Hay fuegos que no queman, suspiros que son himnos de alegría, sonrisas con perfume de jazmines. Mirad bien, la mañana es espléndida, la tarde deliciosa y la noche luce de luna llena. Son interminables los leales, la ciudad rebosa de contentos, la existencia es maravillosa. Tierra ancha y diversa, mundo hecho de hombres y mujeres sin malicia. Les digo que la vida es demasiado corta para desperdiciarla con disgustos.
Aunque los hay que te sacan las muelas que les duelen a ellos, te acribillan los oídos con sus frustraciones y arremeten cargados de pesimismo. Son esquivos a la ponderación, sordos a lo reflexivo y por llevarte la contraria se autoexcluyen de lo razonable. Gente que hace difícil lo sencillo, tienen perdida la confianza en sí mismos y recelan de todo lo que está por venir. De los que se han acostumbrado a andar en la oscuridad y por lo claro caminan a tientas.
La verdad, da gusto con quienes ven llover y se alegran porque es lo que hace brotar el fruto de la tierra y no con los que cada vez que oyen tronar piensan en riadas, ahogados y a quien echarle la culpa. Miedo da que se acaben imponiendo los que traen la niebla, sacan los muertos de las sepulturas y, pudiendo, dan de palos a quienes no son de los suyos. Con ganas escribo: ¡Viva la vida, la confianza y la risa! Y ya saben, la vida es para disfrutarla, no para conformarse.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)





















