Un estudio liderado por la Universidad de Berkeley ha confirmado que los chimpancés salvajes en Uganda consumen alcohol de forma habitual a través de frutas fermentadas.
Tras analizar muestras de orina, los científicos detectaron niveles de etanol similares a los de un humano que ha tomado una o dos copas, según informa el diario El País.
Este hallazgo refuerza la «hipótesis del mono borracho», que sugiere que nuestra capacidad para metabolizar el alcohol no es un vicio moderno, sino una herencia evolutiva de hace millones de años.
Para nuestros ancestros, el olor a alcohol era la guía perfecta para encontrar las frutas con más calorías, una ventaja de supervivencia que hoy compartimos con nuestros parientes primates más cercanos.

















