Vivió situaciones de penuria y pobreza sin fin.
En una de sus visitas a Salamanca me comentó la falta de agua en una de las poblaciones con más de 20.000 habitantes a la que él atendía pastoralmente. Me contó que con una pequeña cantidad podíamos arreglar el problema. Llegamos a un acuerdo y mandamos una pequeña cantidad de pesetas que fueron suficientes para que aquella población tuviera agua y alcantarillado del que carecía.
Habíamos arreglado un grave problema sanitario. El dinero invertido se multiplicaba por diez al cambio. Conocí a José Luis Corzo a través de una amiga común, María Teresa Aubach.
Los tres éramos profesores en la Pontificia y formamos con mi mujer, María José, Gerardo Pastor y otros, una tertulia de la que tengo un grato recuerdo y en la que aprendí mucho de todos ellos.
Desde el primer momento compartimos formas de concebir la vida y, lo que es más importante, la manera de luchar para transformar la realidad que se nos antojaba difícil para amplios colectivos que se encontraban alejados de los bienes educativos y culturales.


















