La actualidad tiene tanto que decir que permanecer callada no es opción. Mientras debatimos si prohibir las redes sociales a menores se siguen sucediendo hechos que deberían de avergonzar a quienes indudablemente demuestran que ni se les ve, ni se les espera.
Se pueden entender ciertas cosas si realmente fuera el objetivo cuidar a nuestros NNA, pero lamentablemente, seguimos viendo cómo, los menores no son una prioridad, para quienes legislan.
¿Por qué lo pienso? Porque seguimos viendo niños, niñas y adolescentes que siguen sufriendo y muriendo por acoso escolar, por violencia machista u otras violencias.
Vemos como la pobreza infantil marca la infancia de una buena parte de ellos y como la brecha digital y social llega a otra parte de la adolescencia.
Asistimos a diferencias que condicionan la manera de vida de quienes deberían de ser protegidos
Sin embargo, a pesar de pagar informes que cuestan un pastizal para decirnos que hay niños y niñas que pasan hambre, que no van al colegio, que tienen frio y que los Reyes Magos no visitan, seguimos haciendo lo mismo. Es decir… poco o nada
Déjenme que les hable de otros estudios en los que tampoco se hace poco o nada niños que sufren acoso escolar en centros educativos, niños que están en unidades de salud mental, niños que están en unidades de trastornos alimentarios, niños ciberacosados, niños que perciben o ven violencia hacia sus compañeros y así un largo muestreo que sirve para poner el grito en el cielo, pero a la hora de la verdad, siguen sin hacer nada y pagarán el año que viene, otro informe que les dirá lo mismo. Es decir, que ustedes siguen sin hacer nada porque su prioridad no son niños, niñas y adolescentes, a no ser que sean los suyos, que ya sabemos que esos si le importan y que no pasaran nunca, nada de lo expuesto anteriormente.
Hablamos de derechos de la infancia, nos llenamos la boca con todo ello y sin embargo nos olvidamos de empezar por el principio. Asistimos a momentos convulsos, en los que vemos iniciativas que empiezan la casa por el tejado, en la que no se molestan en preguntar a quien verdaderamente les podría explicar lo que pasa y llegamos a la conclusión de que muchas cosas no interesan.
Lamentablemente, la realidad vuelve a superar la ficción, que con reclamos mediáticos tratamos de desviar hacia debates que dividen y no arreglan los problemas que nuestros niños, niñas y adolescentes realmente tienen.





















