La experiencia de Santiago Uno

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Santiago Uno.

Fui invitado por José Luis Corzo a Santiago Uno a intervenir en Dejarse preguntar y viví una de las experiencias que más me han impactado. Un grupo de chicos venidos del mundo rural o de barrios marginales habían descubierto en aquellas aulas abiertas al mundo una nueva forma de relacionarse con sus semejantes, directa y sin reserva, aunque el que tuvieran delante fuera el alcalde de su ciudad.

La experiencia pedagógica de Corzo coincidió en el tiempo con la mía en la implantación de los estudios de Logopedia y Psicología del Lenguaje en la Universidad Pontificia de Salamanca. Ambos vivimos el boom de la nueva pedagogía y buscamos fórmulas novedosas para aplicarla. Su paso por la granja-escuela Lorenzo Milani aportó a la Salamanca urbana una mirada diferente, más digna para las personas, especialmente para los jóvenes que querían permanecer en el campo y dedicarse a la ganadería o al cultivo de la tierra. En años en los que el abandono de la agricultura era y es la norma, cuando nuestros pueblos se despueblan y quedan convertidos en geriátricos, Corzo y su gente desde la Granja Escuela Lorenzo Milani remaban contra corriente e inculcaban unos valores que han llenado los campos de Castilla de hombres y mujeres responsables y críticos con la realidad que les ha tocado vivir.

José Luis Corzo se jubiló de la docencia oficial, pero no dejó de impartir cátedra. A las personas como Corzo no se las puede acotar. Su ímpetu personal, dedicando las 24 horas del día a entregarse a los demás, no termina con una edad determinada, por el contrario, como el buen vino mejora con el tiempo.

Corzo ha tenido un buen sucesor en Santiago Uno, Jesús Garrote, un hombre que lo ha dado todo por los desheredados de la tierra y que se mata por defender a los chicos que han tenido una vida difícil desde la cuna. Me parecía que tenía que terminar este capítulo dedicado a los Servicios Sociales con una referencia a personas como Corzo y Garrote, personajes que dignifican al ser humano. Tuve mucha relación con ellos, con Corzo en mi etapa en la alcaldía y con Garrote en mis ocho años de subdelegado del Gobierno en Salamanca, y no tengo más que palabras de agradecimiento por su ejemplo y entrega a los demás.

A veces se me presentaban problemas de difícil solución. Siendo subdelegado del Gobierno recibí a un matrimonio al que conocía, la mujer había asistido a mi consulta en el Centro de Salud de Garrido Norte. Me comentaron su desesperación, un sobrino discapacitado físico, sin brazos ni piernas, estaba en casa sin salir desde hacía años, deprimido, esperando una oportunidad que no llegaba. Habían llamado a muchas puertas y todas se cerraban. Contacté con la ONCE y pudo integrarse, no sin dificultades, en la venta de cupones. La familia le echó una mano y hoy, espero que gracias al esfuerzo de todos, el joven esté feliz con su trabajo, y haya encontrado un sentido a su vida.

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