En un ejercicio de equilibrio político, Ursula von der Leyen ha comparecido este miércoles ante el pleno del Parlamento Europeo para matizar el giro retórico que el pasado lunes encendió las alarmas en Bruselas. Si hace 48 horas sugería que el orden basado en normas podía ser un «obstáculo», este miércoles ha recuperado el ADN fundacional de la Unión: «La UE se fundó como un proyecto de paz. Nuestro compromiso con el derecho internacional es tan central hoy como el día de nuestra creación», afirmó desde la tribuna.
Una rectificación forzada por la presión interna
Este cambio de tono no es casual. Sus palabras del lunes, en las que cuestionaba el papel de la UE como garante de la legalidad internacional, le valieron duras críticas por «comprar el marco mental» de Donald Trump.
Figuras de peso como el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, y la vicepresidenta de la propia Comisión, Teresa Ribera, marcaron distancias de forma pública. Ribera llegó a calificar el mensaje de su jefa como «peligroso», forzando a la líder alemana a buscar hoy un consenso que calme a una Eurocámara cada vez más exigente.
La factura de la dependencia: 300 millones al día
Más allá de la filosofía política, Von der Leyen puso cifras al impacto directo del conflicto en Irán. Aunque Europa ha diversificado sus fuentes de energía, la realidad del mercado global es implacable:
- Escalada de precios: Desde el inicio de las hostilidades, el gas ha subido un 50% y el petróleo un 27%.
- El coste real: Diez días de guerra se han traducido en una factura adicional de 3.000 millones de euros para los contribuyentes europeos en importaciones de combustibles.
«Ese es el precio de nuestra dependencia», sentenció la presidenta, quien aprovechó para cerrar la puerta a quienes sugieren volver a importar gas ruso para abaratar costes, calificándolo de «error estratégico» que solo aumentaría la debilidad del continente.
Esperanza en Irán y cautela regional
Respecto a la situación política en Teherán, Von der Leyen celebró las imágenes de ciudadanos festejando la caída de Jamenei: «El pueblo iraní merece libertad, dignidad y decidir su propio futuro». No obstante, este optimismo fue matizado rápidamente por los grupos políticos.
Desde el Partido Popular Europeo (PPE), el neerlandés Jeroen Lenaers advirtió de que un cambio de régimen en Irán no está exento de «riesgos significativos», alertando sobre la posibilidad de una guerra regional a gran escala que podría amenazar directamente la seguridad de socios comunitarios como Chipre. Ante este escenario, el PPE se sumó a la petición de contención y protección estricta de la población civil.



















