Hablamos con Pablo Rivero sobre la vulnerabilidad de la infancia, la falsa seguridad de los algoritmos y cómo su formación de actor le ayuda a crear tramas que atrapan al lector desde la primera página.
Con nueve novelas en siete años, Pablo Rivero se ha consolidado como uno de los escritores de thriller del país. Con motivo de la presentación de su nueva obra, La Canguro, el autor madrileño se trasladó a Salamanca para firmar libros en Santos Ochoa. Entre firmas, fotos y confesiones con los admiradores, quedó claro que, aunque sus historias habiten en la inquietud, su conexión con sus lectores es total.
En esta novela, la cotidianidad se vuelve pesadilla. ¿Por qué le interesa tanto ese terror que no viene de fuera, sino de lo que hay dentro de casa?
Escribo sobre novela negra porque me permite combinar las dos cosas que más me gustan: el género de intriga y hablar de lo que yo reconozco. A mí lo que me da miedo es lo que pasa a mi alrededor. Quería salirme un poco de los referentes americanos o nórdicos y trasladar al lector a una historia donde se pueda sentir identificado. Esa cercanía me permite hablar de temas más sociales y cotidianos, haciendo que la novela coja otra dimensión y salga de los estereotipos de la novela negra.
Su protagonista vive prácticamente encerrada en su casa y solo sale por el garaje. ¿Puede ser una metáfora de cómo la obsesión por la perfección o la seguridad anula nuestra libertad?
Sí podría ser. Ella vive en una ‘jaula de cristal’ frente al Retiro, en una casa bonita con una familia aparentemente perfecta. Está buscando, porque el Retiro es el lugar más bucólico de Madrid, un lugar maravilloso, pero cuando ella se fija en los lugares más al fondo ve sus laberintos oscuros donde aflora la maldad. Con la casa pasa igual: bajar al garaje es un poco la caída a los infiernos y ella tiene que esconderse. Y sí es una metáfora, al final la mayoría de las mujeres y los hombres cuando se tienen que quedar en casa, se quedan un poco apartadas.
¿Qué ocurre cuando entra un extraño en nuestras vidas?
Hay algo de esto que es maravilloso, pero claro, cómo me reincorporo y cómo salgo y hago que todo esté perfecto y a lo mejor me he abandonado a mí misma o me han obligado un poco a abandonarme. Al meter a alguien dentro de la casa, la canguro, esas apariencias son más difíciles de mantener. En la convivencia es mucho más difícil engañar. Tienes un testigo y esa bajada a los infiernos se hace más evidente. En la convivencia es más difícil engañar. Ella baja y es un poco su vía de escape, es un poco la manera que tiene de sobrevivir.
La madre confía en alguien con una apariencia impecable en redes sociales. ¿Hasta qué punto el ‘filtro’ de Instagram nos ha robado la intuición para detectar peligros reales ¿Cree que confiamos más en el perfil de Instagram o en nuestro propio instinto?
Una de las cosas que quería dejar clara en el libro es que ella necesita ayuda, pero lo que tiene que pensar el lector es que el peligro puede ser ella misma a sus familiares, que el peligro no tiene que ser solo la canguro. Quería reflejar lo que nos pasa, que es que nos fiamos plenamente dentro de unos consejos de salud, de educación que no se cuestionan. Todo lo que nos dicen en los reels, en los vídeos de las redes, tenemos una confianza ciega.
A veces nos engañan…
Cuando estaba escribiendo el libro, salió una noticia de que determinadas influencers habían anunciado una agencia de viajes que les habían pagado por ello y resulta que luego la agencia era un timo. Hubo muchas denuncias y se hablaba de cuál es la responsabilidad de anunciar algo. Me provocó mucho debate. Al final, yo escribo lo que me da miedo, de lo que no tengo respuesta, por eso quería generar en el lector esa duda constante.

Si tuviera que señalar el peligro número uno para la seguridad de las familias hoy en día, ¿cuál sería?
Yo creo que el peligro dentro de casa. Alrededor de las redes siempre ha habido mucho miedo y cada vez hemos tenido más presente que antes los niños se criaban en las calles. Y ahora es: ‘cuidado con esto’, ‘cuidado con lo otro’. Yo creo que vivimos un poco aterrados y en las redes realmente nunca sabes con quién estás hablando ni lo que se puede estar liando. Hay muchas adicciones, no solo las de las pantallas. Leía noticias de que se hacen adictos al juego, a jugar con las aplicaciones y videojuegos, como las antiguas máquinas tragaperras. Pero ahora estás viendo reels, o estas escribiendo a un amigo, o a alguien que hasta pueden chantajearte con fotos íntimas y demás. Eso es lo peligroso, que ahora desde casa ya puedes abrir la puerta a atrocidades.
Lleva un ritmo frenético de publicación. ¿Cómo saca la energía para habitar lugares tan oscuros con tanta frecuencia?
No se me hace cansado porque disfruto mucho del género. Yo creo que a los que nos gusta la novela negra y pasar miedo y meter miedo… al final yo disfruto mucho de un buen thriller. El género tiene una parte que es muy divertida que tiene que ver, lo que a la mayoría nos gusta, jugar al detective, a averiguar, a saber y a pillar, y todos los giros y demás me gusta mucho. Me encanta la mezcla de hablar de algo muy realista y que te acerque y te reconcilie en determinadas situaciones o momentos, u otros que te emocionen, que te hable y te haga pensar, pero que a la vez estés enganchado y que quieras seguir leyendo y que nada de lo que esperas luego pase, que no te decepciones, todo lo contrario. Creo que al final es muy divertido.
Este año también ha estrenado la película de El Molino ¿Convives en su cabeza con el actor que presta su cuerpo a otros y el escritor que crea mundos desde cero?
Mi formación: estudiaba a la vez periodismo y teatro. Hay algo que siempre me dicen en los libros, que es como: «jo, enganchan mucho, me has roto el bloqueo lector». Creo que tiene que ver mucho con cómo aplico lo que estudié. Al final hay algo de cómo me acerco a los personajes, de intentar romper los clichés, de que sean ambiguos pero que estén llenos de matices, de dar importancia a todos los personajes por igual.
A nivel técnico, ¿aplica herramientas de interpretación para construir la psicología de tus personajes?
Algo que tiene que ver con el análisis de texto, pura técnica, que es este personaje, qué pinta en la situación, en este capítulo qué es lo que quiere conseguir, definir cuál es el obstáculo que tiene. Es definir un poco las reglas del juego para crear las situaciones, que tú como actor las tienes que tener muy claras y para mí escribir me lo facilita mucho.
¿Cómo definiría a sus personajes?
Ricos en matices, porque al final dan posibilidades. Creo que muchas veces no se profundiza para que no te pillen quién es el malo, entre comillas. Hay que darles matices porque en cualquier momento puedes ser cualquiera de ellos. Además, lo que estudié de periodismo, concretar, saber lo que estás contando, cuál es la idea, la sinopsis, cuál es el concepto de este capítulo qué es lo que quiero contar, cuál es el gancho para los oyentes. Si tienes claro eso, por mucho que pierdas al lector para que esté confundido dentro del thriller, tú no te pierdes. El lector se va a enganchar, no se va a diluir o se va a enfriar.
¿Tiene algún ritual así o simplemente le fluyen las ideas?
Encuentro la idea rapidísimo. Normalmente tengo el principio y el final enseguida; si no tengo los giros finales no arranco y si no tengo una serie de temas o de cosas que me lleven a él. Normalmente tiene que ver con cosas que me dan miedo y a partir de ahí digo: claro, pues aquí puedo hablar de esto, de esto. Pues ya se me dispara la imaginación y empiezo a documentarme y a convivir con la historia.
¿Cómo mantiene la historia presente en su vida sin abrumarte?
Convivir es que todo lo que escucho, todo lo que leo y todo lo que veo, normalmente me inspiran. Pero no se trata de copiar, sino de intentar recrear lo que consiguen otros libros en mí. Es como: «me ha encantado que al final…» o que al principio no supiera nada y luego todo… También tengo muy presente lo que no quiero que me pase. Es como: «esto es aburrido» o «esto se está repitiendo» o «esto no me cuenta nada». Estás muy alerta y cómo poder aplicar eso al libro con el que yo convivo.
Al final tomó las decisiones: tengo lo más importante: cómo lo cuentas y desarrollar los personajes. Los finales son lo más importante. Si tengo los giros finales, los puntos de inflexión, los personajes y la trama potente y demás… luego me dejo bastante llevar, como hago con la interpretación. Si lo importante lo tengo claro, luego se trata de jugar y luego corregir, corregir, corregir para pulirlo.
Si tuviera que definir la sensación que quiere dejar en el lector al cerrar La Canguro, pero tiene prohibido usar las palabras «miedo» o «intriga», ¿con cuál se quedarías?
Elegiría shock. Creo que la novela es, ante todo, muy envolvente. Es realista y cercana, lo que hace que te la creas y te atrape, pero tiene ese punto seductor de los referentes de Hitchcock: situaciones con una carga visual muy potente que te fascinan a la vez que te inquietan. Mi objetivo es que el lector se quede pegado a esa atmósfera y no pueda salir de esa casa.
Hay algo de shock al final y luego diría enganche. La Canguro es muy envolvente, muy seductora, muy realista, por lo cual te enganchas porque te lo crees y te parece cercano. Pero a la vez seductora, por todos los referentes, sobre todo Hitchcock, un tipo de cine que es muy muy potente, que te fascina y a la vez te inquieta.
Por. Lara Arias Lordén



















