Lo que debía ser una tarde de celebración familiar en el municipio coruñés de Carballo se transformó, en cuestión de segundos, en una de las mayores tragedias que recuerda la localidad. Este lunes, la comunidad se despide de un niño de apenas dos años que perdió la vida el pasado sábado tras atragantarse con una gominola durante la fiesta del cumpleaños de su madre.
El incidente se produjo alrededor de las 20:30 horas. En medio de la reunión familiar, el menor ingirió una golosina que le bloqueó de inmediato las vías respiratorias. La llamada de auxilio al 112 Galicia movilizó un despliegue masivo y urgente: agentes de la Policía Local, la Guardia Civil y varias dotaciones de emergencias sanitarias, incluyendo una ambulancia de soporte vital avanzado del 061, se personaron en la vivienda en pocos minutos.
Al llegar, los facultativos se encontraron con una escena de extrema tensión. Los sanitarios iniciaron de inmediato las maniobras de reanimación y practicaron la maniobra de Heimlich en un intento desesperado por expulsar el cuerpo extraño. Sin embargo, la naturaleza elástica y adherente de la gominola dificultó enormemente las tareas de liberación de la vía aérea. Pese a que fuentes consultadas indican que se llegó a extraer el objeto, el pequeño ya había entrado en parada cardiorrespiratoria debido al tiempo prolongado de asfixia, y los médicos solo pudieron certificar su fallecimiento en el lugar.
Autopsia y duelo vecinal
El cuerpo del menor fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga) en Santiago de Compostela. El informe forense ratificó este lunes que la causa de la muerte fue una asfixia mecánica por atragantamiento. Tras los trámites judiciales, los restos mortales regresaron a Carballo, donde han sido velados por familiares y amigos en un ambiente de profundo abatimiento.
El sepelio y los oficios religiosos se celebran este lunes, una jornada marcada por el silencio en el municipio. El suceso ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la seguridad de ciertos alimentos y dulces en menores de tres años, debido al elevado riesgo que presentan por su tamaño, forma y textura.



















