Hay nombres que se quedan grabados a fuego en la mente incluso antes de saber a quién pertenecen. Para el cineasta salmantino Suso de la Nava, ese nombre era Gombau. Estaba allí, en el reverso de las fotografías familiares que guardaba en una vieja caja de zapatos con la que jugaba de niño. Aquel nombre, que se encontraba entre los recuerdos de sus padres, se convirtió años después en una obsesión profesional. Hoy es el motor de su nuevo proyecto cinematográfico: Estudio Gombau.
Venancio Gombau que desarrolló su carrera entre finales del siglo XIX y principios del XX, alcanzando gran éxito en la ciudad por el legado de su colección fotográfica documental de Salamanca, los pueblos y sus habitantes. Comenzó su carrera como reportero, para convertirse en uno de los grandes retratistas de su época y el principal fotógrafo de la sociedad salmantina.
«Es memoria viva de lo que fuimos», explica de la Nava. Tras el éxito de Burujú, el último unicornio, su último documental, el director se ha embarcado en una investigación profunda que ha ido mucho más allá de los 12.000 negativos que custodia oficialmente la Filmoteca de Castilla y León. Imágenes de la sociedad salmantina de hace más de 150 años que “nos permite ver de dónde venimos y hacia dónde vamos”.
Archivo familiar inédito
El hallazgo más sorprendente de su búsqueda no ha tenido lugar en una institución pública, sino en el ámbito privado, en Toro (Zamora). Allí reside don Ángel Arenaz, nieto de Venancio Gombau, quien ha abierto al equipo de rodaje archivos que han escapado de los inventarios. Se trata de material inédito personal: fotografías íntimas, cartas y documentos que permiten reconstruir no solo la técnica del artista, sino el lado más humano del fotógrafo.
«Hemos tenido la suerte de poder contar con la ayuda de don Ángel, que nos ha facilitado muchísimo la investigación sobre toda la familia», revela el cineasta. Estos materiales permiten al documental mostrar una cara nunca vista de la familia Gombau de puertas para adentro, aportando una dimensión humana necesaria para entender la magnitud de su legado.
Una familia de talentos
El documental deja ver que el talento de la familia no se limitaba a la fotografía. Si bien Venancio fue el pionero y sus hijos Amalio y Guzmán continuaron con el oficio de captar la realidad a través de la cámara, la obra reivindica la figura de Gerardo Gombau.
«Posiblemente Gerardo fue el más ilustre de los tres hijos; un músico y pianista de enorme prestigio que desarrolló su carrera en Madrid», señala de la Nava. Así, el documental se transforma en el retrato de una familia con una sensibilidad que va desde el obturador de la cámara hasta las teclas del piano.

El confidente de Unamuno y el pionero del reporterismo
En su propio estudio de la calle Prior, Venancio se codeaba con figuras como Millán Astray, o Sorolla, pero fue con Miguel de Unamuno con quien mantuvo una relación que sobrepasaba la lente. Una amistad de más de 25 años forjada en la cercanía de ser vecinos. » Pasaban muchísimas tardes tomando café, jugando al ajedrez y charlando. Se retroalimentaban el uno al otro», cuenta el director.
Sin embargo, esa comodidad entre la élite intelectual no impidió que Gombau fuera también un pionero del reporterismo de vanguardia. Mientras el imaginario colectivo sitúa a Luis Buñuel como el gran descubridor visual de la dureza de Las Hurdes, Suso de la Nava rescata un dato que cambia la historia: Gombau estuvo allí mucho antes.
«Se adelantó casi 20 años a la visita de Alfonso XIII y al documental de Buñuel», explica de la Nava. Sus viajes de 1906 y 1908 a la comarca extremeña capturaron la miseria y la dignidad de aquellas tierras antes de que el aragonés las convirtiera en un icono del surrealismo documental.
Recta final: de la cámara al montaje
“Espero terminar la próxima semana ya todos los rodajes y meterme en el estudio a configurar la peli”, dice de la Nava. Tras meses de investigación y días de rodaje en Salamanca y ahora en Madrid, el equipo entra ahora en una fase crucial: seis meses de edición y montaje.
«Salamanca es muy cruel con sus ilustres», reflexiona el director al cierre de esta entrevista. Estudio Gombau no busca solo documentar el pasado, sino rescatar una identidad que corría el riesgo de volverse invisible. Para Suso de la Nava, esta película es la oportunidad de que Salamanca salde su deuda con el hombre que, sin pretender hacer historia, acabó guardando el alma de todo un siglo en un negativo de vidrio.
Por. Lara Arias Lordén.
Fotografías. Pablo de la Peña.
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