España lanza una estrategia pionera para paliar la soledad no deseada

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El Gobierno ha dado un paso al frente para abordar una de las «epidemias» silenciosas del siglo XXI: la soledad no deseada. Con la aprobación del nuevo Marco Estratégico de Soledades, España se convierte en uno de los pocos países, junto a referentes como Japón, en tratar este fenómeno no como un fallo individual, sino como un problema de salud pública y cohesión social.

Los datos son contundentes: según la Fundación Once, uno de cada cinco españoles sufre soledad no deseada, y un 13,5% la padece de forma crónica.

Más que falta de compañía: un problema de recursos

El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, ha sido claro al presentar el plan: «El problema no es la soledad, sino la imposibilidad de elegirla». La estrategia señala que la soledad está profundamente ligada a la desigualdad económica.

  • La brecha del dinero: Casi la mitad de las personas con graves dificultades económicas (47,4%) se sienten solas, frente a apenas un 11% de quienes tienen una situación desahogada.
  • Barreras sociales: La falta de recursos no solo limita el bolsillo; anula la capacidad de participar en actividades, reduce la movilidad y termina por dinamitar los vínculos afectivos.

Las causas: del individualismo al teletrabajo

El plan diagnóstico apunta a décadas de un modelo social que prioriza la competición y el éxito individual sobre lo comunitario. Además, identifica nuevos factores de riesgo que están acelerando el aislamiento:

  • La dificultad de acceso a la vivienda.
  • Los efectos secundarios del teletrabajo mal gestionado.
  • El abandono del entorno rural.
  • La brecha digital y la exclusión social de los jóvenes en entornos virtuales.

La receta: «Recetar» comunidad desde el centro de salud

La gran novedad de esta estrategia es su enfoque transversal. No se trata solo de campañas de sensibilización, sino de cambiar cómo funcionan las instituciones:

  1. Receta social: Se potenciará que los médicos de atención primaria puedan «prescribir» la participación en actividades comunitarias como parte del tratamiento.
  2. Urbanismo humano: Fomento de viviendas colaborativas (cohousing) y diseños de ciudades que faciliten el encuentro entre vecinos.
  3. Detección temprana: Crear protocolos en colegios, centros de salud y servicios sociales para identificar a personas en riesgo antes de que su soledad se vuelva crónica.
  4. Red de proximidad: Crear estructuras estables de apoyo mutuo e intergeneracional (jóvenes y mayores ayudándose mutuamente).

Para asegurar que estas medidas no se queden en papel mojado, el Consejo de Ministros ha creado una Mesa Interinstitucional que coordinará a la administración, el sector social y los ayuntamientos. El objetivo final es ambicioso pero urgente: reconstruir el tejido social para que nadie, independientemente de su edad o su cuenta corriente, se quede fuera del radar de su comunidad.

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