Quiero contarte que esta tarde cambié el paseo por escribir y cocinar. Mi madre está sentada en el sofá del cuarto de estar, se la ve feliz, leyendo en su libro con letra grande y bien acompañada por esa voz que lo invade todo. Por suerte, hoy es un susurro casi sin pilas el que recorre este largo pasillo, que unas veces nos une y otras nos separa. Quisiera cerrar las puertas de su habitación y de la mía, hacer hermético el momento, pero sería un vago espejismo, después de toda una vida con la radio encendida, tapando silencios.
Terminé la semana pasada el último kilo de lentejas, tengo que recordar pedir tres kilos más, calculo que con eso tendré bastante hasta junio. Por entonces, llegarán ensaladas y gazpachos. Hoy eché mano de unas lentejas que nos dieron los agricultores cuando se manifestaron en Gran Vía protestando por Mercosur, debe de ser como medio kilo, tendré para tres lunes. Ya hace tiempo que las cocino como tú me enseñaste, es como le gustan a mí madre, aunque no consigo darles tu toque, tal vez me falte la gracia de tu sonrisa.
Las hago a fuego lento, también así se hizo la tarde, sin prisa de vivir. La observo otra vez, sigue hundida en el viejo sofá sumando recuerdos entre capítulo y capítulo. Voy concluyendo este articulo al otro lado del pasillo, sin apenas más ruido que el del teclado bajo mis dedos, en armonía con el ruido de la lluvia. He dejado abierta la ventana para escuchar su tintineo sobre la barandilla del balcón, también se oyen los ecos del patio, que pasan a saludarme de vez en cuando, hace mucho que nos conocemos.
Son casi las ocho de la tarde, el tiempo se escapó entre estas palabras y mis dedos. Hasta el último suspiro tiene su hora marcada, el tiempo lo mide todo, pararlo es morir. Dudo entre salir a pasear o quedarme en casa. Continúa sentada con su e-book en las manos, su radio encendida y el teléfono a mano por si llaman mis hermanos. Decido salir, dejaré su cena en la mesa de la cocina, hoy queso con membrillo, fruta y un yogurt, todo blandito. Pongo este artículo a ‘silencio’ antes de entregarlo, las lentejas ya reposan para mañana.
Ojalá siga lloviendo, quiero saltar charcos.



















2 comentarios en «La belleza de lo cotidiano»
Muy nonito
Q bonito escribes Pablo!! ? ?