En el restaurante de Carlos Sobera, a veces el primer impacto visual es tan fuerte que no deja espacio para el amor. Es lo que les ocurrió este lunes a Daniel y María, dos solteros con estilos «extremos» que, lejos de atraerse por su originalidad, chocaron antes incluso de sentarse a la mesa.
Un soltero de oro (literalmente)
Daniel, natural de Toledo, hizo una entrada triunfal con un look íntegramente dorado que dejó al propio Sobera boquiabierto. Su pasión por este color le viene de familia —su abuela era apodada «M.A.» por su parecido con el personaje de El Equipo A— y confesó que, pese a las críticas recibidas desde el colegio, compra todo lo que brille. «Tengo hasta chándales dorados», admitió con orgullo.
El choque: «¡Qué escotada vas, hija mía!»
Su cita fue María, una profesora de Sabadell que también entiende la moda como una forma de expresión personal y «extrema». Sin embargo, la sintonía se rompió en el segundo uno. Al verse, el comentario de Daniel sobre el escote de María sentó como un jarro de agua fría a la catalana: «¿Tú de qué vas? No lo conozco de nada y lo primero que me dice es lo del escote…», sentenció ella en privado.
El vestuario siguió siendo el elefante en la habitación durante toda la velada:
- La opinión de ella: María fue clara al confesar que el estilo barroco de Daniel no encajaba, ni de lejos, con lo que busca en una pareja ideal.
- La desconexión: A pesar de que ambos comparten el gusto por vestir de forma llamativa, sus personalidades no terminaron de engranar.
Final esperado: química de amigos, pero nada más
La cena transcurrió con cordialidad, pero sin chispas. Daniel descartó una segunda cita alegando que María no era su prototipo, algo en lo que ella coincidió plenamente: «Es algo mutuo», concluyó la soltera, resumiendo el encuentro como una experiencia donde solo hubo química para una amistad.



















