Opinión

150 euros para el gimnasio cuando la naturaleza es gratis

Ilustración Jesús Ángel Martín.

Como siempre, la campaña electoral se parece a un mercadillo ambulante donde los candidatos vociferan ofertas con un megáfono para atraer votantes a su tenderete. Me ha llamado especialmente la atención la que ha hecho el señor Mañueco: una deducción fiscal de 150 euros en el IRPF por las cuotas del gimnasio que se podrían deducir las familias de cierto poder adquisitivo, porque las que por pobreza les sale la declaración de la renta a devolver no podrían beneficiarse, algo muy en la línea del PP.

Hace unos días Feijóo anunció la promesa de duplicar la deducción en el IRPF por hijo, una medida que puede incentivar la natalidad, pero difícilmente combatir la pobreza infantil, uno de los problemas más graves de España y, por extensión, de Castilla y León si de ella quedan excluidas precisamente las familias más pobres, donde una deducción fiscal es una entelequia. Parece como si para el líder popular el problema no fuera la falta de niños, sino de qué familias proceden. Conviene recordarlo: los niños pobres también pagarán nuestras pensiones mañana.

En esta feria electoral que comienza a parecerse al Black Friday, donde se empiezan a ofrecer productos que la mayoría compra y no usa (es muy alto el número de personas que se apuntan a un gimnasio y tras pagar la cuota abandonan), la medida no es para nada descabellada, ya que es una certeza que el deporte mejora tanto la salud física como la mental, pero excluye a los pobres y se centra en los gimnasios.

Sin embargo, la investigación científica demuestra que el beneficio del deporte para la salud mental es mucho mayor si se practica en espacios abiertos en la naturaleza que en recintos cerrados.

Por ejemplo, un estudio reciente de la Universidad de Copenhague en el que se comparó a personas haciendo el mismo esfuerzo en una cinta de correr en interiores o caminando por un bosque demostró que había una reducción de cortisol (la hormona del estrés) mucho mayor en los que hacían la actividad en el bosque.

El senderismo en Castilla y León, tras la pandemia, ha experimentado un gran auge, al ser conscientes las personas, tras el confinamiento, de la necesidad para el bienestar psicológico de salir al aire libre. Si antes del coronavirus en Salamanca apenas había tres grupos de senderismo, hoy son decenas. Estos grupos funcionan en su mayoría a través de grupos de WhatsApp, por personas que altruistamente organizan una ruta sin recibir remuneración ni una sola subvención por parte de la Junta de Castilla y León para la actividad.

Aparte del bienestar que logran estos organizadores desinteresados en las personas que participan en sus rutas, son una fuente de ingresos para los pueblos de la España vaciada, donde precisamente no hay turismo y, por tanto, los senderos y caminos están en un estado más virgen, que es lo que se busca con este deporte. Esos pueblos para los que los candidatos prometen soluciones contra la despoblación pero sin concretar nunca ninguna.

También quiero reseñar que la prestigiosa revista científica estadounidense Environmental Health Perspectives analizó 31 investigaciones científicas sobre el deporte practicado en áreas verdes urbanas, donde se observaron mejores resultados psicológicos comparados con el ejercicio en interiores: una mejoría mayor en el estado de ánimo, mayor reducción del estrés y una bajada mayor en los niveles de ansiedad y depresión.

Aunque escribo sobre la mejora en la salud mental de practicar el deporte al aire libre donde hay arbolado, pueden imaginárselo fácilmente a nivel pulmonar y de todo el sistema respiratorio.

El propio Alfonso Fernández Mañueco ha declarado que, según sus cálculos, la medida beneficiaría a 300.000 personas. En otras palabras: 45 millones de euros cada año en cuotas de gimnasios.

¿Y si para mejorar la salud de las personas mediante el deporte se invirtiera esos 45 millones de euros al año en mejorar parques y zonas verdes en ciudades, dotarlos de instalaciones deportivas abiertas y arreglar senderos donde la despoblación llega a unos niveles que los hace intransitables?

Aparte de que el dinero iría dirigido a instalaciones públicas que son de todos y no indirectamente a negocios privados, probablemente el impacto en la salud mental de la población sea mucho mejor.

Claro que el deporte es bueno, pero con la naturaleza tan majestuosa que tenemos en Castilla y León seguramente el mejor gimnasio está ahí fuera.

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