El sacerdote diocesano Virgilio Sánchez Marcos murió este jueves, 5 de marzo, en Salamanca, a los 88 años de edad, tras 62 años de ministerio sacerdotal entregado al anuncio del Evangelio y al servicio de los más pobres y enfermos. Su capilla ardiente se encuentra en la Sala Jovellanos de la Casa de la Iglesia y la misa exequial por su eterno descanso se celebrará mañana, viernes 6 de marzo, a las 17:00 horas en la capilla mayor de Calatrava.
Natural de La Tala, donde nació el 19 de octubre de 1937, Virgilio Sánchez se formó en el Colegio María Auxiliadora de Salamanca y en el Seminario diocesano. Se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y fue ordenado presbítero el 14 de abril de 1963.
Un año después de su ordenación, el obispo Francisco Barbado Viejo le envió como misionero a Asunción (Paraguay) a través de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA). Allí ejerció como coadjutor y colaboró como profesor en el Colegio Hispanoamericano, donde desarrolló su ministerio en barrios humildes de la capital paraguaya. Aquella experiencia marcaría profundamente su vocación sacerdotal y su sensibilidad hacia los más vulnerables.
En 1969 regresó a Salamanca como vicario parroquial de Tejares. Vivió en una pequeña casa en el barrio de Chamberí, donde era frecuente verle recorrer las calles en su vespino, siempre cercano a los vecinos, conversando con unos y otros y compartiendo la vida sencilla del barrio. Quienes le conocieron recuerdan a un sacerdote paciente y muy humano, que dedicaba tiempo a escuchar y acompañar a las personas.
Más adelante, en 1983, el obispo Mauro Rubio le encomendó el servicio pastoral en diversas parroquias de la Sierra de Francia, entre ellas Sequeros y San Martín del Castañar, donde trabajó en equipo sacerdotal y en comunión con comunidades de vida consagrada. En 1996 fue destinado a la comarca de Vitigudino, concretamente a las parroquias de Escuernavacas y Moronta.
A lo largo de su vida desempeñó también otras responsabilidades diocesanas, como delegado diocesano de Misiones y miembro del equipo formativo del Seminario diocesano de Salamanca.
Uno de los servicios más significativos de su ministerio fue el que desarrolló durante casi treinta años como capellán del Hospital de Los Montalvos. Allí acompañó espiritualmente a miles de enfermos, familiares y personal sanitario, especialmente en la Unidad de cuidados paliativos, donde era muy apreciado por su cercanía, su serenidad y su capacidad de escucha, sosteniendo con la oración a quienes atravesaban momentos de sufrimiento o duelo.
Virgilio Sánchez pertenecía a la Asociación de Sacerdotes del Prado, inspirada en el carisma del beato Antonio Chevrier, que invita a seguir a Jesucristo desde una vida evangélica sencilla y entregada especialmente a la evangelización de los pobres. Este espíritu marcó también su forma de vivir el sacerdocio y su cercanía a quienes más sufrían.
En sus últimos años ha residido en la Residencia diocesana, donde compartía la vida junto a otros sacerdotes, laicos y laicas, acompañando con su oración la vida pastoral de la diócesis.
Su vida sacerdotal estuvo marcada por esa misión evangélica de llevar la cercanía de Dios a los más necesitados, en sintonía con las palabras del evangelio: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4,18).
La Iglesia diocesana de Salamanca da gracias a Dios por su vida y ministerio y encomienda su alma al Señor.





















1 comentario en «Adiós a Virgilio Sánchez, capellán de Los Montalvos»
Gracias Virgilio que te sea leve la tierra.