Las cosas nunca serán al completo como desearíamos, pero resignarse a que empeoren no se debe. Procede no conformarse y poner ganas en hacer hasta donde se pueda para que algunas se remedien, otras paren y las más desaparezcan. Intentarlo siempre, porque, aunque no se logre del todo, se habrá avanzado en solucionarlas. Ya saben que por larga y oscura que sea la noche el sol siempre vuelve a brillar.
Hoy, por el sufrimiento que asola Gaza, el peligro con que se vive en Ucrania, las devastaciones en Sudán, el conflicto de Irán y montones de autócratas retorciendo la convivencia e imposibilitando la conciliación. Es hora de que la gente corriente contribuyamos a que concluyan, haciendo claramente lo que hay que hacer: oponerse firmes a la barbarie y colaborar insistentes para que se paralicen soberbias, caos y guerras.
Hay motivos de sobra para preferir vivir en paz y seguros, gente suficiente para enfrentarse a estragos y ambiciones, y razones para no desistir de conseguirlo. Por larga y oscura que sea la noche siempre vuelve a brillar el sol. La vida puede ser buena y mala, cordial o violenta. De cada uno depende de qué lado estar. Y ya saben, lo imposible hay que intentarlo también.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)






















