El arte de Alba Saenc para contar la Historia en un minuto

La estudiante del doble grado de Historia e Historia del Arte cuenta con casi un millón de seguidores en redes y convierte la historia en vídeos de un minuto mientras reflexiona sobre el ritmo acelerado de internet, el valor del rigor académico y su deseo de regresar a su pueblo
David Arranz. / ICAL. Alba Saenc, influencer de historia del arte.

Alba Saenc habla de emperadores romanos, de artistas del Renacimiento o de costumbres medievales en vídeos de apenas un minuto. Lo hace mirando a la cámara, con una mezcla de naturalidad, ironía y rigor académico que ha conseguido algo poco habitual: que cientos de miles de jóvenes se detengan en mitad del ruido de las redes sociales para escuchar hablar de Historia.

Vicente Ladislao / ICAL. Tiene poco más de veinte años, estudia el doble grado de Historia e Historia del Arte y acumula cerca de un millón de seguidores entre TikTok e Instagram. En redes se la conoce como Alba Saenc, aunque detrás de ese nombre digital está Alba Sánchez Encinas, una joven de Fuenteguinaldo (Salamanca) que ha convertido su curiosidad por el pasado en una forma de contar el presente.

“Soy una persona muy creativa”, explica al hablar de sí misma. “Y creo que en parte gracias a eso ha salido este proyecto, en el que divulgo sobre historia y arte de una manera cercana, intentando entretener y acercar las humanidades sobre todo a la gente joven”.

Su proyecto empezó casi por casualidad, durante la pandemia, y hoy incluye colaboraciones con instituciones públicas, presencia en medios tradicionales, participación en radio y, desde hace unas semanas, también un libro. Pero detrás del crecimiento hay una mezcla constante de entusiasmo, presión, trabajo silencioso y una reflexión personal cada vez más profunda sobre la vida que quiere llevar.

Porque, paradójicamente, mientras su presencia en internet crece, Alba tiene cada vez más claro que su lugar está lejos del ruido: en el pueblo del que siempre lleva por bandera.

La historia de Alba Saenc en internet empieza en 2020, cuando todavía era una adolescente. Tenía entonces 16 o 17 años y TikTok era un territorio dominado por audios virales, coreografías y humor rápido. Ella decidió hacer algo parecido, pero con personajes históricos. “Intentaba adaptarme a las formas de TikTok de aquella época”, recuerda. “Cogías un audio viral, hacías lipsync y ponías un contexto. Yo lo que hacía era hablar de la vida de personajes históricos que estaban muertos”.

En lugar de contar anécdotas personales, aparecía caracterizada como figuras del pasado. Aquellos vídeos funcionaron, pero durante un tiempo el proyecto quedó en pausa. La universidad, los cambios de rumbo y la búsqueda personal hicieron que las publicaciones fueran menos constantes.

El giro llegó cuando comenzó el doble grado de Historia e Historia del Arte. “Ahí me di cuenta de que tenía muchas cosas que contar”, explica. “Muchas cosas que me gustaría comentar con gente a la que también le interesaran o incluso que fueran su pasión”.

Fue entonces cuando decidió tomárselo en serio. Compró un micrófono, mejoró la calidad de imagen y empezó a guionizar los vídeos con más cuidado, investigando con el mismo método que utilizaba en la universidad: artículos académicos, fuentes científicas y bibliografía especializada.

El formato seguía siendo breve, pero el fondo era cada vez más sólido. “Era como hacer una especie de YouTube adaptado a redes sociales”, resume. Ese cambio marcó el nacimiento real de su proyecto como divulgadora.

El éxito de Alba Saenc tiene mucho que ver con una habilidad poco común: convertir temas complejos en historias breves que se entienden rápido y despiertan curiosidad. No es una tarea sencilla. “Hay que condensar mucha información abstracta y complicada, que normalmente se estudia en grados universitarios, en vídeos de un minuto o dos como máximo”, explica. “Y además hacer que a la gente le guste y que se quede hasta el final”, matiza.

El reto es doble: rigor y entretenimiento. Cada vídeo comienza con una fase invisible para la mayoría de los espectadores: horas de lectura, búsqueda de información y escritura de guion. “Los días más tranquilos son cuando puedo dedicar una mañana entera a buscar información, hacer guiones y grabar”, cuenta.

Después llega la edición, que realiza en los ratos libres que deja una agenda cada vez más llena. Su objetivo es mantener una constancia de al menos cuatro vídeos a la semana, una disciplina que exige tiempo, concentración y una organización casi milimétrica. “Es una vida muy rápida”, admite. “La asocio mucho a lo que llaman la hustle culture, la cultura del ajetreo”. Una dinámica que, con el paso del tiempo, ha empezado a cuestionarse.

Aunque llevaba años publicando contenido, 2025 fue el punto de inflexión en la carrera de Alba Saenc. Fue entonces cuando su comunidad empezó a crecer de forma más acelerada y su trabajo comenzó a recibir reconocimiento fuera de las redes sociales. “Fue el año en el que sentí que estaba llegando a mucha gente”, recuerda. “Empezaron a entrevistarme, a salir en periódicos, a surgir más trabajos y a interesarse instituciones y empresas”.

Uno de los hitos de ese año fue el Premio TikTok España en la categoría de Educación y Cultura, un galardón que reconoce a los creadores de contenido con mayor impacto divulgativo. Para ella fue algo más que un premio. “Lo sentí como el broche de oro después de cinco años creando contenido”, explica. “Al principio nadie te toma en serio o incluso se ríen un poco de lo que haces. Y de repente recibir un reconocimiento así es como una palmadita en la espalda que te dice: lo estás haciendo bien, sigue por aquí”, prosigue.

Ese reconocimiento también confirmó algo que cada vez más creadores culturales están demostrando: que las redes sociales pueden ser un espacio para la divulgación. “Si se usan bien pueden llevarte a sitios que ni te imaginabas”, afirma.

David Arranz. / ICAL. Alba Saenc, influencer de historia del arte.

El crecimiento también trae consigo una responsabilidad. Cada publicación puede ser vista por cientos de miles de personas y, cuando se habla de Historia, el margen de error es mínimo. “Mi mayor miedo es cometer un error en algún vídeo”, reconoce.

Aunque revisa las fuentes y trabaja con rigor académico, no deja de recordar que todavía es estudiante. “Al final sigo aprendiendo”, dice. “Pero si alguna vez pasa, se reconoce el error, se explica y ya está”.

El perfeccionismo añade cierta presión. “No es que agobie, pero sí sientes responsabilidad”. Curiosamente, lo que menos le preocupa ahora son las críticas en redes. “Al principio sí que me afectaban más”, reconoce. “Podía pasar días dándole vueltas. Pero ahora he llegado a un punto en el que me da igual”.

Estudiar Historia no solo ha influido en su contenido. También ha cambiado su forma de mirar el mundo. “Te vuelve más crítica”, explica. “Y también hace que sientas el mundo de una forma más desasosegante”.

La Historia, dice, muestra que muchas cosas que damos por sentadas hoy son relativamente recientes y que el modo de vida contemporáneo no siempre encaja con la naturaleza humana. “Por lo que he estudiado en Prehistoria, el ser humano no está diseñado para el ritmo tan rápido al que vivimos ahora”.

Jornadas llenas de actividades, pantallas constantes y desplazamientos continuos. “Llegas a casa a las nueve de la noche después de un día sin parar y sientes que aun así no has hecho suficiente”, reflexiona. Ese choque entre el pasado y el presente ha despertado en ella una necesidad cada vez mayor de frenar.

La respuesta personal que Alba ha encontrado a esa sensación es sencilla, aunque para muchos resulte inesperada: volver al pueblo. A Fuenteguinaldo. Durante años, como a muchos jóvenes de entornos rurales, la idea de marcharse parecía inevitable. Las ciudades ofrecían oportunidades, movimiento y vida universitaria. Ahora lo ve de otra forma. “Siento mucha calma cuando tengo mi cuartel general en mi pueblo”, explica. Allí puede salir a pasear, respirar aire fresco y trabajar con otra perspectiva. Su trabajo, además, le permite hacerlo. “Soy una privilegiada porque puedo trabajar desde cualquier sitio”.

La tecnología, dice, ha cambiado el significado de vivir en el medio rural. “No creo que volver al pueblo sea un error”, afirma. “Para algunas personas lo será, porque prefieren la ciudad. Pero para otras puede ser justo lo contrario”. En su caso, asegura, ha sido casi una necesidad: “Fue una salvación en un momento en el que me sentía muy abrumada por el estilo de vida que llevaba”.

Volver a Salamanca también ha tenido otro efecto: redescubrir su propio entorno. Durante su estancia en Córdoba, donde cursó parte de la carrera, aprendió mucho sobre el patrimonio andaluz, pero echaba de menos algo. “En cada sitio se barre para casa”, dice.

Al regresar a la Universidad de Salamanca, las referencias a monumentos, personajes y episodios de la zona despertaron de nuevo su curiosidad. Esa inquietud se ha trasladado también a su contenido. Cada vez más vídeos hablan del patrimonio de Castilla y León, de tradiciones locales o de rincones históricos poco conocidos, una forma de reivindicar la riqueza cultural de un territorio que a veces pasa desapercibido incluso para quienes viven en él.

El siguiente paso natural en su trayectoria ha sido el libro. Su primer ensayo divulgativo, ‘¿Te crees muy moderno?’, acaba de publicarse y busca demostrar algo que la Historia repite constantemente: que muchas cosas que creemos nuevas en realidad ya existían hace siglos.

Modas, comportamientos o tendencias sociales. Todo tiene precedentes. La publicación llega en un momento curioso de su vida. “Estoy en tercero de carrera, justo en la mitad”, explica. “No tengo aún el título, pero creo que es un buen momento”.

La primavera, además, le permitirá recorrer librerías y ferias del libro para presentar la obra. Habrá actos en Madrid, Salamanca y también en Fuenteguinaldo, su pueblo. Un regreso simbólico al punto de partida.

A pesar de los premios, el éxito en redes y la publicación de su primer libro, Alba Saenc sigue hablando de su proyecto con cautela. Sabe que las redes sociales cambian rápido y que la estabilidad nunca está garantizada. Por eso insiste en una idea: seguir aprendiendo. “Soy estudiante y sigo formándome”.

También mantiene nuevos proyectos en marcha, como una cuenta dedicada a la historia de las islas británicas dirigida a público angloparlante. De momento avanza poco a poco. “Es algo que acabo de empezar”, admite.

Mientras tanto continúa grabando vídeos, escribiendo guiones y tratando de mantener el equilibrio entre el crecimiento profesional y la vida que quiere llevar. Una vida en la que, paradójicamente, el futuro parece cada vez más ligado al pasado: a la Historia que explica en pantalla y al pueblo al que siempre acaba volviendo.

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